Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1987/03/16 00:00

¿QUE TAN INTELIGENTE ES SU HIJO?

El 3% de los niños colombianos son superdotados

¿QUE TAN INTELIGENTE ES SU HIJO?

Todos los padres del mundo, con muy pocas excepciones, aspiran secretamente a tener un hijo superdotado, o creen que sus hijos son genios. Pero en la mayoría de los casos esas aspiraciones se basan en una ignorancia absoluta del tema. Tener un hijo superdotado no es, como se cree generalmente, haberse sacado una lotería. Más bien puede llegar a convertirse en una pesadilla, si los padres no descubren el fenómeno a tiempo y no buscan las soluciones apropiadas.

Tanto los niños subnormales como los superdotados forman parte de los que se denominan "excepcionales". Se trata de niños que difieren del término medio en tal medida que sus diferencias justifican algún tipo de enseñanza escolar especial. Es en este sentido que un niño superdotado puede representar para sus padres un problema de magnitud semejante al que constituye un niño subnormal. En una sola palabra, son niños distintos. Se adaptan difícilmente al medio que los rodea y demandan una atención especializada, que en muchas oportunidades se les brinda con mayor frecuencia a los niños retrasados, por ser su caso más sencillamente diagnosticable, que al superdotado cuyas peculiaridades pasan muchas veces inadvertidas durante los años infantiles .

Quiénes son
Frecuentemente se escuchan las quejas de maestros, sicopedagogos y padres de familia en el sentido de que no hay ninguna definición generalizada y reconocida de las dotes mentales superiores. Hasta hace muy poco tiempo, las investigaciones se ciñeron exclusivamente al grado de inteligencia, afirmando que el superdotado debe presentar un cociente intelectual --con base en el test conocido con el nombre de IQ, por las palabras inglesas Intellectual Quotient-- de 180, 150 u otros similares.

Sin embargo, algunos investigadores modernos sostienen que todo niño tiende a ser excepcional. Se habla hoy de que la excepcionalidad no tiene limitaciones rígidas y que todos los niños poseen condiciones especiales. Así, se dice que un niño puede ser incapaz de expresar con fluidez verbal sus ideas, y sin embargo estar muy bien dotado para otros tipos de funciones constructivas y creadoras. O que tenga pocas ideas, pero cada una de ellas original y de alta calidad.

Pero la existencia de niños superiores al promedio no se puede ignorar, como tampoco se puede tapar el sol con la mano. De acuerdo con la pedagoga de la Universidad Nacional, María Elvira Carvajal, "existen niños que exhiben destrezas superiores a las del promedio. Tienen un manejo verbal, lógico y matemático muy desarrollado y hasta se dan genialidades en destrezas de orden físico. Niños que andan y hablan más rápido, y que requieren un tratamiento particular".

Muchas personas se oponen enérgicamente a la identificación de las dotes superiores en los niños, al punto que opinan que identificar a un niño como sobredotado equivale a imponerle una maldición. Otras piensan que el daño no se causa al niño identificado como superdotado, sino a aquellos que, siéndolos, no son identificados. Por otro lado, como dice el sicólogo Gonzalo Arcila, se teme que haya padres que explotan comercialmente al niño, convirtiéndolo en una especie de curiosidad de circo.

Cuando los niños que reúnen esas condiciones especiales no son reconocidos a tiempo, comienzan a presentar bajo rendimiento académico. Se vuelven indisciplinados y reaccionan fuertemente contra la autoridad. William García, un "niño genio" de 14 años, que cursa 3° de bachillerato y que al mismo tiempo acude como asistente a la Facultad de Química de la Universidad del Sur, donde está reputado como el mejor alumno, contó a SEMANA que perdió segundo año de bachillerato al reprobar 7 materias. "A mi me aplicaron la `licuadora' porque yo hacía muchas preguntas que los profesores no podían contestar. Por ejemplo, preguntaba el peso atómico de algún elemento en clase de religión. Además, un profesor amigo me aconsejó que me saliera del colegio porque en tercero me esperaba otro profesor que me tenía bronca". William tuvo que salir del colegio, no sólo por sus malas notas, sino por su total indisciplina. Hoy sus padres han terminado finalmente por aceptar que tienen un niño superdotado (ver recuadro), pero no todos los casos tienen un final feliz.

William es un niño especialmente superdotado. Ello le permitió sobresalir tanto, que era imposible no detectar su genialidad. Su caso llega a la categoría de genio, de los que sólo hay uno en un millón. Sin embargo, el 3% de los niños colombianos pertenece a otra categoría, que sin llegar a la genialidad, están muy por encima del promedio y son los que se conocen con el nombre de niños superdotados. Detectarlos no es siempre sencillo. En la mayoría de los casos pasan inadvertidos para padres y maestros, quienes, al no comprender el fenómeno, los clasifican abusivamente de niños problema.

Miguel de Zubiría, sicólogo javeriano y profesor universitario, considera que los niños superdotados "son como las rosas, requieren un cuidado muy especial para que se desarrollen debidamente. Son sensibles a la falta de afecto y a la deprivación cultural. Sin una atención especial, empiezan a perder su potencial a los 6 años, cuando enfrentados a la incomprensión del medio, frustran su inteligencia. Se automutilan, para nivelarse con el promedio".

Son varias las características que identifican a un niño superdotado. Entre éllas están el lenguaje precoz y versátil, la capacidad de inventar palabras (como si el lenguaje no les fuera suficiente); una memoria excepcional, una gran tenacidad (no se dan fácilmente por vencidos); una gran independencia de criterio, autonomía, son antiautoritarios y, contra la que pudiera pensarse, establecen vínculos de amistad con gran facilidad. Poseen una gran sensibilidad, y sobre todo, un excepcional sentido del humor, aunque en la mayoría de los casos, esta última característica tampoco es fácilmente detectable. Al respecto, Rafael Ernesto Monroy, de 14 años, un niño superdotado interrogado por SEMANA sobre si él creía que tenía sentido del humor, respondió: "No. Yo me la paso haciendo chistes, y nadie se ríe".

Cachorros de genio
Es obvio que las dotes superiores pueden identificarse de la manera más eficaz cuando se pone a los niños en situaciones que requieran una conducta talentosa. Siempre ha habido niños cuyas dotes se han manifestado en forma clara e inequívoca. Isadora Duncan, por ejemplo, a los 7 años comenzó a enseñar profesionalmente sus danzas modernas, únicas en aquel tiempo. Y a los 10, con el permiso de su madre, abandonó la escuela para dedicar todo su tiempo a la enseñanza. Enrico Fermi diseñó motores eléctricos que funcionaban cuando estaba aún en la primaria.
Sin embargo, grandes hombres catalogados como genios en su edad adulta, no dieron muestra de ello en su infancia. Simón Bolívar, por ejemplo, aprendió a leer solamente a los 10 años, y a los 15 sus cartas estaban plagadas de errores de ortografía. El preceptor de los hermanos Tolstoi decía: "El mayor es inteligente pero perezoso. El segundo es trabajador pero no le ayuda su capacidad. Y León no es ni inteligente ni trabajador, y seguramente no podrá ser nada en la vida".

Pero los anteriores no son los únicos casos de hombres y mujeres eminentes cuyos rendimientos, en ciertos períodos de su escolaridad, no fueron buenos. Albert Einstein, Franklin Delano Roosevelt, John F. Kennedy y Winston Churchill son ejemplos de hombres que parecían en su niñez no estar motivados para aprender lo que la escuela les brindaba y sus calificaciones eran regulares. Werner von Braun, célebre investigador espacial, se rajó siempre en el bachillerato en matemáticas y física. El maestro de Thomas Edison consideró que el muchacho era mentalmente torpe, a tal punto que su madre lo tuvo que retirar del colegio y enseñarle ella misma. Edison se sintió estimulado para seguir estudiando e hizo numerosos inventos, aun después de los 80 años.

Todo lo anterior significa que no es fácil distinguir al niño superdotado, porque muchas veces no está motivado para desempeñarse satisfactoriamente y se confunde con los mediocres y lerdos. Pero en cualquier caso, una interpretación errónea de dotes superiores intelectuales, así como su desconocimiento, pueden producir serios problemas de conducta que serán cada vez más difíciles de superar. Esto ocurre principalmente cuando la manifestación de las dotes excepcionales implica tipos de conducta no aprobados socialmente, tales como la agresividad y diversas formas de inconformidad.

No es fácil, en todo caso, encontrarse ante circunstancias como la que contó a SEMANA la señora María Teresa de Forero, madre de Carlos, un niño superdotado de 13 años. "Un día llegué a mi casa y encontré que Carlos había desbaratado el televisor. Mi primera reacción fue cogerlo a correazos".

Otra madre que pidió no ser identificada relató a SEMANA: "A mí me devolvían los dibujos que mi niño hacía en el jardín infantil, corregidos y con malas notas, porque en vez de simplemente colorearlos, les añadía alas a los automóviles para que parecieran aviones. La maestra me llamó y me dijo que era una especie de retrasado mental".

Pero así como es de difícil identificar a los niños superdotados, es de fácil sobreestimar a los niños simplemente inteligentes. Hoy todos los padres tienden a pensar que sus hijos son unos "aviones", simplemente porque disponen de mayor información de la que ellos tuvieron cuando niños. Se puede confundir la desenvoltura y la simpatía de un niño despierto con las dotes excepcionales de un superdotado. Eso lleva al riesgo de presionar excesivamente a un niño normal.


Al respecto, la sicóloga Beatriz de la Vega, ex viceministra de Salud, quien con otras colegas fundara hace 30 años el primer jardín infantil del país, dijo a SEMANA: "Al comienzo yo era soberbia, y cuando me encontraba con un niño inteligente, lo forzaba. Con el tiempo me di cuenta de que eso era un error, porque emocionalmente estos niños no estaban listos para responsabilidades mayores. Estas exigencias excesivas sólo ocasionan que un adolescente de 14 ó 15 años llegue a la universidad a encontrarse con muchachos de 19 y 20, que le llevan una gran distancia emocional ".

¿Nacen o se hacen?
La gran polémica en torno al tema de los niños superdotados es la de en qué proporción influye la herencia en sus inteligencias excepcionales, frente a la influencia del medio en que estas se desarrollan.

Por lo pronto se sabe que lo que se conoce como inteligencia reside en la corteza cerebral. Se trata de un órgano de dimensiones sorprendentemente pequeñas, a tal punto que, más que una corteza, es una membrana. Algunos científicos afirman que la calidad de la inteligencia será mayor mientras más sean las neuronas que compongan la corteza cerebral del individuo, y los neurotransmisores que producen la interacción de las mismas tengan también gran cantidad y calidad.

"Genéticamente hablando --dice el doctor Jaime Bernal, jefe de la División de Genética de la Universidad Javeriana--no se puede afirmar que los niños genios, superdotados o talentosos tengan diferencias con los que no lo son. Antes de que aparecieran las teorías de Mendel, prevalecían en el mundo las del biólogo y antropólogo británico Galton, quien sostenía en obras como `El genio hereditario', que la inteligencia sí se heredaba, tanto del padre como de la madre. Estudios posteriores han demostrado que en la inteligencia concurren multiplicidad de factores. Se ha determinado que los niños se parecen más a la población en la que se desarrollan, que a sus padres. Máximo un 45% de la inteligencia se puede vincular con un factor hereditario. Un 20% a la transmisión cultural, es decir, el genotipo mezclado con el factor ambiental. Y por último un 35% al factor puramente ambiental".

Por su parte, el genetista Emilio Yonis, jefe de Genética de la Universidad Nacional, dice: "Desde el ángulo genético y biológico, la inteligencia es un conjunto de cosas, y no una sola función. Yo creo que se pueden recibir dotación genética y bases biológicas que permiten desarrollar más fácilmente algunas funciones intelectuales. Pero no creo que se reciba dotación para todas. El factor ambiental es decisivo".

Mientras para los niños subdotados existen 438 instituciones especiales en Colombia, para los niños superdotados no existen sino dos. Una en Barranquilla, de alcance muy limitado, pues se trata de aulas especiales que forman parte de la Normal de dicha ciudad. La segunda está apenas en proceso de iniciar operaciones.

Un grupo de jóvenes científicos, encabezados por el sicólogo y pedagogo Miguel de Zubiría, inició hace mas de cinco años una investigación tendiente a descubrir qué tan desarrollado tenían los estudiantes colombianos el pensamiento. Las conclusiones a que llegaron fueron dramáticas. Descubrieron que en Colombia es posible aprobar académicamente el bachillerato, sin necesidad de pensar. Según la investigación, apenas el 6% de los estudiantes tenía el nivel mínimo que el sicólogo Piaget indica como pensamiento normal. Dijo a SEMANA De Zubiría: "Llegamos a la conclusión de que en el país no había relación entre el pensamiento y la educación".

Pero no se quedaron en el diagnóstico. De ese punto a entender que en el caso de los niños superdotados el problema era mucho más agudo, no había sino un paso. "El extremo negativo de la curva de inteligencia de los colombianos, se encontraba debidamente cubierto, mientras que el extremo positivo, es decir, el de los niños superdotados, estaba en la desprotección absoluta".

De ahí surgió la idea de la Fundación Educativa Alberto Merani. A la entrada del edificio que próximamente se convertirá en el primer colegio especializado para superdotados colombianos, hay una Mafalda dibujada en la pared, con una leyenda: "¿Aquí es donde sí desarrollan la inteligencia? ".

Hasta el momento, la Fundación ha recibido 250 solicitudes. Pero claro, entre estas se dan casos típicos, desde los padres convencidos de la genialidad de sus hijos, hasta abuelas que han inscrito a sus cinco nietos a escondidas de los papás.

Para escoger a los que verdaderamente requieren una atención académica especial, los fundadores del instituto aplicarán un procedimiento de examen minucioso que incluirá una entrevista con los padres y los profesores del niño. Si pasan esta prueba de fuego, los niños serán sometidos a dos tests para medir el perfil de su inteligencia. Las condiciones exigidas tienen que ver con cuatro factores fundamentales. En primer lugar, el nivel intelectual, luego la creatividad, la motivación y finalmente la personalidad y el desarrollo ético.

Los niños que finalmente resulten aceptados, se someterán a un currículo totalmente revolucionario en Colombia, en el que no se le enseñarán al niño cosas como cuántos climas tiene Colombia sino qué es el clima; o que el río Magdalena tiene 1.538 kilómetros de longitud, sino qué es un río y qué funciones cumple. En otras palabras, no se limitará la educación a la memorización de datos, sino que quizás por primera vez en la historia a un niño colombiano se le enseñará a pensar. "En vez de enseñarles valores --explica el pedagogo Hans Jacohsen, otro de los fundadores--les enseñaremos a valorar".

Aunque muchos serán los inscritos pero pocos los elegidos, los padres desinflados tienen un consuelo: ser niño normal jamás será un problema.--
¿Y qué piensan los padres de superniños?

·Luis Carlos Avila y Luz Marina de Avila, padres de Alexandra, de 11 años.

Luz Marina: "Yo me siento muy satisfecha con Alexandra. Es más una amiga que una hija. Cuando estaba más chiquita a veces sí me angustiaba un poco, porque yo sabía que cada vez que me preguntaba algo, ella ya sabía la respuesta. Hace poco tuvimos que sacarla del colegio. Era muy indisciplinada. Por ejemplo, las clases de matemáticas estaba saboteándolas. Porque, o ya sabía el tema, a lo cogía en cinco minutos".

Luis Carlos: "La pregunta más difícil que me ha hecho Alexandra fue cuando tenía 5 años, y me preguntó que si Dios existía. Pero preguntas difíciles me hace todos los días. ¿Qué es la deuda externa? ¿Por qué la música de Vivaldi es alegre? Mi relación con ella es una mezcla de angustia y de orgullo, que produce un desequilibrio permanente. La mayor parte de las veces yo no tengo las respuestas que ella espera que yo pueda darle, y eso es muy difícil de manejar en la relación con un hijo".

·Néstor Alfredo García y Carmen Chica de García, padres de William, de catorce años.

Carmen: "Yo empecé a darme cuenta de que William tenía intereses diferentes a los de los demás niños cuando estando muy pequeño pidió el libro `El ascenso del hombre'. A los ocho años pidió un microscopio. Nosotros hicimos el esfuerzo y se lo compramos. Apenas lo recibió se pinchó una mano y se sacó sangre para `analizarla'. Hace poco tiempo investigó y preparó una crema contra el acné para un amigo suyo. Como el menjurje dio resultado, trató de hacer más, pero cambió uno de los ingredientes pues no consiguió el que había usado originalmente. Casi quema la casa. Salvo por eso, me siento muy orgullosa de él, y espero que se haga realidad su deseo de trabajar en la NASA" .

Néstor Alfredo: "Para mi fue difícil adaptarme a tener un hijo con las capacidades de William. Debo confesar que al principio no entendía por qué el niño no rendia en el colegio, si yo lo veía tan despierto. Desde muy pequeño empezó a interesarse por la química, pero por tanto investigar sobre ese tema, no estudiaba en el colegio. Nosotros decidimos esconderle los libros de Química, pero eso no funcionó, se volvió más rebelde. Llegué a pegarle y a castigarlo, hasta que un amigo me hizo caer en cuenta que con eso no sacaba nada, y que lo que debía hacer era apoyarlo. Ahora estoy en el problema de que en el colegio donde estaba perdió el año con siete materias, porque nunca le dieron la atención que merecía. En el que está ahora espero que le vaya mejor, pero yo no les he advertido nada a los profesores para que no vayan a pensar que es por darnoslas".

El test de la genialidad
Para mayor ilustración acerca del tema, SEMANA preparó una serie de preguntas que respondieron dos niños catalogados como superdotados y dos considerados normales. Las preguntas, en su orden, fueron las siguientes: 1.- ¿Qué es la muerte? 2.- ¿Qué personaje le gustaria ser si pudiera escoger? 3.-¿Quién era Caperucita Roja? ¿Qué opina de Superman? 4.-¿Qué ocurriría si la Tierra súbitamente se detuviera?

Niños superdotados

Alexandra Avila, 11 años
1.- Es la terminación, o mejor, la continuación, en otra forma, de lo que uno ha hecho o sido. Yo creo que más bien es la continuación, porque si por ejemplo uno se ha propuesto saber qué hay después de la muerte pues con la muerte puede saber.

2.- Me gustaría ser alguien que pudiera hacer de todo. Arte, matemáticas... es que a mi me gusta lo que es un poco desconocido.

3.- Caperucita era una niña muy traviesa, personaje de un cuento infantil que me parece tierno y real. Ese cuento me gustó mucho porque me parece que se puede aplicar a la vida real. Uno conoce en la vida a personas que uno piensa que son otra cosa, como le pasó a Caperucita con el lobo. ¿Que qué opino de Superman? Bueno, ese es un señor que se pone una pantaloneta encima del pantalón, y después vuela y se pone a salvar gente. A mi Superman me parece tonto...

4.- Yo creo que si la Tierra se detuviera, todo saldría al espacio. Se pararía la gravedad. Ya no habría aire. No estoy segura si también explotaría la Tierra. No he resuelto todavía esa pregunta. . .

William García, 14 años
1.- La muerte es un degeneramiento del ser humano. Este nace, llega a su climax y empieza a decaer, hasta que se muere. Sus funciones empiezan a fallar. Yo creo que el hombre, después de que se muere, se transforma, porque sus átomos pasan al suelo, de donde son recogidos por un animal. Pero no creo en la reencarnación porque hasta ahora no he visto el primer muerto que se levante en forma de otra persona.

2.- Me gustaria ser Max Planck. El fue un científico muy importante que ganó un Premio Nobel por haber descubierto la Constante de Planck, que se aplica en las dualidades particulaonda en electrón. Me gusta más que Einstein, porque aunque este último es más conocido, en su Teoria de la relatividad se basó en Plank.

3.- Caperucita fue una niña que una vez se fue a visitar a su abuelita que estaba enferma. Según dicen, el lobo se informó, y se la comió. Luego un gentil buen hombre mató el lobo y rescató a Caperucita. Yo creo que este cuento tiene moraleja. Caperucita atravesó el bosque para visitar a su abuela por un camino corto pero inseguro. Eso quiere decir que en la vida es mejor coger los caminos largos pero seguros, y no los cortos, pero llenos de maldad.
En cambio a mi Supermán no me gusta. Se han suicidado tantos "sardinos" por creerse supermanes... Esos superhéroes son escapatorias de este mundo, pero a mundos peores, y acomplejan a los "sardinos".

4.- Es una pregunta compleja. Podrían suceder muchas cuestiones. Por ejemplo, no habría cambio en el día ni en la noche. Tal vez por eso habría cataclismos, puesto que la atracción gravitacional varía al girar la Tierra. No habría estaciones. Como el núcleo de la Tierra es casi todo óxido de hierro y cuestiones magnéticas, también podría invertirse el magnetismo terrestre, como dicen que ocurrió cuando desaparecieron de la Tierra los dinosaurios. Además (aunque le advierto que eso de que se pare la Tierra es muy difícil), el tiempo de pronto se detendría. Tal vez... aunque eso no es muy seguro. Y como sin tiempo no hay movimiento, todo quedaría paralizado...

Niños normales

Juana Camila Corral, 11 años

1.- Es como otra vida.
2.- Janeth Jackson.
3.- Caperucita era una niña de un cuento muy famoso, que quiere mucho a su abuelita, enferma, y esta no puede salir. Caperucita le lleva cosas para comer y en el camino se encuentra con el lobo, y le pregunta que qué va hacer, ella le dice que va a visitar a la abuelita y él se va por otro camino para llegar más rápido. Cuando llega, encierra a la abuelita y se pone la ropa de ella, cuando llega Caperucita se da cuenta que es el lobo, y llama a un señor que salva a la abuelita. Y Superman es un personaje de tiras cómicas y de la televisión, pero eso de volar no se puede, es irreal.

4.- Se quedaría el mundo de noche en las partes que estuvieran de noche en ese momento, y de día en las que estuviera de día, el concepto de tiempo se perdería.

Rodrigo Martínez, 14 años
1.- Es el final de la vida... No sé si después de la muerte habrá algo, aunque me parece que más bien no.
2.- El Presidente.
3.- Pues en resumidas cuentas, Caperucita era una niña rebelde que por no obedecer los consejos de los mayores pasó un susto terrible. Y Superman es un ídolo imaginario, pero sería increible poder hacer todo lo que hace él.
4.- Se terminaría el día y la noche, las estaciones, y de pronto se acabaría la vida.

Precocidades que hicieron historia

El más escandaloso, ruidoso y curioso síntoma de genialidad infantil que registra la historia es, quizás, el que dio Sigmund Freud cuando tenía exactamente siete años: un día entró en la habitación de sus padres, se bajó los pantalones y se orinó intencionalmente. Sin perder la paciencia, pero de manera muy contundente, al padre del que sería "el padre del sicoanálisis" le alcanzó la estupefacción para murmurar: "Este chico nunca llegará a nada".

El papá de Freud estaba equivocado, ya se sabe. Tanto como el padre, la institutriz y los maestros de Winston Churchill que a esa misma edad --siete años--se declararon incapaces de gobernarlo y de hacerle entender que estudiar era algo importante para que se librara del augurio que le tenían: será un hombre corto de luces, decían.

Pero los que más equivocados estaban eran los padres de Albert Einstein, el genio de la física, por cuyo futuro no daban ni cinco, a pesar de que cuando tenía doce años ya había dejado constancia de que se proponía resolver los misterios del vasto universo. Para ellos, sin embargo, no fueron suficientes esas señales de lucidez, porque consideraban que el pobre Albert se había demorado tanto en pronunciar sus primeras palabras, que se salvó por poco de ser un subnormal.

En cambio los que nunca dudaron de que se encontraban ante un genio que los sacaría de la pobreza de tenderos norteamericanos, fueron los papás de Thomas Edison. Cuando este tenía diez años le desocuparon el sótano de la casa para que montara allí su primer laboratorio, el punto de arranque de los 1.200 inventos que haría en su vida, entre ellos el más importante, sin duda, el fonógrafo.

Los sicoanalistas, los políticos, los físicos y los inventores no son, sin embargo, las más numerosas muestras de precocidades que registra la historia de niños chiquitos, recopilada por Desmond Morris en su "Libro de las edades". Con Mozart a la cabeza, los músicos forman el más amplio grupo de niños genios en la historia del mundo.

El --Wolfgang Amadeus--, el más brillante y el más precoz de todos tiene un historial conocido y asombroso que arranca a los tres años, edad en la cual ya tocaba clavicordio y memorizaba pasajes musicales enteros con sólo escucharlos una -vez. A los cinco años, el inverosímil niño del Salzburgo ya había compuesto minuetos y otras piezas y su talento era reclamado para giras por varios países de Europa, continente que se inclinó ante su genio descomunal, medido por su obra aplastante: cuando tenía quince años había compuesto 14 sinfonías completas.

Menos conocidos que Mozart, pero también tocados por la varita mágica del genio desde la cuna, fueron el checoslovaco Gustav Mahler y el soviético Sergei Prokofiev. El primero a los cuatro y el segundo a los cinco años, fueron sobresalientes en el campo musical, con arreglos y composiciones hechas en esas edades.

Por razones que algunos estudiosos ubican en la melomanía de las familias de entonces, hay, además de Mozart, Mahler y Prokofiev, un manojo de músicos que alcanzaron la inmortalidad antes de cumplir diez años: Jacques Offenbach, Richard Strauss Federico Chopin, Frank Liszt, Bela Bartok, Johannes Brahms, George Bizet, Félix Mendelssohn y Paganini, forman esa lista de genios antes de los diez, en la cual no clasifica Ludwig van Beethoven, quien a los once años se decidió por ser músico profesional, aunque su debut fue concebido por el empresario con una trampa comercial: se dijo que tenía sólo nueve años .

Pero toda esa era gente hecha y derecha comparada con Jacobo VI. El 24 de julio de 1567, cuando tenía un año y un mes de nacido, subió (¿gateó?) al trono de rey de Escocia en reemplazo de su madre María Estuardo, quien había abdicado, y se convirtió así en el monarca más joven de una historia llena de muchachitos que, a veces por su precocidad, pero casi siempre por legados, han ocupado puestos de poder sin haberse liberado de los pañales.

Ahí está el caso, por primer ejemplo, del gran príncipe de Rusia, dignidad que le fue concedida a los tres años a quien, a partir de los cinco, empezaría a ser conocido por siempre como el nada tierno Iván el Terrible. O el de Kang-Hsi que en 1661, cuando tenía seis años y nueve meses de edad, se convirtió en emperador de la China, en reemplazo de su padre muerto. Y gobernó durante sesenta y un años, cuando murió después de una vida muy usada en el ejercicio del poder y del amor: tuvo tres esposas y con ellas 35 hijos.

De amores y sexos precoces, aunque a veces nada tiernos, está también plagada la historia. El más sorprendente de todos los casos es el de una campesina peruana, nacida en las faldas de los Andes. Tenía 6 años, se llamaba Lina y pesaba 32 kilos. Esa edad, ese peso y ese nombre quedaron escritos en la partida de bautizo firmada por el médico Geraldo Lozado: Lina dio a luz un saudable varón que pesó tres kilos y hasta el sol de hoy nadie se explica por qué esa maternidad tan biche, que la madre de la niña-mamá en 1939 explicaba como producto de un mal de los espíritus. Emile Zola, cuando tenía siete años, recibió un golpe que le hizo odiar para el resto de su vida a los homosexuales: fue violado por un criado de la casa que se llamaba Mustafá. Otra violación, pero muy distinta, fue la que le ocurrió a otro escritor, el inglés Lord George Gordon Byron: cuando tenía nueve años conoció el sexo a través de su institutriz, que era una escocesa muy devota y todo, pero que se deslizaba por las noches en la cama del niño, lo satisfacía e iba más allá: se permitía ponerlo de espectador en largas orgías de ella con otros hombres.

Dante, el más insigne poeta italiano, tenía nueve años cuando conoció a la mujer de su vida. Fue un encuentro desprovisto de sexo, lleno de romanticismo, que unió para siempre a Dante con Beatriz Portinari, a quien le dedicó la mayor parte de su obra poética.

Precocidades con faldas
Hablando de mujeres, entran a la escena Liz Taylor, Nathalie Wood y Shirley Temple, quienes desde muy chiquitas se hicieron ver. La primera tenía tres años cuando actuó por primera vez en el escenario del Royal Command; la segunda cumplía cinco y ya estaba encaramada en una tarima bailando, arte que había aprendido simultáneamente con el de caminar y la tercera apenas había apagado por sexta vez las velas del ponqué de cumpleaños, cuando recibió un Oscar de la Academia de Hollywood.

¿Soprano a los siete años? Sí. Eso fue Adelina Patti, que a esa edad ya daba recitales en Nueva York, en un ambiente lleno de aplausos y luces, muy distinto al que tenía sor Juana Inés de la Cruz, a los ocho años, cuando escribó su primer poema dramático dedicado al Santísimo Sacramento.

Los trece años fueron definitivos para tres mujeres históricas. Juana de Arco, según la historia, comenzó a oír la voz de Dios a esa edad y desde entonces se impuso una férrea disciplina que apuntaba a su misión de expulsar de Francia a los ingleses. Trece años también tenía Ana Frank cuando comenzó a escribir su famoso diario en 1943 y esa misma edad cumplía santa Inés, cuando murió martirizada en el año 304 de nuestra era por haberse negado a contraer matrimonio con el hijo del prefecto de Roma, porque "mi único consorte es Jesucristo".

Un matrimonio espiritual tan temprano lo tuvieron muchos otros personajes de la historia, aunque no propiamente con Jesucristo sino con su arte: Charles Chaplin, a los ocho años, hizo su primer papel en el cine; Auguste Rimbaud empezó a escribir a esa misma edad con tanto talento como afán, ya que a los 20 años había terminado lo mejor de su obra; Wolfgang Goethe, se demoró un poquito más pero se lució: a los diez años escribió su primera obra dramática; Orson Welles, a los once años, montó en el colegio la primera obra teatral que fue una versión suya de un libro de Shakespeare; Auguste Escoffier era un niño raro porque se pasaba la mayor parte del tiempo en un lugar de la casa a donde no van los niños: la cocina. Tenía doce años cuando se metió con la gastronomía y fue llamado "El rey de los chefs y el chef de los reyes". Los catorce años señalaron el comienzo de las prodigiosas carreras de Cristóbal Colón (comenzó a navegar) y de Pablo Picasso (com

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