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| 10/30/1995 12:00:00 AM

RELOJES EROTICOS

Una compañía suiza revive la vieja tendencia de utilizar el reloj para mostrar, además de la hora, atrevidas imágenes.

EN MATERIA DE RELOJES, PROBABLEmente a nadie se le escapa que sus orígenes se encuentran a fines del siglo XVIII y que el país con la más importante tradición en ese campo es Suiza. Pero algo que seguramente la mayoría ignora es que, en otras épocas, muchas de estas piezas mecánicas no sólo dieron la hora exacta sino que inspiraron la libido de muchos aristócratas y nobles. El erotismo en la relojería tuvo su cuarto de hora a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Y aunque la historia no cuenta quien inició esta tendencia ni sus razones, lo cierto es que ni siquiera Napoleón y Josefina se libraron de aparecer, en crudas escenas eróticas, grabados en los de bolsillo de la epoca posterior a la caída, de La Bastilla.
Toda la información acerca de estos curiosos accesorios se ha conocido gracias a que la casa Blancpain, con sede en Ginebra, desde hace 12 años comenzó a recopilar todos los datos posibles y recaudó la mayor cantidad de relojes eróticos que sobrevivieron intactos el paso de los años. La idea de los empresarios de hoy es relanzar una nueva línea denominada licenciosa, más moderna pero con los mismos atrevidos grabados de hace más de un siglo.
La idea de la firma fabricante era posicionar esta marca como una de las más exclusivas del mundo. "Lo que se pretendía era hablar de líneas muy exclusivas porque esto ayudaría a jalonar las más comerciales", comentó Juan Pablo Borda, representante de la firma en Colombia.
Pero más que jalonar, lo que lograron fue despertar la curiosidad por estas obras de arte en miniatura y revivir el furor por este particular estilo.

LA HORA DEL AMOR
Según los historiadores del tema; la relojería erótica se desarrolló en el período de la Ilustración. Las imágenes, grabavas en alto relieve y pintadas con esmaltes de color, mostraban a diferentes amantes en toda clase de escenarios y en las más variadas y atrevidas posiciones sexuales. Todas las imágenes, según se ha podido comprobar con piezas de literatura de la época y con reseñas históricas, son una muestra fiel de la cultura de la liberación que se vivió en aquellos tiempos. Las escenas amorosas representadas eran, de hecho, sacadas de ilustraciones de otros artistas y copiadas por miniaturistas expertos en técnicas de esmalte.
Una particularidad de estas piezas era que cuando el dueño del aparato accionaba una palanca los amantes se movían. Pero con la caída del Iluminismo y el surgimiento de la Restauración se complicaron las cosas para los relojes libertinos. Una ordenanza del Concilio de Ginebra, en 1821, no sólo prohibió el uso sino que exigió su destrucción. A quien entregara su reloj a las autoridades, el gobierno le devolvía su peso en oro. Y para aquellos que desacataran las órdenes, las penas eran drásticas. Con estas normas, la producción de estas piezas se hizo muy limitada, hasta el punto que lograron convertir esta industria en una actividad totalmente clandestina. Como consecuencia de la prohibición y en protesta por las restricciones, los artistas y fabricantes se ingeniaron novedosos diseños con los cuales lograban burlar las normas.
Entonces surgieron los compartimientos secretos, que sólo el dueño y el fabricante conocían, en los que se ocultaba la imagen erótica. Otras eran camufladas bajo inocentes paisajes o imágenes corrientes. Sin embargo, con el paso del tiempo, estas curiosas piezas fueron quedando en el olvido y muchos de ellos no pudieron ser recuperados intactos.
Ahora, con el relanzamiento de los relojes eróticos, el auge ha regresado. La firma Blancpain produce entre cinco y 10 cada año, única y exclusivamente por encargo y a un costo de 100.000 dólares. El reloj, que es hecho a mano, requiere el trabajo no sólo del experto en ese campo sino de un miniaturista, cuya labor es la de esculpir la imagen de los amantes en la parte posterior, la cual está protegida por un cristal de zafiro y sus piezas son hechas en oro o en platino.
Una de las características que más ha llamado la atención en este arte erótico es el de armar exóticos mecanismos en un espacio tan pequeño como un reloj de pulsera. El sistema marca el paso de los minutos a través de sonidos de campanitas, pero al mismo tiempo, con el ritmo de éstas, las figuras humanas -que están dispuestas para el acto sexual- comienzan a moverse. "Es el equivalente a hablar de Rolls Royce en autos". explicó Juan Pablo Bórda. Según el representante para Colombia, en Europa se vende la producción total, y asi como en otras épocas, los clientes son personas muy adineradas. En Colombia. más que ventas, los catálogos de los relojes eróticos han despertado una gran curiosidad por conocer más sobre aquella época cuando pedir o dar la hora era un acto muy sensual.
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