Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1991/04/15 00:00

¿Quién vive mejor?

Aunque digan que las comparaciones son odiosas, esto es lo que ganan y gastan los ejecutivos gringos, europeos, japoneses y colombianos.

¿Quién vive mejor?

Cualquiera diría que para un ejecutivo japonés la vida es un banquete. También podría pensarse que quien está más cerca del lujo y la gran vida sea un directivo de una compañía con sede en París o Munich. O, alguien que gane 100 mil dólares anuales en una gran corporación neoyorquina. Pero no es así. Según un estudio de la revista Fortune los ejecutivos que mejor nivel de vida tienen en el mundo están en los Estados Unidos. Pero no en Nueva York, San Francisco o Boston, sino en Atlanta, Cleveland, Omaha o Pittsburg.
Sin embargo, los ejecutivos norteamericanos no son los mejor pagados de] mundo. Los ejecutivos alemanes y japoneses ganan más. Pero los americanos pagan menos impuestos y su salario tiene mayor poder adquisitivo. La misma cantidad de dólares -o su equivalente en libras, marcos o yenes- compra 100 por ciento más bienes y servicios en Cleveland que en Osaka, y 50 por ciento más en Atlanta que en Munich o Londres. Según el estudio -que se basó en más de un centenar de encuestas entre ejecutivos en los Estados Unidos, Europa y Japón-, el ejecutivo promedio norteamericano tiene más de todo: mejores casas, rodeadas de grandes jardines, más carros y bienes de confort y más almacenes abiertos para satisfacer sus deseos a cualquier hora. ¿El lado malo? Ellos también sufren de mayor ansiedad, porque tienen necesidad de ahorrar buenas sumas para cubrir los altos costos de la educación universitaria de sus hijos y para poder tener una pensión que les permita mantener ese nivel de vida después de su retiro.
Comparando estas cifras salariales de los países industrializados con las colombianas, salta a la vista que aun los ejecutivos mejor pagados del país distan mucho de pisarles los talones a sus colegas extranjeros. Mientras en Estados Unidos, Japón y Alemania el sueldo de un alto funcionario supera la barrera de los 100 mil dólares, en Colombia, el ejecutivo promedio llega apenas a la quinta parte de esta cifra: 20 mil dólares (un millón de pesos mensuales), aunque ha que tener en cuenta que el tamaño de la empresas que operan en el país es muy inferior al de las compañías americanas europeas y japonesas. Además, también es cierto que el costo de vida es relativamente más bajo en Colombia. En todo caso, resulta interesante comparar el nivel de beneficios y prestaciones que ofrece el mercado internacional de los ejecutivos.
A manera de ejemplo, el ejecutivo que mejor nivel de vida obtiene en el mundo es un directivo de una compañía de Atlanta, que gana 125 mil dólares al año. Con esta suma y en esa ciudad, puede vivir en una majestuosa casa propia de 350 mil dólares -dotada con aire acondicionado central, garajes para los tres carros familiares y una hectárea de jardín ubicada a 40 minutos de su trabajo. Ese lujo no se lo pueden dar un japonés o un alemán que ganan unos miles de dólares más. Aunque no es lo mismo viajar hasta Miami que hasta París para pasar un fin de semana, ser un ejecutivo en una ciudad intermedia norteamericana permite llevar el más opulento estilo de vida que un ejecutivo de su nivel pueda disfrutar en todo el mundo.
Subiendo un poco más en la escala de salarios, Estados Unidos ofrece incomparables recompensas a los altos ejecutivos. Por ejemplo, la opción de compra de acciones, que raramente existe en Alemania y Japón. El estudio mostró que los directivos de compañías norteamericanas con ventas anuales de aproximadamente 250 millones de dólares, ganan un total de 630 mil dólares al año, contra 380 mil dólares en Alemania e incluso menos en Japón, Francia y Gran Bretaña.
En compañías grandes, la brecha entre los sueldos de los presidentes es aun más grande. Jacques Calvet, presidente de la Peugeot, ganó menos de 350 mil dólares el año pasado, a pesar de que, desde 1983, ha llevado a la productora de automóviles francesa a un resurgimiento que ha aumentado el capital de la empresa en más de 12 mil millones de dólares. Calvet no tiene derecho a bonificación alguna y tampoco opción de recibir de acciones. Su sueldo es apenas el 4 por ciento del que tiene el presidente de Chrysler, Lee Iacocca, quien ganó un promedio de 8.2 millones en los últimos tres años.
Si bien es cierto que los ingresos de ingleses, nipones y alemanes superan hoy los del ejecutivo norteamericano, éste no ha perdido puntos. Actualmente, los altos impuestos amenazan el ingreso neto de los mandos medios japoneses y alemanes y, hechas las deducciones, les deja con casi el mismo ingreso disponible que los norteamericanos. Las tarifas del impuesto sobre la renta alcanzan el 53 por ciento en Alemania y el 65 por ciento en Japón, mientras que la tarifa más alta de Norteamérica es de sólo el 31 por ciento. La más baja entre las economías grandes. Pero si a japoneses y europeos el fisco les quita gran parte de su salario, las compañías les dan otro tipo de prerrogativas. En Gran Bretaña, por ejemplo, casi cualquier empleado que gane más de 40 mil dólares anuales tiene a su disposición un carro de la empresa.
Pero hablando de sueldo neto, todavía se compran mucho más bienes y servicios en Estados Unidos y se pagan menos impuestos. Los europeos son penalizados por un alto impuesto a las ventas. Un consumidor alemán paga un 14 por ciento de valor agregado en todo lo que compra, desde un BMW hasta una bicicleta. En comparación, el consumidor gringo, aun en las grandes ciudades, paga del cinco al ocho por ciento. Y en Japón, el impuesto a las ventas es sólo del tres por ciento.
Hablando de costo de vida, los japoneses son los más perjudicados. Mientras una familia en Osaka paga más de 26 dólares por una libra de carne la familia de Atlanta pagará seis veces menos. Pero quizás el factor que más diferencia a los norteamericanos de sus congéneres es el costo de la finca raíz.
Aunque el valor de la vivienda es relativamente alto en los Estados Unidos, el dólar compra mucho más que el marco, la libra o el yen. Solamente un potentado japonés o europeo puede comprar la suntuosa residencia que se compra un ejecutivo de Cincinnati. Por 300 mil dólares éste consigue una casa de cinco habitaciones con un área de 315 metros cuadrados, a menos de una hora del centro. Por esta suma, un habitante de San Francisco compra sólo dos tercios de esa área y uno de Manhattan, apenas una de un tercio del área. Los precios de vivienda en Londres son similares a los de la ciudad de Nueva York. Pero quienes han visto esfumarse sus sueños de comprar una hermosa casa propia son los alemanes y japoneses. Trescientos mil dólares vale en Francfort sólo un lote de 500 metros cuadrados y construir una casa pequeña cuesta otros 350 mil dólares. Pero Alemania es un regalo comparado con Japón. En Tokio, la más pequeña casa en los suburbios cuesta por lo menos 500 mil dólares.
No obstante, las compañías japonesas facilitan las cosas a sus ejecutivos proporcionándoles alojamiento barato. Un joven director de departamento puede vivir seis años virtualmente libre de arriendo en los austeros dormitorios de la compañía. Después, generalmente cuando se casan, los ejecutivos y sus familias pueden estar otros seis años en pequeñas casas de los condominios de la empresa, pagando un arriendo mensual de 150 dólares. Esto les ayuda a ahorrar. Cuando finalmente están listos para convertirse en propietarios, la compañía les ayuda de nuevo con hipotecas subsidiadas.
El dolor de cabeza de los americanos es, sin embargo, el costo de la educación privada. Enviar a sus hijos a la mejor universidad, el mayor sueño del ejecutivo gringo, puede hacer descender varios niveles en su estilo de vida, y no sólo mientras su retoño estudia sino hasta cuando pague todas sus deudas. A pesar del bajo costo de las universidades estatales, el que quiera enviar su hijo a Harvard debe disponer de 21 mil dólares anuales. En Europa y Japón los presupuestos para educación son menores. La más barata es en Alemania, donde es gratuita y lo único que se paga son vivienda y libros. En Gran Bretaña las universidades tampoco cobran matrículas, pero en cambio en la educación primaria y secundaria en los colegios privados es muy costosa. Tener un hijo en la secundaria de Eton puede representar 16 mil dólares anuales. En Japón, la educación es mucho más barata que en los Estados Unidos, aunque no totalmente gratuita como en Alemania.
Enviar a un hijo a la más prestigiosa universidad de Tokio puede costar seis mil dólares anuales, lo que no es mucho para quien se gana más de 100 mil dólares.
Otro aspecto en el cual están sobrados los europeos, o al menos los alemanes, es en la jubilación. Sin tener que aportar ni un centavo, un ejecutivo de Francfort tiene derecho a una pensión equivalente al 50 por ciento del último salario de trabajo, con el beneficio adicional de que su pensión es reajustada anualmente. Los beneficios que se otorgan en Gran Bretaña en esta materia son igualmente altos. En la mayoría de las empresas un ejecutivo que se retira recibe una pensión equivalente al 67 por ciento del último salario. La diferencia en el caso alemán es que el inglés debe contribuir con un cinco por ciento de su salario para los fondos de jubilación.
En Japón el sistema es totalmente diferente. A su retiro los ejecutivos reciben una suma global equivalente a tres o cuatro veces su salario final.
Como esto es insuficiente para continuar viviendo confortablemente, los japoneses tienen que ahorrar durante su vida grandes sumas. Lo que explica entre otras cosas los altos niveles de ahorro que se presentan en Japón. Los americanos también tienen que ahorrar gran parte de su salario para cuando llegue la edad del retiro. Un ejecutivo que permanece 30 años en una compañía, recibe cerca del 49 por ciento de su salario final en pensión y seguridad social, que es casi lo mismo que en Alemania, pero sin el beneficio del reajuste. Y como los americanos no son tan estables como los alemanes, usualmente esa cantidad es menor. Por eso la mayoría tiene que afiliarse a un plan de pensiones, que puede costar seis mil dólares anuales.
Independientemente de las diferencias que se han mencionado, ninguno de los ejecutivos citados tiene oportunidad de acumular una gran fortuna. Como dice un ejecutivo norteamericano:

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