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| 10/6/2002 12:00:00 AM

'Sex and the City'

La semana pasada se inauguró, para escándalo de algunos y deleite de otros, el primer Museo del Sexo en Estados Unidos.

En un edificio ubicado en la esquina de la Quinta Avenida y la calle 27 de Nueva York, cuya última planta aparentemente estuvo dedicada a la prostitución clandestina, se inauguró el primer Museo del Sexo estadounidense. Con el nombre de MoSex, inspirado en la abreviatura MoMa del Museum of Modern Art, abrió sus puertas con la exposición Nyc Sex: cómo la ciudad transformó el sexo en Estados Unidos, de la cual hacen parte la mayoría de las 400 películas de ocho milímetros, 700 videos, 1.500 revistas, muñecas inflables y una gran parafernalia que tiene en su inventario la institución.

Su fundador es Daniel Gluck, un empresario que, pese a la oposición del New York State Board of Regents, organismo que supervisa las instituciones culturales sin ánimo de lucro y que le negó la personería al establecimiento, no sólo hizo realidad el MoSex sino que se dio el lujo de fijar la entrada más cara para los museos neoyorquinos: 17 dólares, que se espera paguen 100.000 mayores de 18 años en los primeros 10 meses. Pese a que la Liga Católica lo tildó de "museo de la inmundicia" las exhibiciones de cada uno de los pisos del edificio tienen como objetivo realizar una mirada académica sobre la historia de la prostitución, la obscenidad, la lucha por la anticoncepción, el fetichismo, la liberación sexual y las comunidades homosexuales.

A la entrada el visitante es recibido con una primera experiencia de voyerismo: pasillos de paredes incompletas que caen desde el techo hasta un metro antes del piso permiten observar las piernas y pies de otros que recorren el espacio; las caras quedan ocultas tras los paneles, con un plano rojo en su interior, donde van las obras con sus respectivas explicaciones. Entonces empieza el recorrido por la historia del sexo. Este incluye una amplia iconografía en la que se destacan historias como el primer escándalo de la ciudad: el asesinato a hachazos de la prostituta Helen Jewett en 1830, y otras menos tristes, como la de Julius Schmidt, un paralítico dedicado al tratamiento de intestinos de animales para hacer salchichas, quien desarrolló una industria paralela más rentable, como era la de proveer preservativos al mercado negro.

La primera mitad del siglo XX lleva la mejor parte, desde "las bailarinas diferentes" de 1920 hasta la prohibición de los burlesques en 1942, pasando por la llegada del sadomasoquismo desde Alemania escapando de los nazis. En una pared se proyectan dibujos animados pornográficos con animalitos y en otra sala se ven historietas con Laurel y Hardy en escenas no aptas para menores. El sector gay, lésbico y transexual comienza con imágenes de jóvenes musculosos, como los dos marineros que se besan con las bocas y con los sexos que emergen entusiastas de sus pantalones desabrochados, escenas que demuestran que quienes esperan imágenes fuertes no se irán decepcionados. También impactan las fotos, ropas y carteles del Harmony Theatre, un centro de strip tease del que salió el lap dancing en la década de 1980. Otros hitos del siglo, como el intercambio de parejas -que llegó al cine con Bob & Carol & Ted & Alice, de Paul Mazursky-, el levantamiento gay contra las razzias policiales en 1969 en el bar Stonewall, la respuesta a la epidemia del sida y la marca del sexo en la cultura y el arte cierran la época contemporánea.

Con estos atractivos, y pese a la oposición, el MoSex se une a los museos del sexo que existen en Europa, como el Templo de Venus y el Museo Erótico de Amsterdam; los de Berlín, Dresden y Hamburgo en Alemania; los españoles, en Madrid y en Barcelona; el de Copenhague; el de Estocolmo; el de Montmartre en París y el reciente Museo de Máquinas Sexuales de Praga. Lugares para aprender o dar rienda suelta al morbo, todo depende de la mirada con la que los visitantes lo quieran ver.
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