Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/07/15 00:00

RELACIONES PELIGROSAS

SON LOS COLOMBIANOS HOY MAS INFIELES QUE ANTES?<BR>LAS MUJERES SON TAN INFIELES COMO LOS HOMBRES?

RELACIONES PELIGROSAS

La infidelidad hace parte ya de la vida cotidiana de los colombianos. Prácticamente la mitad de ellos le han puesto los cuernos a su pareja alguna vez. Así lo confirma una encuesta realizada para SEMANA por Invamer Gallup, en la cual el 47 por ciento de los interrogados admitió haberle sido infiel a su pareja alguna vez en la vida. La proporción es sorprendente, sobre todo si se tiene en cuenta que hace apenas un par de años, según una encuesta de la misma firma, el porcentaje de infieles no llegaba al 30 por ciento. Esto quiere decir que, o bien los colombianos se están volviendo cada vez más sinvergüenzas o que simplemente siempre lo han sido y sólo hasta ahora se están destapando. Sin importar cuál de las dos interpretaciones sea la más acertada, lo cierto es que ninguno de los que confesó haberle puesto los cachos a su compañero o compañera es el primero ni será el último de los infieles de este mundo. La infidelidad es una de las prácticas más antiguas de la humanidad. Ya en el el Antiguo y Nuevo Testamento se condenaban severamente el adulterio y los actos infieles, incluidos los pensamientos lujuriosos. Lo curioso es que, a pesar de que la infidelidad siempre ha existido, el adulterio ha sido a lo largo de la historia uno de los actos más sancionados y castigados, sobre todo para la mujer. En Colombia hasta hace relativamente pocos años el adulterio era un ilícito con consecuencias civiles y penales. El Código Penal de 1936, reformado en 1980, contemplaba que un padre, hermano o esposo que encontrara a su hija, hermana o esposa en adulterio y la matara a ella o a su compañero podía alegar 'legítima defensa del honor' como atenuante significativo de la pena. Pero no sucedía lo mismo si era una mujer quien encontraba al hombre en adulterio. Así mismo, hasta la Ley 1a. de 1976, mientras un solo episodio de infidelidad de la mujer era considerado causal de separación, en el caso del hombre se tenía que demostrar amancebamiento, es decir que el hombre vivía con otra mujer. Hoy no hay ninguna norma que castigue el adulterio como tal. Pero eso no significa que los picaflores estén fuera de peligro. La infidelidad es una causal de divorcio tanto para hombres como para mujeres y si bien hoy la ley es más equitativa y menos drástica frente al tema, el juicio social sobre los infieles continúa siendo implacable y sobre todo con las mujeres. A pesar de ello ellas han incursionado, cada vez con más vehemencia, en el terreno de las relaciones peligrosas. Los hombres siguen siendo los campeones en infidelidad dos de cada tres admiten haber sido infieles, pero a medida que las mujeres han adquirido un mundo propio más allá del de su casa han empezado a competir en serio con los hombres. Mientras que en la encuesta realizada por Invamer Gallup en diciembre de 1994 una de cada siete mujeres admitió ser infiel, en diciembre de 1995 la proporción pasó a una de cada cinco y en la realizada para SEMANA el 12 de junio pasado aumentó a una de cada cuatro (ver encuesta). Para la sicóloga Constanza de Santamaría el aumento de la infidelidad femenina se explica por el hecho de que la mujer, al igual que el hombre, hoy trabaja y tiene una vida más activa fuera de su casa. "Esto le brinda más oportunidades de encuentros y de conocer más gente y todas esas son condiciones que propician la infidelidad", asegura
Pan de cada día
Las cifras de las encuestas, sin embargo, pueden quedarse cortas. Tanto los propios encuestadores como los terapistas de pareja creen que la proporción de infieles puede ser mayor debido a que éstos, y en particular las mujeres, son reacios a confesarse. Los especialistas consideran que hoy, tanto hombres como mujeres, tienen mayores oportunidades de ser infieles. No sólo las relaciones son menos rígidas, sino que además los modelos culturales sobre la infidelidad han ido cambiando influidos, entre otras cosas, por los medios de comunicación, que se han encargado de mostrarla como un comportamiento común y hasta deseable. Aún así, según la sicóloga Marta Lucía Palacios, el colombiano sigue siendo "oficialmente monogámico y extraoficialmente poligámico". Es decir que, mientras sigue aferrado al matrimonio que le representa el sexo decente, la crianza de los hijos y la protección de la vejez, se permite las relaciones extramatrimoniales como una válvula de escape. A pesar de eso hoy en día la infidelidad es, según el abogado Helí Abel Torrado, una de las causales más invocadas en los juzgados a la hora de tramitar un divorcio, y a diferencia de lo que ocurría hace unos años, no son pocos los casos en que son los hombres los que solicitan la separación debido a la infidelidad de sus mujeres.
Los motivos del infiel
Pero, ¿qué es lo que hace al ser humano infiel? Hay quienes sostienen que el hombre, como el 90 por ciento de los animales, es infiel por naturaleza. Pero no todos opinan lo mismo. Para la coordinadora del grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional, Florence Thomas, las relaciones extramatrimoniales son una cuestión netamente cultural. "El hombre sigue el modelo patriarcal, que tiene una larga historia. Las mujeres somos más fieles porque la socialización que tuvimos nos mostró que ser infiel era el peor de los pecados". Sin embargo la opinión de la mayoría de los expertos coincide en que se podrían mencionar tantos motivos para la infidelidad como infieles hay en el mundo, pues cada uno tiene una manera muy diferente de aproximarse a este fenómeno. Para Gabriel, un economista de 40 años, infiel reincidente, "ninguna relación ha sido igual a la otra. A cada una de ellas he llegado por una razón diferente, dependiendo de las circunstancias". Aún así, existen coincidencias. Debajo de todos los disfraces con que los infieles suelen camuflarse -unos son los motivos que se dice a sí mismo el infiel y otros los verdaderos- los especialistas han encontrado que son muchos los que recurren a la infidelidad para compensar una relación marital tediosa (ver encuesta). "Es el caso de las aventuras que se emprenden para obtener algo que el infiel considera básico para su realización personal y está seguro de no poder encontrar en su pareja", dice Alexandra Uribe, una periodista dedicada a investigar el tema. También es frecuente que muchos infieles, la mayoría inconscientemente, recurran a sus amantes como recurso para mejorar el vínculo con sus parejas. Carlos, un abogado de 30 años, asegura que "en ciertos casos una traición hace que la pareja se dé cuenta de sus fallas y busque llenar el vacío que había entre los dos". La experiencia de la sicóloga Nelly de González apunta en la misma dirección. "Cuando el hombre consigue otra -afirma- por lo general la mujer activa su amor y su erotismo para no perderlo. No obstante si es la mujer la que consigue amante, no pasa lo mismo porque en el hombre aparece el síndrome del corneado que, generalmente, empeora la relación". La infidelidad también tiene mucho que ver con el tipo de personalidad del individuo. Los científicos han logrado establecer, por ejemplo, que los donjuanes usualmente sufren de un síndrome de ansiedad grave que tratan de apaciguar con alguna adicción -en este caso las mujeres- y por eso viven en conquista permanente. "Es un individuo seductor pero incapaz de entregarse y de amar a la mujer. Prefiere actuar bajo el efecto de 'banda elástica', es decir, que se acerca y al instante se aleja. Son mentirosos , infieles y compulsivos", dice Nelly de González. Pero no sólo es cuestión de personalidad, la infidelidad también depende mucho de la etapa de la vida en que se encuentre la pareja. Uno de los momentos más peligrosos es cuando cada uno se da cuenta de que la persona con quien se casó es diferente a la que idealizó. "Me case hace un año con uno de esos príncipes azules, de una familia de prestigio, con poder y mucha plata. Pero nada ha sido como me lo imaginaba y aunque nos conocíamos muy bien en el aspecto sexual, es como si todo se hubiera desinflado", confiesa Silvia, publicista de 30 años. También cuando nacen los hijos se incrementan las relaciones extramatrimoniales de los hombres. "Ellos empiezan a percibir a su mujer como madre, entonces prefieren retirarse y buscar una mujer hembra", dice la doctora González. Otra de las pruebas de fuego para la pareja es la etapa del nido vacío, es decir cuando los hijos se van de la casa. Según explica la profesional, muchas parejas descubren que todo lo que tenían en común eran los hijos y ahora que ellos ya no están existe un vacío profundo en la relación. Una de las etapas más interesantes para los terapeutas es la llamada 'diablo de medio día'. Esta se aplica a quienes se casaron muy jóvenes y se encuentran entre los 45 y 50 años. "Hemos advertido que son personas que le tienen miedo a enfrentar la vejez y salen en búsqueda de pasión, vigor y energía en personas más jóvenes", afirma Nelly de González. Quienes llegan a los 40 necesitan más pasión porque en este punto de sus vidas casi nada constituye un reto. Tienen una posición económica estable, los hijos han crecido, poseen un círculo de amigos establecido, han aclarado sus relaciones familiares, se conocen más a sí mismos y han aprendido a aceptarse, pero a pesar de ello están aburridos. "Para ser infiel el hombre que está alrededor de los 40 no necesita tener una mala relación con su mujer. Paradójicamente una buena relación también puede resultar muy aburrida y monótona", dice Alexandra Uribe. Muchas relaciones extramaritales surgen de un espíritu de venganza. "Ese desquite puede ser porque sospecha o se ha enterado de una aventura por parte de su pareja o porque sufre constantemente con un aspecto que no puede cambiar de la relación, como por ejemplo supremacía económica o de poder de uno de los cónyuges", sostiene la periodista. Otras causas, aunque menos comunes, pueden ser la casualidad o la simple curiosidad. Pero sea la causa que fuere lo cierto es que en un porcentaje muy bajo las relaciones de infidelidad se dan por amor (ver encuesta). Varios de los especialistas entrevistados coinciden en que las relaciones infieles son más eróticas que románticas. "Como la relación que se establece no es cotidiana tiende a idealizarse. Entonces el infiel coloca en su amante todas las características que le daría a su ideal de pareja, y en el caso de los hombres terminan diciéndole bruja a la mujer y hada madrina a la amante," conceptúa Nelly de González.
Hombres v.s. mujeres
Aun cuando los motivos para ser infieles aplican de igual manera a hombres y mujeres, existen diferencias marcadas en la manera como cada sexo maneja las relaciones extramatrimoniales. Según la investigadora Lucero Zamudio, es muy frecuente ver que los hombres tengan relaciones extraoficiales permanentes o esporádicas con otra mujer sin romper el vínculo estable, mientras que la mujer es más propensa a separarse e iniciar una convivencia con su amante. Las mujeres también tienden a ser más prudentes con su relación. Por el contrario, el hombre cuando es infiel se pone en evidencia con sus actitudes y con detalles muy simples. "La mujer lo oculta mucho, ella no se vanagloria con la infidelidad, pero el hombre quiere que se sepa y se deja agarrar en su infidelidad porque quiere aparecer como el macho, el que se puede permitir todo", sostiene la especialista Constanza de Santamaría. También es frecuente que la mujer se eche la culpa de la infidelidad de su marido. "Se pregunta en qué falle, qué hice mal. Lo curioso es que el hombre también le echa la culpa de su infidelidad porque dice que consiguió amante porque ella no se comunicaba o porque no tenían sexo", asegura Marta Lucía Palacios. Aunque hace un par de décadas era probable que el hombre echara a la mujer infiel de su casa, hoy las cosas están cambiando. En la consulta los terapeutas han notado que algunos hombres están reflexionando y revisando las causas de la infidelidad de la esposa para continuar la relación.

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