Lunes, 15 de septiembre de 2014

| 2012/12/22 00:00

Salud: Se vive más pero mal

Un reciente estudio, el más extenso hasta hoy, muestra que la expectativa de vida ha aumentado en el mundo gracias a mejoras en la sanidad. Pero se han disparado las enfermedades crónicas que afectan la calidad de vida.

Cada año extra de vida viene con diez semanas de incapacidad por problemas de salud

Si los 7.000 millones de seres humanos que viven hoy en la Tierra fueran al médico el diagnóstico general sería el siguiente: el paciente goza de mejor salud que antes, lo más probable es que viva hasta viejo y muera de una enfermedad crónica. En 1990 solo 33 por ciento de quienes fallecían tenían más de70 años. Hoy 43 de cada cien fallecidos superan esa edad. Las muertes en la infancia se han reducido a la mitad de hace 20 años, gracias a un descenso marcado en la malnutrición y al control de las enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la diarrea y el sarampión. El promedio de edad al momento de la muerte pasó de 59 años a 70. En algunos países como Bangladesh y Perú esta medición aumentó más de 20 años.

El anterior dictamen es el mensaje positivo del informe Global Burden of Disease, un pretencioso trabajo realizado en cinco años, patrocinado por la Fundación Bill y Melinda Gates, en el que participaron 486 investigadores de más de 300 instituciones en 50 países. Se trata de la mirada más detallada a la salud de la población global que se haya hecho jamás. Analizó 235 causas de muerte en 187 países, incluidas el Sida, el alcoholismo, y las mordeduras de animales, y observó los efectos de 67 factores de riesgo que puede causar enfermedades, entre ellos la falta de fruta en la dieta o el abuso sexual infantil. Los cálculos se hicieron en dos momentos, 1990 y 2010. Por lo tanto, el trabajo revela los cambios que ha sufrido la salud de los pueblos del mundo en dos décadas y pronostica el curso de las tendencias en este campo.


El trabajo fue dado a conocer en Londres la semana pasada y se complementó con la publicación de una serie de artículos en la revista The Lancet, que a medida que son analizados siguen produciendo noticias. Para Richard Horton, editor de este magazín científico, lo más destacado del trabajo es que ha habido un gran progreso en la salud de la población y la prueba reina es que la gente, tanto hombres como mujeres, están viviendo más. Además, “las infecciones se están controlando y se están previniendo muertes prematuras por enfermedad coronaria y cáncer en algunas partes del mundo”, señala Horton en el editorial que acompaña esa edición. “La inversión hecha en la salud infantil está dando frutos”, dice Alan López, de la Universidad de Queensland, uno de los líderes del proyecto. Parte de ese esfuerzo se traduce en vacunas, suplementos vitamínicos, antibióticos e insecticidas en zonas de malaria.

Una excepción en el tema de las infecciones es el Sida, que hasta 1990 no tenía tratamiento por lo que las muertes por dicha causa aumentaron 390 por ciento, aunque ahora, con los medicamentos retrovirales, estos índices empiezan a bajar. Según Michel Sidibé, director ejecutivo de Onusida, el estudio confirma que el Sida hace parte de las enfermedades que aún impactan a la sociedad en términos de incapacidad, enfermedad y muerte. “El estudio muestra que no es un asunto terminado”, dice el funcionario.

La otra gran excepción es la malaria cuyas muertes aumentaron 20 por ciento en el periodo estudiado, aunque así como con el Sida, dichos índices también han empezado a disminuir en los últimos años.

Este panorama optimista, sin embargo, se ve ensombrecido porque están aumentando los males crónicos no transmisibles, como la enfermedad coronaria, la diabetes y el cáncer, en parte como consecuencia de la misma prolongación de la vida. Y la tendencia es a que sigan creciendo pues se calcula que poco después de 2015, por primera vez en la historia, habrá más gente mayor de 65 años que menor de cinco. Para complicar las cosas, los patrones de enfermedades en los países en vías de desarrollo se están pareciendo a los de los industrializados. El cáncer, por ejemplo, es responsable de dos de cada tres muertes en 2010, 38 por ciento más que en 1990, y la diabetes cobró el doble de vidas en 2010 de las que causó hace 20 años.

Aún más, el reporte indica que por primera vez en el mundo el sobrepeso, producto de comer demasiado, es un problema más grave que la falta de comida. El mal de Alzheimer y el mal de Parkinson van en aumento. Y en general, las personas viven con enfermedades que no las matan pero que sí afectan su salud y que requieren de constante tratamiento. El trabajo indica que cada año de aumento en la expectativa de vida trajo 42 semanas saludables; el resto es tiempo con un estado de salud desmejorado que incluye dolor, inmovilización, diálisis o incapacidad mental. “Más gente pasará ese tiempo extra de sus vida con enfermedades”, dice Horton.

Según Christopher Murray, epidemiólogo de la Universidad de Washington y coordinador de los estudios junto con López, las enfermedades no transmisibles representan una carga mayor para la sociedad. Al analizar los Años de Vida ajustados por Discapacidad o Avad, una medición que combina los años de vida perdidos y los años que se viven sin buena salud, se pudo establecer que en 1990 estas enfermedades generaban 43 por ciento de dichos Avad y que actualmente aportan el 54 por ciento. La mayor contribución viene de la isquemia coronaria, el proceso por el cual las arterias se obstruyen y producen el infarto. En 1990, estas dolencias ocupaban el tercer puesto en Avad. Hoy son la primera.

El mayor riesgo global para enfermedad es la hipertensión, seguida del tabaco, la mala dieta y el alcohol, que son comportamientos modificables. También causó sorpresa observar que las dietas bajas en frutas eran responsables de más enfermedades que la obesidad o la inactividad física.

Cada región tiene sus propios problemas. En ciertos países de Europa oriental el alcohol es lo que más contribuye a los Avad, así como el cigarrillo sigue siendo la principal causa en Estados Unidos, Canadá y Europa occidental. En Colombia lo es la violencia.

El trabajo busca ofrecer datos precisos a los gobiernos para que diseñen políticas más efectivas de salud pública. De hecho, Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud señaló que estos datos “difieren sustancialmente de los que se manejan en estos organismos intergubernamentales”. Por ejemplo, entre las metas del milenio establecidas por las Naciones Unidas tienen prioridad la malnutrición y los males infecciosos, problemas que todavía azotan a algunos países, sobre todo a los de África subsahariana. En el resto del mundo estos ya no son un dolor de cabeza, como sí lo son otras dolencias entre las que se destacan el consumo de alcohol, el exceso de comida, el cigarrillo y el trauma, tanto por accidentes de tránsito como por violencia. Estos asuntos requieren de un manejo totalmente diferente al de las infecciones, que implican vacunas, fumigación y antibióticos y como lo dice la revista The Economist, muchas de las soluciones a estos problemas no son estrictamente médicas sino que exigen del concurso de instancias políticas. Por ejemplo, para reducir la mortalidad por accidentes de tránsito se necesita mejorar los diseños de las vías e incrementar la seguridad de los carros. Los expertos esperan que este estudio, disponible gratuitamente en la página de The Lancet, sirva para trazar nuevas políticas que se ajusten a la realidad de hoy, de modo que las metas en salud vayan más acordes con los problemas que aquejan a la población actual. Sin duda será clave involucrar a la población para que haga los cambios de hábito que se requieren para que esos años extra de vida vengan sin achaques y complicaciones.

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