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| 12/17/1990 12:00:00 AM

SERA VARON...

La selección del sexo de embriones lograda en laboratorio despierta un fuerte debate ético y científico.

No hace mucho tiempo, el proceso de concepción de un hijo era considerado como un misterio. La ignorancia incluso llegó a responsabilizar a las mujeres por el sexo de los retoños de la pareja y en algunas culturas las esposas eran repudiadas por sus maridos si "fallaban" a la hora de dar a luz un heredero hombre.
Ahora, cualquiera que haya estudiado biología sabe que es el esperma masculino y no el óvulo femenino (o alguna cosa que ella coma, piense o haga) lo que determina el sexo de los hijos. Pero en una época en la cual óvulos y espermatozoides pueden ser unidos en un tubo de ensayo, y el desarrollo del embrión está sujeto al escrutinio químico y fisico, quedan pocos misterios alrededor de la concepción y el embarazo. El sexo del hijo por nacer ya no es la gran sorpresa del momento del alumbramiento.
Pero si la era de las pociones y posiciones ensayadas por millones de parejas, porque se suponía influenciaban el sexo del hijo, ha terminado, la idea de escoger el sexo de los hijos sigue siendo una obsesión paterna.
Aunque relativamente pocos futuros padres buscan un diagnóstico prenatal únicamente para conocer el sexo del hijo que está en camino, y en general, la información acerca del sexo del feto es producida por un descubrimiento incidental, es solamente una cuestión de tiempo antes de que un análisis de las células fetales para determinar el sexo llegue a estar fácilmente disponible.

En los últimos años, los aspirantes a escoger el sexo de su descendencia han recurrido a técnicas que permiten desde influencias el balance de los ácidos de la vagina para favorecer la supervivencia del esperma que lleva el cromosoma que determina si es hombre o mujer, hasta la inseminación artificial con un embrión que en el laboratorio ha sido manipulado para obtener determinado sexo.
Hace unos meses un equipo de investigadores británicos anunció que por primera vez en la historia van a nacer varios bebés obtenidos por fecundación in vitro, en los que el sexo ha sido diagnosticado en la probeta, antes de implantar los embriones en el útero materno.
Estos bebés fabricados en probeta no serán hijos de parejas estériles sino de padres fértiles que recurrieron a la tecnología para escoger el sexo de sus hijos.
El objetivo de la investigación es beneficiar a aquellas parejas que tienen riesgos de transmitir a su descendencia alguna enfermedad genética ligada al sexo -entre ellas la hemofilia-. Los bebés que nacerán son todos niñas. Logradas luego de la eliminación de los embriones masculinos. Esto ha abierto un fuerte debate sobre los riesgos del abuso de la tecnología médica.

Esta primicia científica fue descrita recientemente en la revista Nature, como "una desviación de la tecnología y una puerta abierta hacia la tentación de producir bebés a la medida". El hecho de haber identificado el sexo de los embriones tres días después de la fecundación en probeta es un éxito tecnológico que nadie discute, señala la publicación. Pero que sea un progreso médico rico en promesas para las parejas es algo que suscita fuertes reacciones desde el punto de vista ético. Los críticos señalan que este avance científico podrífa prestarse para peligrosos intentos.
Con la tecnología actual para analizar las células fetales durante el primero o segundo trimestres de gestación, llega la opción del aborto selectivo del feto que no es del sexo deseado. "Hoy muchas parejas no están dispuestas a recibir lo que venga" cuando esto tiene que ver con la composición familiar. Por el contrario, ellos desean hijos de un sexo o de otro, y algunas veces en un determinado orden, usualmente, un niño primero.
La presión por tener un hijo de un sexo en particular puede llegar a ser especialmente intensa si una pareja ya ha tenido varios hijos del sexo opuesto. Y con el deseo generalizado de tener familias cada vez más pequeñas, las parejas podrían peligrosamente intentar recurrir a la técnica solamente con el propósito de tener el hijo del sexo que desean", señala un editorialista del New York Times.

Aunque los investigadores señalan que no existen estudios estadísticos acerca de cuánta gente que solicita exámenes prenatales está interesada en la selección del sexo, advierten a los médicos acerca de esta posibilidad.
En un informe de la ética sobre la selección prenatal del sexo, publicado hace unos meses, un grupo de investigadores que se opone a esta práctica hacen un llamado a los científicos para que tomen una posición contra la selección sexual y a los médicos a negarse a conceder información acerca del sexo del feto a menos que exista una razón médica para revelarlo.
En un encuentro sobre ética médica realizado recientemente, los doctores Dorothy Wertz, investigador de la Universidad de Boston y John Fletcher, de la Universidad de Virginia, citaron casos de esposos que presionaron a sus esposas para realizar abortos porque el hijo que esperaban no era del sexo que deseaban.
Los expertos están preocupados acerca de las posibles consecuencias sociales y sicológicas de la generalización de una técnica como esta, la cual podría sesgar completamente la proporción sexual de la población.

Así como los padres tienen "derecho a saber" el sexo de su futuro hijo, los médicos no siempre tienen que decir a sus pacientes todo lo que saben.
Un médico puede descubrir que un niño no es el retoño biológico del presunto padre, y no decirlo a menos que la cuestión de la paternidad sea crucial para un asunto médico o legal.
Pero quizás el mejor argumento contra el avance de datos sobre el sexo del futuro hijo sea el dado a las parejas es que la paternidad debe continuar siendo el deseo de un hijo "no importa cuál sea su sexo".
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