Domingo, 22 de enero de 2017

| 2003/06/01 00:00

Rumbo a Marte

La Agencia Espacial Europea lanzó la misión Mars Express, con la que pretende encontrar pruebas de vida en Marte y tomarle ventaja a la Nasa en la conquista del planeta rojo.

En 1998 pocos europeos sabían que era la ESA. En una encuesta realizada por la Agencia Espacial Europea (ESA) para medir el grado de reconocimiento de la institución en el Viejo Continente se encontró que 54 por ciento de los entrevistados sabían qué era la Nasa -la agencia espacial estadounidense- pero sólo 10 por ciento estaban enterados de que Europa tenía su propio centro de investigación y exploración espacial.

Cinco años después las cosas han cambiado y si todo sale bien la historia será otra a partir del 2 de junio, cuando la ESA lance el Mars Express, la primera misión planetaria de ese continente. "Europa tiene una gran tradición aeronáutica y con el nuevo orden mundial le ha tocado ponerse las pilas. Los europeos se están uniendo para realizar sus propias misiones y no depender de los norteamericanos, por lo cual están invirtiendo recursos en la carrera espacial", señala José Gregorio Portilla, director del programa de currículo del observatorio astronómico de la Universidad Nacional, quien ve con buenos ojos la iniciativa a pesar de lo riesgosa. El balance histórico de la exploración a Marte deja un margen de éxito bastante modesto: sólo 30 por ciento de las misiones han llegado a feliz término.

Lo anterior pone en evidencia que esta aventura es de tintes épicos pues, con un presupuesto que no alcanza la quinta parte del que tiene la Nasa, la agencia europea pretende encontrar respuestas a varios interrogantes. ¿Qué fuerzas crearon el fantástico relieve marciano?, ¿Marte fue alguna vez un planeta cálido y húmedo?, ¿qué pasó con la atmósfera?, ¿existió vida en el planeta rojo?

Los europeos creen que es posible obtener toda esa información con el Mars Express, una económica nave de 150 millones de euros (precios de 1996) que contrastan con los 265 millones de dólares que costó el Mars Pathfinder, la misión norteamericana de 1997.

El abaratamiento de los costos tiene una razón muy sencilla. A diferencia de otras misiones, los instrumentos del Mars Express son reciclados ya que muchos fueron diseñados inicialmente para la sonda espacial rusa Mars 96, que se incineró cuatro horas después de su lanzamiento el 16 de noviembre de 1996. La pérdida de la nave supuso un duro golpe para la carrera espacial europea, sobre todo la rusa, que en 35 años de trayectoria nunca ha concretado una misión exitosa al planeta rojo. Pero los científicos no se desanimaron con el destino trágico de la sonda y emprendieron una carrera contra el reloj para construir y probar una nueva nave que estuviera lista para ser lanzada en los primeros días de junio de 2003 y aprovechar esta ventana en la que la posición de los dos planetas hace que la ruta sea más corta. Esta condición sólo se presenta cada 26 meses.

De ahí que la ESA haya bautizado a su nave con el nombre Mars Express, pues es la primera vez en la historia de la aeronáutica que se construye una nave de semejantes características en tan corto tiempo.

Los pasajeros son una serie de instrumentos que, siguiendo el espíritu comunitario europeo, fueron diseñados en distintos países. El Marsis, desarrollado en la Universidad La Sapienza en Roma (Italia), es un radar diseñado para estudiar el subsuelo y permitirá medir la composición de la corteza marciana y determinar la presencia de sedimentos, dunas de arena, flujos de lava y la existencia de reservas subterráneas de agua. La Hrcs es una cámara de alta resolución capaz de tomar fotos a color y en tercera dimensión de la superficie de Marte y fue fabricada por la Free University de Berlín (Alemania). El espectrómetro Omega, diseñado en el Instituto de Astrofísica Espacial de Orsay (Francia), servirá para levantar un mapa de la superficie e identificar minerales mientras que el espectrómetro Spicam, también de origen francés, medirá los niveles de ozono y vapor de agua en la atmósfera.

El Aspera, ideado por el Instituto Sueco de Física Espacial, es un analizador de átomos que identificará iones y electrones en la atmósfera para averiguar el número de átomos de hidrógeno y oxígeno que están en interacción con el viento solar.

Pero sin duda el mayor encanto es el Beagle 2, la prueba de descenso o lander británico, que se posará en suelo marciano en busca de algún rastro de vida microbiana. Esta es la segunda vez desde las expediciones Viking I y II de la Nasa en los años 70 en la que se realizará una misión enfocada en la exobiología.

El Beagle 2, llamado así en honor al barco en el que viajó Charles Darwin, tiene sensores para examinar gases, radiación, polvo y cuenta, además, con una sonda que puede introducirse en el suelo hasta una profundidad cercana a los dos metros y extraer muestras que no hayan sido contaminadas y que tal vez contengan el secreto de la vida. El gran inconveniente es que no podrá movilizarse y tendrá que conformarse con las muestras que recolecte en el lugar en el que aterrice, lo cual supone un gran riesgo porque nada garantiza que en ese punto específico esté la prueba reina.

Desde que en 1996 la Nasa revelara que el meteorito ALH 84001, originario de Marte y que cayó en la Antártida hace 16 millones de años, contenía lo que al parecer eran signos de bacterias fosilizadas, los investigadores se han obsesionado con la idea de encontrar pruebas que demuestren la existencia de vida en otro lugar del universo aparte de la Tierra. Los escépticos aseguran que los fósiles del meteorito no son marcianos sino que en realidad se trata de microorganismos terrestres que contaminaron la roca. Ahí radica la importancia de la misión del Beagle 2: encontrar pruebas que demuestren que no hubo manipulación terrícola y que, efectivamente, hace millones de años hubo vida en Marte.

Como era de esperarse, los norteamericanos no van a quedarse con los brazos cruzados mientras los europeos se lanzan a la conquista del espacio y ya tienen listo su contraataque. Este año la Nasa piensa enviar dos rovers que buscarán rocas sedimentarias y se espera que para 2007 sea posible enviar el primer laboratorio móvil y que en 2009 lleguen a la Tierra las primeras muestras de suelo marciano.

Esta es sin dudas la década de Marte y, si nada extraordinario ocurre, es probable que para esta Navidad el Mars Express haya entrado en órbita dispuesto a develar nuevos secretos del misterioso planeta rojo.

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