Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/02/02 11:00

¿Resurgen las parteras? Vuelve una tendencia que había desaparecido

Cada vez se oye hablar más de madres que dieron a luz con la ayuda de una partera. Es una tendencia que suscita interrogantes.

Laura y Rodrigo en el jardín de su casa, con Deva, su primogénita. Fue un parto de 12 horas en el que el apoyo de la partera fue crucial. Cuando su obstetra se enteró de que habia dado a luz en casa y sin anestesia le dijo: “mucha macha”. Foto: Guillermo Torres / Semana

“Estás arriesgando tu vida y la de tu bebé”, dijo, muy preocupado, el padre de Laura Álvarez cuando supo que iba a dar a luz a su primogénita en su propia casa. Pero de nada valieron sus argumentos. Desde que quedó embarazada, la directora de Happy Yoga había decidido que su parto fuera una celebración y un ritual: en casa y acompañada de sus seres más cercanos. Este momento tan importante sería tranquilo, sin extraños, sin medicamentos y bajo la supervisión de un especialista. 

Como no encontraron a ningún obstetra, ella y su esposo, el profesor universitario Rodrigo Restrepo, optaron por tener a la bebé con una partera, como en los viejos tiempos. No querían posar de alternativos, sino tener un parto lo más natural posible y presentían que en un hospital no podrían decidir nada. “Allá a las mujeres les toca el paquete ‘Pitocín, epidural y cesárea’”, dice Laura en alusión a un medicamento para acelerar las contracciones, a la anestesia y a la operación de último recurso para sacar el bebé. 

Sus sospechas tenían fundamento, pues en Colombia están disparadas las cesáreas. Si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hasta el 15 por ciento de los partos puede ser por esta vía, en el país sobrepasan el 30 por ciento. Los expertos creen que una tercera parte de los casos se debe a complicaciones como preeclampsia. El resto son programadas por los médicos y las mamás, por comodidad: “Operar implica solo una hora, mientras que un parto puede tomar 12”, señala Juan Diego Villegas, presidente de la Federación Colombiana de Ginecología y Obstetricia.

Laura y Rodrigo conocieron por referencias de amigos que también habían parido en casa a Carolina Zuluaga, fisioterapeuta y partera urbana. Carolina decidió convertirse en comadrona luego de asistir a muchas madres en cursos psicoprofilácticos y de acompañarlas en partos asistidos por Mauricio Espinoza, pionero de esta tendencia en Colombia. Carolina integró a su experiencia los conocimientos de las parteras tradicionales y nunca ha querido estudiar esta labor formalmente, porque cree que desvirtuaría el sentido de su trabajo: “Sería medicalizar el parto y lo que buscamos es que sea más natural”.

La primera conversación con ella fue clave para disipar los temores. No solo les dijo que las complicaciones se podían saber mucho antes del nacimiento, sino que en caso de problemas durante el parto estaban a 20 minutos de un hospital. Además, el embarazo deLaura había sido normal. Carolina les agregó que una de las ventajas del parto vaginal es que “el paso por el canal estimula la respiración del niño”. En ese momento juega un papel crucial la oxitocina, una hormona que no solo se encarga de agrandar la pelvis para que el bebé salga, sino que ayuda al alumbramiento de la placenta y facilita la conexión emocional del bebé y la madre.

Este proceso, según quienes abogan por los partos naturales, se suele interrumpir en los hospitales debido a que la oxitocina es muy tímida. Michel Odent, médico francés y figura clave en la promoción del parto natural en el agua, dice que esa hormona se inhibe ante factores externos como la luz artificial, el frío, el ruido, la presencia de extraños, el estrés. Y como los trabajos de parto suelen ser lentos, en los hospitales la regla es recurrir al Pitocín, que no es otra cosa que oxitocina sintética. 

En el documental Nacer, ganador en el Festival de Cine de Barcelona, el cineasta colombiano Jorge Caballero registra que los hospitales públicos no siempre son el lugar ideal para un parto tranquilo. “La constante es la soledad”, señala. Un informe de la OMS deja claro que muchas veces hasta 16 personas diferentes ven a una mamá primeriza durante su parto y anota que “la presencia de extraños y la soledad causan estrés que interfiere en el proceso ”. Además, la mujer a punto de parir debe moverse constantemente para calmar sus dolores, pero en los hospitales queda inmovilizada. por los monitores. En el libro All Natural, Nathanael Johnson señala que ciertas tecnologías para mejorar el proceso no sirven o incluso lo complican. Es el caso del monitor electrónico fetal, que según estudios clínicos, lejos de salvar más bebés ha causado más incomodidad y generado falsas alarmas que terminan en cesáreas. “En los partos  se ha ignorado esta evidencia”, dice el autor. 

Laura y Rodrigo empezaron los preparativos para el gran día: escoger el lugar de la casa; alistar las hierbas para las infusiones, una ropa especial para la ocasión y toallas blancas. Apenas empezaron las contracciones, Carolina llegó con dos mujeres, una doula y su asistente. La figura de la doula es cada vez más importante en los partos, pues guía a la pareja antes, durante y luego del nacimiento. “La mamá necesita a alguien que le informe lo que pasa, le indique cómo hay que respirar y pujar y sobre todo, le de apoyo emocional”, explica Lina Patiño, una doula  certificada.

En su maletín Carolina llevaba una campana para escuchar los latidos del bebé, una balanza y otros implementos. No es necesario mucho instrumental  porque si la mujer está tranquila y tiene libertad para moverse, el cuerpo se abre física y mentalmente. Los dolores llegaron, pero con la ayuda de la doula y la partera, Laura logró superarlos sin tanto problema. También le hicieron masajes y le dieron infusiones. Podía gritar sin temor, moverse como lo necesitaba en medio de las contracciones, ducharse en medio del proceso y caminar. Rodrigo recuerda que durante la preparación ellas les explicaron lo que iba a suceder y eso los hizo sentirse a cargo de la situación, lo que no habría pasado en el hospital.

Después de 12 horas de trabajo de parto nació la pequeña Deva, saludable y con una vuelta del cordón umbilical. La recibió Rodrigo y la puso en el pecho de la madre mientras la partera la masajeaba en la espalda para sacarle el agua y el moco de sus pulmones. La niña empezó a succionar el pezón inmediatamente, lo cual es crucial para que el cuerpo segregue otra dosis de oxitocina natural, para alumbrar la placenta. “Fue todo muy fácil”, dice Laura. Luego el propio Rodrigo cortó el cordón umbilical, la vistieron y se la dieron a la madre, en cuyos brazos finalmente se durmió.

Este tipo de partos es muy común en Europa y en algunos países de América Latina como Argentina. Nereida Rojas, quien tuvo que trasladarse a Buenos Aires a los siete meses de embarazo, llegó buscando un obstetra y una clínica para tener a su hija. “Cuando el médico me preguntó si ya tenía una partera y si quería tenerlo en la casa, pensé que estaba en un país poco civilizado”, dice.

Otros lo ven al contrario: que ha habido mucha intervención médica en un proceso que debe ser natural. Laura dice que a las mujeres de hoy les dan miedo las contracciones, le temen al dolor y a conectarse con ese aspecto animal necesario para dar a luz un hijo. “Hoy, en los hospitales todo es completamente antinatural y ‘limpio’. Estamos desconectadas de nuestro cuerpo”.

Sin embargo, Villegas señala que aunque en zonas marginadas el parto en casa es la única opción, en las ciudades no debería serlo pues los índices de mortalidad y morbilidad siguen siendo altos debido a que las mujeres no acuden a los servicios de salud antes del alumbramiento. “Sería irresponsable decir que un parto en casa y con partera es lo mejor”. Agrega que una cosa es una familia con recursos económicos, que ha cumplido los controles, y otra muy diferente una mujer de  de estratos bajos que no busca control prenatal.

En fin, no se trata de decir que el parto en casa sea más saludable que en el hospital. Como dice Laura, lo ideal es que las mujeres tengan más opciones, porque dar a luz es un asunto suyo y de nadie más. Y en ese sentido, ellas deberían poner las condiciones. 

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