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| 1/28/2012 12:00:00 AM

Resultaron sant urrones

Un reciente estudio echó al traste el mito de que los hombres viven pensando en sexo. Estos placeres solo ocuparían su mente una <br><br> vez cada hora, lo mismo que el sueño y la comida.

LA IDEA DE QUE los hombres son máquinas sexuales y solo tienen cabeza para los placeres de la cama está tan arraigada en la sabiduría popular que si alguien busca en Google imágenes bajo la categoría 'cerebro masculino' aparecen toda suerte de dibujos que replican esta idea, desde aquellos que pintan este órgano inundado de figuras haciendo el amor hasta los que ponen la masa cerebral al nivel de los testículos.

Este mito ha sido reforzado por estudios empíricos. Uno de estos trabajos determinó que cada siete segundos a un hombre se le atraviesa por el pensamiento una idea libidinosa, lo que significaría 8.000 pensamientos de este tipo en las 16 horas de vigilia. Esta cifra se cita a diestra y siniestra en sitios web, artículos y charlas cotidianas. Pero lo anterior, según un nuevo estudio científico, sería una exageración producto de estudios mal diseñados, y los hombres, en promedio, pensarían en sexo 19 veces, es decir una o dos veces cada hora, lo mismo que le dedican a otras necesidades biológicas como comer o dormir. Y aunque ellos piensan en esto más que las mujeres, la diferencia no es tan abrumadora como se había calculado anteriormente.

El estudio fue hecho por Terri Fisher, psicóloga de Ohio State University, y publicado en la edición de enero de The Journal of Sex Research. Para el trabajo, Fisher reclutó a 163 mujeres y a 120 hombres universitarios heterosexuales entre 18 y 25 años clasificados en tres grupos, cada uno de los cuales debía medir con un aparato manual -de los que usan las azafatas en los aviones para contar el número de pasajeros a bordo- cuántos pensamientos sobre sexo, comida o sueño se les cruzaban por la cabeza.

Estas últimas variables fueron incluidas solo para esconder de los participantes el verdadero foco de atención del estudio. En esta categoría se incluyeron pensamientos como un encuentro sexual, sexo oral, masturbación, desnudez, fantasías, deseo sexual, juegos previos, recuerdos de encuentros pasados, imágenes eróticas, entre otros.

Al cabo de dos semanas, la investigadora encontró que los hombres, en promedio, pensaban en sexo lo mismo que en comer, es decir, apenas 19 veces al día, 8.000 veces menos de lo que se creía. Las mujeres, a su turno, lo hacían diez veces. "Estos hallazgos pintan una imagen de los hombres diferente a la de la leyenda urbana, que establecía que ellos solo tenían espacio en su mente para el sexo", dijo la autora del trabajo.

Curiosamente, al mirar no solo los promedios sino el rango de las respuestas, se encontró una gran variabilidad entre ambos sexos, pues en los hombres este iba de 1 a 388 y en las mujeres de 1 a 140. Lo interesante de la cifra es que para las mujeres se trata de un rango mucho más amplio de lo que se hubiera esperado. Que una mujer tenga 140 pensamientos lujuriosos al día es, para decir lo menos, sorprendente. Más aún, según Fisher, "no hubo ninguna que reportara cero pensamientos sexuales, lo que quiere decir que ellas también tienen el tema rondando en sus cabezas".

El otro aspecto interesante de este dato es que muestra que hay muchas mujeres que piensan más en sexo que algunos hombres, lo que acaba con la idea de que ellos biológicamente tienen un deseo sexual más potente. Las

diferencias, más que de cada sexo, serían individuales y estarían mediadas por aspectos culturales. Esto se puede deducir de la investigación, pues antes de iniciar el experimento Fisher les preguntó a los participantes cuál era su grado de erotofilia o erotofobia, términos que indican, respectivamente, si una persona se siente a gusto hablando de su sexualidad o si, por el contrario, prefiere el recato.

Resultó que aquellas que tenían un alto nivel de erotofilia también tuvieron más pensamientos sexuales. En el caso de las mujeres pudorosas sucedió lo contrario. Así mismo se indagó su nivel de sensibilidad social, es decir, qué tanta atención le ponen a las convenciones sociales. Esto se hizo para establecer si los participantes estaban dispuestos a mentir para no ser rechazados por el grupo. Fisher halló que las mujeres más conscientes de este aspecto reportaron menos pensamientos sexuales y sobre comida, lo que se explica porque hay cierta prevención social entre ellas a aparecer muy dispuestas tanto para el sexo como para comer desaforadamente. En cambio, no hubo ninguna correlación con el sueño, tal vez porque no existen estereotipos en la sociedad que vean negativamente a una mujer dormilona. Además, la sensibilidad social influenció mucho más el conteo de pensamientos en las mujeres que en los hombres, lo que demuestra el impacto de la cultura en el rol femenino. De ahí que "si usted necesitara escoger solo un aspecto acerca de la persona para predecir si piensa más en el sexo o no, lo más acertado sería ver su nivel de erotofilia y no ver solo si son mujeres u hombres", dice Fisher.

Aunque nadie sabe a ciencia cierta cómo se construyó el estereotipo de que los hombres piensan más en sexo que las mujeres, algunos sugieren que puede ser un remanente de las antiguas sociedades patriarcales o incluso de ideas machistas, que todavía persisten en el mundo. Lo que le llama la atención a Fisher es el deseo de muchos por creer ese mito. "Esta idea le ha dado a los hombres privilegio y estatus. Esto se refleja en estudios científicos en los que ellos tienden a creer que hay cierto prestigio que se deriva de tener una mayor actividad sexual. Por lo tanto, para ellos es interesante perpetuar el estereotipo", le dijo la experta a SEMANA.

El mismo mito ha funcionado contra las mujeres, pues a ellas les genera denigración y señalamientos demostrar que les gusta disfrutar del sexo o tenerlo con varias parejas.

Para el sexólogo Leonardo Romero, sin embargo, el mito no le hace bien a nadie. "A los hombres se les sigue educando para que hundan el acelerador y a las mujeres para que pongan el freno y eso solo ha creado un desencuentro entre los sexos", dijo a esta revista. El experto explica que este tipo de comportamiento hace que los hombres quieran sexo sin erotismo y amor, y que las mujeres quieran amor y erotismo sin sexo, cuando en realidad ambos son estructuralmente muy parecidos en este aspecto y tienen las mismas necesidades. Por supuesto, existen variaciones. "Hay mujeres muy eróticas como hombres muy poco sexuales y no hay nada malo en eso. Con estos estereotipos el problema es que si una mujer se muestra muy erótica se sospecha de ella y lo mismo pasa si el hombre no es muy activo sexualmente", dice Romer.

Fisher cree que estos mitos se refuerzan fácilmente a través de los medios de comunicación y crean problemas, pues "cuando un hombre que solo piensa diez veces al día en sexo escucha que debería pensar en ello 8.000 veces al día puede creer que algo está funcionando mal en él. Y lo mismo sucede con las mujeres", dijo la investigadora.

El estudio es único por su metodología, de ahí el impacto que ha causado en la comunidad científica, pues por primera vez se tendría un conteo más cercano a la realidad. En el trabajo Fisher incluyó una pregunta preliminar sobre cuántos pensamientos sexuales creía cada cual que iba a tener en el día. Esta pregunta era crucial porque se había empleado en los estudios anteriores. Para sorpresa de todos, la diferencia entre lo que cada uno predijo para sexo, comida y sueño frente a lo que realmente contabilizó fue enorme, lo que indica que los estudios anteriores eran débiles y sus resultados errados.

El próximo paso será replicar el trabajo entre hombres y mujeres mayores de 25 años y distinguir entre los tipos de pensamiento libidinosos y la duración de los mismos.

Pero Fisher no quiere que se piense que la nueva cifra que hay que acuñar es 19 para los hombres y diez para las mujeres porque sería caer en el mismo juego de los estereotipos. "Si miramos el estudio, hubo hombres que solo pensaron una vez al día en este tema mientras que otros pensaron más de cien veces", dice. "El mejor mensaje de nuestro estudio es que cada individuo es un universo aparte y no hay razón para que la sociedad crea que los hombres tienen mas pensamientos lujuriosos que las mujeres". n
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