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| 8/3/1987 12:00:00 AM

ROMANCE LIBRE DE CONTAGIO

Club para socios sin SIDA se abre en Nueva York

Definitivamente el SIDA ha dado para todo, y no podía faltar quien lo utilizara como disculpa para hacer el negocio del año.
En Nueva York acaba de inaugurarse un club para solteros que exige a los socios una prueba semestral, que compruebe que están exentos de la temible enfermedad. Se trata del Ampersand Club, fundado y dirigido por Gail Sheffler, una ex creativa de publicidad de la agencia Ogilvy & Mather.
Los aspirantes, al presentar la imprescindible prueba, no sólo de muestran su buen estado de salud, si no que además se declaran aptos para la ola de coqueteo que se producirá con su ingreso. El mismo folleto que promueve la institución advierte, de entrada, que se persigue establecer "un lugar donde el idilio deja de ser peligroso". Y la cuota para el romance libre de contagio es de 600 dólares (unos cuarenta mil pesos) por seis meses, al cabo de los cuales el socio está comprometido a presentar una prueba médica igual a la inicial, la cual solamente puede expedirla uno de los laboratorios acreditados por el club.
"Estamos abiertos hasta tarde", reza el folleto, "así que puedes entrar, tomarte una copa de vino o una cerveza, relajarte, hojear los libros en nuestra biblioteca y usar los videos de los demás miembros con tranquili dad". Un ambiente decididamente in formal, abierto al diálogo y a cualquier otra cosa, sin que al socio le dé vueltas en la cabeza la idea de ser contagiado. Sin embargo la institución se cura en salud y advierte muy clarito que no pueden garantizar que los miembros no contraerán el virus durante el tiempo de su permanencia en el club, entre examen y examen.
La idea ha pegado entre los neoyorquinos. En poco más de un mes han llegado 260 solicitudes de ingreso.
Se ofrecen nuevas instalaciones y contactos, y un descuento del 35 por ciento, además de una deducción de impuestos, ya que el cinco por ciento de la cuota de entrada es destinada para ayudar al sostenimiento de la Fundación Americana para la Investigación del SIDA. Definitivamente, Sheffler pensó cada detalle. Tampoco escapó de su proyecto la organización de bailes, excursiones y todo tipo de eventos sociales, para hacer más fácil el "flechazo libre de riesgo" que promete el club.
El único "pero" que ha encontrado el Ampersand Club, hasta el momento, es una queja de la Comisión de Derechos Humanos de Nueva York, por medio de la cual se los acusa de violar los más elementales derechos del ciudadano, el exigir el test antiSIDA como condición previa para el ingreso. Es cierto que la queja de la Comisión parecería sin fundamento, como lo demostró una encuesta realizada por la institución pocos días antes de abrir sus puertas al público, pero lo que ocurre es que la creación del club desató una polémica que venía gestándose en el norteño Estado.
Los abogados de los grupos pro derechos civiles y de homosexuales se habían encargado antes de fustigar una propuesta de las compañías aseguradoras para exigir el mismo test a personas naturales que quisieran afiliarse a los servicios de protección de la salud y seguros de vida. La protesta llegó tan lejos, que el gobernador del Estádo de Nueva York, Mario Cuomo, se vio en lá necesidad de emitir un nuevo reglamento según el cual a los solicitantes de servicios de salud no se les podía exigir el controvertido análisis de sangre que delata la presencia del virus del SIDA. Ganaron, pues, los abogados de las asociaciones de homosexuales. Falta ver si logran cambiar los estatutos del Ampersand Club, que es de carácter privado.
Por lo pronto, la directora del club se defiende diciendo que la vida en Nueva York era muy atractiva para los solteros antes de la aparición del mal del siglo, y que ella simplemente pretende volver un poco a ese estado de ensueño donde el amor no estaba contagiado de temores.
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