Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 1990/06/11 00:00

Quien manda a quien

El mundo canino llega a tal sofisticación, que ahora los perros son llevados al psicoveterinario para solucionar sus problemas de comportamiento.

Quien manda a quien

El mejor amigo del hombre se rebela. La "humanización" de las mascotas ha llevado a escenas que parecen extractadas del teatro del absurdo: el perrito faldero que, desafiante y mostrando sus colmillos, obliga a su amo a acceder a todos sus caprichos. Por temor, exceso de cariño, soledad o ignorancia sobre la sicología perruna, muchos propietarios empiezan a perder terreno en la relación con sus mascotas. Al parecer, la sumisión y la lealtad han pasado las cualidades del amo, mientras el mejor amigo del hombre se torna en un verdadero tirano. Una pobre viuda a quien el perro de su ex-marido no le deja arrimar a nadie, un oficinista que no puede salir para el trabajo porque su mascota se lo impide a mordiscos, una desolada ama de casa que cada vez que regresa de la calle encuentra sus muebles destrozados o la solterona cuyo "faldero" ha resuelto orinar a todas las visitas, no son casos extraños.
Cada día, los veterinarios son testigos de insólitas consultas de propietarios cuyos perros les imponen su santa voluntad. Amos al borde de un ataque de nervios que, a la menor reprensión, son mordidos por sus "adoradas" mascotas. El tema ha empezado a ocupar la atención de los especialistas. En Francia, el paraíso de los perros, se ha abierto recientemente un consultorio para problemas de comportamiento canino. A los pocos días de inaugurado el servicio -por iniciativa del Departamento de Animales de Compañía, de la Escuela de Veterinaria de Maisons-Alfort- desconcertados propietarios se agolpaban en la sala de espera: cocker spaniels tan agresivos como un doberman, pequineses sumidos en la depresión, french poodles con ataques de pánico, pastores alemanes agobiados por sus fobias, sin contar con los celos enfermizos de un fox terrier, un pinscher anoréxico, un boxer con obsesión sexual, un san bernardo rebelde o un labrador agresivo. Las hasta hace un tiempo cariñosas y obedientes mascotas ya no son esos fieles compañeros de que hablan los apologistas caninos. Se han convertido en un calvario doméstico.
Patrick Pageat, veterinario especializado en etología y director del centro, señala que, desde que empezó a interesarse por el tema, poco explorado, se ha dado cuenta del desconocimiento que la gente tiene sobre el manejo de sus perros. Se contentan con tratarlos como a un miembro más de la familia, sin darse cuenta que consentirlos y quererlos no significa dejarlos actuar libremente, o, en el peor de los casos, pintarles las uñas, vestirlos como animales de circo y gastar fortunas en sofisticados cuidados. Ante la falta de autoridad, el animal empieza a establecer su dominio en el hogar. "Generalmente -dice-, después de ser mordidos por sus caprichosas mascotas, por no acceder a sus deseos, contemplan orgullosos la nobleza del animal: 'una vez ha entendido su mal comportamiento, coloca su pata sobre mi regazo, como para excusarse.' A los ojos del especialista, este gesto tiene, sin embargo, otro sentido. "No se trata de un simple 'perdón y olvido'. Por el contrario, es su manera de decir 'Yo soy el jefe' Así, mientras el amo conmovido adopta una actitud sumisa, el animal sabe que le ha dado una lección y afianza la efectividad de su agresión".
Luego de años de pregonar las bondades del perro, los especialistas empiezan a ver que esta relación no siempre resulta tan gratificante y satisfactoria. Caprichosos, remilgados y exigentes animales que gruñen si se les ordena bajarse de su silla preferida, que no soportan estar solos, que adquieren insólitas manías o que atacan inexplicablemente a sus propietarios. Con las marcas de los colmillos pintadas en sus brazos y con la tristeza reflejada en sus rostros, cada vez más amos buscan a quien exponer sus quejas. Aunque el problema no es nuevo, si es más frecuente cada día. Es por eso que, en los últimos años, la psicoveterinaria ha entrado en auge. "En la medida que las personas han ido perdiendo el sentido común, requieren más ayuda para establecer una buena relación con su perro", señala Miguel Umaña, especialista en esta ciencia que, además de atender los problemas físicos de los animales, estudia los problemas de comportamiento. "Estos son más frecuentes en la medida que la persona desarrolla con su perro una relación más humana. Un campesino nunca necesitará un especialista porque sus perros no van a actuar en forma diferente de como siempre lo han hecho", señala el veterinario. "En las zonas urbanas, tal vez por la soledad de la vida moderna, el hombre establece una relación más estrecha con su mascota. Y cuando el amo no fija las normas de esta relación, por su misma incapacidad para manejarlo, el animal va aumentando su dominio".
Genéticamente, el perro está condicionado para tener un amo, pero si esta relación de dominio sobre el animal no se establece claramente, empiezan los problemas. Estos se manifiestan principalmente en la conducta agresiva, pero también en comportamientos destructores o en adquirir malos hábitos de limpieza. El adorado y pacífico "Sultán" así como el remilgado "Rififí", que siempre ha sido el dueño y señor de la casa, el día que se le quieran imponer limites -o por un cambio de residencia la ausencia de uno de los miembros de la casa o la presencia de extraños- empezará a destruír los muebles, a orinarse en todos los tapetes o a morder a sus complacientes amos.
La queja más frecuente es la agresividad. "En numerosos casos -dice el especialista Miguel Umaña-, proviene de un problema de jerarquías. El animal necesita saber exactamente cuál es su lugar en el grupo y cuál es su territorio. Si éste no le es señalado con claridad, busca posicionarse como dominante". El veterinario explica que una gran proporción de animales agresivos son muy bien equilibrados. Simplemente responden a un entorno contradictorio. "A falta de órdenes claras, el perro reivindica una alta posición en la jerarquía familiar. El actúa como jefe de manada y sanciona o castiga toda falta de atención o restricción de su libertad". Por otra parte, señala el especialista, el 90% de los problemas de agresividad de los perros obedece a una conducta muy común en nuestro medio: enviar a los perros a un adiestramiento. "Los colombianos, por seguridad y por machismo, prefieren perros agresivos. Pero un mal adiestramiento hace que el animal aprenda a atacar, y pierda su instinto guardián que le indica claramente cuándo hacerlo. Esta nueva programación, que borra su potencial genético, lleva a que la agresión se convierta en un acto reflejo, lo cual no solo afecta la sicología del perro sino que lo convierte en un peligro".
Pero la gran mayoría de los problemas de comportamiento de los perros se origina en la falta de una educación adecuada durante los primeros meses. "Es en esos momentos cuando se establece quién manda a quién. El perro tiene un sentido de dominio que lleva hasta donde se lo permitan". Cuando el amo acepta todos sus caprichos, pierde toda esperanza de ser obedecido. Es entonces cuando se recurre a la psicoterapia. Es decir, a una reeducación. El especialista escudriña el potencial genético del animal, sus hábitos antes de la aparición de esas insólitas conductas y analiza su entorno doméstico. Finalmente, indaga sobre el comportamiento del amo, que es donde está la mayoría de las causas. A través de un entrenamiento especializado se corrigen los malos hábitos no sólo del perro sino del amo. Porque un perro no es otro que el que haga su dueño: un compañero fiel o un déspota tirano.-

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