Viernes, 31 de julio de 2015

| 2009/08/08 00:00

Reinventando el dinero

Monedas alternativas y clubes de trueque se están expandiendo rápidamente como respuestas a la crisis financiera global. Su propuesta es ecológica, sostenible y no consumista.

Reinventando el dinero

Son variadas las formas de mantenerse a flote ante la crisis. Los franceses ahora hacen más pequeñas sus baguettes. Los estadounidenses se bajaron de sus 4x4 y volvieron a los carros pequeños para ahorrar gasolina. Las aerolíneas de bajo costo quitaron definitivamente las comidas y algunas proponen, incluso, viajar de pie. Otros, sin embargo, van más allá del simple ahorro y proponen otras formas de circulación del capital: ferias de trueque y sistemas basados en monedas alternativas.

La tendencia es global y toma fuerza con rapidez. Entre los proyectos de trueque más destacados se cuentan el tianguis (mercado) Tlaloc de Ciudad de México, el Mutirao de Trocas Solidarias de Río de Janeiro, el Fureai Kippu en Japón y el proyecto holandés Strohalm. Plantean una alternativa creativa al consumismo desenfrenado y estimulan el intercambio en pequeñas redes locales, como contrapeso a los mercados transnacionales. También tienen un trasfondo ecológico y se basan en el paradigma del desarrollo sostenible. Creen en una economía no competitiva, más humana y solidaria.

Las monedas alternativas no se quedan atrás. Su propuesta consiste en imprimir localmente una moneda que mantenga el capital circulando en la comunidad. Esto protege la producción local y fortalece los lazos sociales. El sistema de dinero alternativo más grande del mundo funciona en el condado de Berkshire, en el estado norteamericano de Massachussets. Sus billetes, los BerkShares, se adquieren en los bancos locales a cambio de dólares, y se usan en infinidad de negocios, desde peluquerías hasta tiendas de alimentos. Desde su invención, en 2006, ha circulado un equivalente a 2,5 millones de dólares en BerkShares en el comercio local.

Otra exitosa experiencia es el Chiemgauer, moneda inventada en el distrito de Chiemgau en Alemania. En mayo circulaba con un equivalente a 370.000 euros y contaba con 3.000 miembros y 600 negocios como restaurantes, panaderías, estaciones de biocombustible y una red de supermercados orgánicos. Existe además una tarjeta débito basada en esta moneda. El Chiemgauer es una de las 16 monedas regionales que han emergido en Alemania y Austria desde el lanzamiento del euro.

Colombia no se queda atrás. Cada fin de semana en algún municipio de Antioquia hay alguna feria de trueque en curso. Se intercambia de todo: ropa, manualidades, alimentos, literatura y hasta masajes. Varias empresas de transporte ya aceptan el Floricambio, la moneda alternativa que facilita el trueque en la zona de Santa Elena. Y una vez al año se organiza el 'triqui trueque', un gran mercado estudiantil que reúne estudiantes de primaria y secundaria de 39 municipios.

"Cada persona es portadora de saberes y habilidades con los que puede ofrecer productos y servicios. Todos los seres humanos tenemos la condición de 'prosumidores', a la vez productores y consumidores. Esa es nuestra riqueza social y desde allí queremos encontrarnos en un mercado que no nos excluya", dice John Jairo Cano, líder de Proyecto Trueke, una iniciativa que lleva 15 años en Antioquia.

La organización colombiana 'Trueque y quinua' montó en 2004 una inmensa feria de trueque en Zipaquirá, en donde alumnos y padres de colegios trocaron libros, uniformes y útiles. "Se intercambió el equivalente a 60 millones de pesos", cuenta Rafael Mantilla, líder del proyecto. El experimento se replicó en Usme y en los barrios San Cristóbal Sur y La Candelaria de Bogotá. También se organizan grandes ferias en Armenia, Pasto, Manizales y Bucaramanga. En Calarcá, Quindío, hay feria cada primer domingo de mes. La red de ecoaldeas de Colombia organiza un mercado anual en el que implementan una moneda alternativa llamada Montaña. Y en Bogotá, el restaurante Minimal y la escuela de yoga Happy Yoga tienen pequeños clubes de trueque de ropa, discos y libros.

Para muchos estas experiencias pueden sonar a experimentos sin sentido y casi ilegales. Pero lo cierto es que las formas alternativas de intercambio tienen una larga historia. Durante la crisis de 1929, la quiebra de muchos bancos en Europa y Estados Unidos generó una gran demanda de efectivo, que fue satisfecha por la creación de varias 'monedas de emergencia' o bonos con los que muchos establecimientos pagaban a sus empleados. Eso mismo sucedió en Argentina en 2002, cuando la provincia de Buenos Aires tuvo que emitir el Patacón, una moneda de emergencia que mantuvo a flote la economía durante muchos meses.

Las monedas alternativas estimulan especialmente las economías marginadas a las que llega poco dinero, pues mantienen el capital circulando entre los productores y los distribuidores del área donde funcionan. Además, fortalecen la lealtad de los clientes hacia los negocios pequeños frente a las grandes cadenas, inmersas en los sistemas monetarios globales. Un reciente estudio de la Fundación New Economics (NEF), un think tank londinense, mostró que el dinero que se gasta en alimentos producidos localmente genera casi el doble de ingresos a la economía de la comunidad, en comparación con lo que ésta recibe cuando los alimentos se compran en cadenas de supermercados.

Sin embargo, no se trata de reemplazar la moneda oficial. De hecho, en la mayoría de estas experiencias se combina el uso de la moneda alternativa con la tradicional. "Hay que entender que el dinero es una convención social y no tiene que ver con asuntos legales. Lo que importa es que sea aceptada por quienes la usan", dice Antonio Hernández Gamarra, ex codirector del Banco de la República. En Estados Unidos es perfectamente legal imprimir dinero, y es una actividad gravable.

En Colombia las monedas alternativas se usan como 'facilitadores de intercambio' en las ferias de trueque. Simplemente ayudan a que los bienes circulen sin necesidad de trueque directo, pues en una sociedad tan compleja como la actual ésta no parece una alternativa viable. Los trueques, además, se plantean como experiencias de intercambio no sólo de objetos, sino de experiencias e historias. Se proponen como ejercicios de integración social y como salidas creativas a la falta de circulación de dinero en tiempos de crisis.

En Argentina la Red Global del Trueque cuenta con 400 clubes que reúnen 40.000 familias y cerca de 300.000 personas. En el último año generó bienes y servicios por 160 millones de dólares. En Venezuela existen 10 sistemas de trueque con moneda propia. En Europa nacieron hace 20 años los Sistemas de Comercio e Intercambio Local (Letc, por su sigla en inglés). Hoy existen Lets desde Francia hasta Costa Rica y de Corea del Sur hasta Suráfrica. Además, hay extensas redes de Internet de intercambio de tiempo, como Kronos o TimeXTime.

¿Hasta dónde se extenderán estos sistemas? Nadie puede saberlo. Los economistas ortodoxos los miran con recelo y algunos los denuncian como ilegales. Los activistas los abrazan como una nueva panacea. Mientras tanto, las experiencias crecen y se multiplican en métodos y lugares. No pasan de ser experimentos relativamente pequeños, pero proponen otra manera de pensar sobre el dinero, el trabajo y los objetos. En el fondo, una manera distinta de concebir la sociedad.

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