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| 11/30/2013 2:00:00 AM

Cuando la tecnología no deja tiempo para el sexo

La gente hoy tiene menos intimidad sexual debido a que la tecnología ha tomado los espacios y momentos destinados para ello. Un nuevo estudio lo confirma.

El foco de las discusiones sobre el impacto de internet en la vida sexual de las personas en el mundo ha girado en torno a los peligros y los excesos. Pero un reciente estudio muestra que la realidad es muy distinta y en lugar de que los individuos hayan aumentado y diversificado las prácticas, se han vuelto más mojigatos.

Y todo apunta a que internet y su séquito de plataformas –como los teléfonos inteligentes, las tabletas, los laptops– son los que más interfieren en los espacios y los horarios que antes propiciaban los encuentros sexuales en las parejas. “Creemos que vivimos en una sociedad más liberada sexualmente pero la realidad es más compleja”, dice Anne Johnson, experta del University College London y principal investigadora del revelador estudio.

El trabajo, publicado en The Lancet, fue hecho con más de 15.000 participantes entre 16 y 74 años y es el más grande hasta hoy sobre el tema. La gran sorpresa fue encontrar que hombres y mujeres entre 16 y 44 años han disminuido los encuentros eróticos de más de seis veces al mes hace diez años a menos de cinco hoy. 

Aún más insólito fue encontrar que el 15 por ciento de los hombres y el 30 por ciento de las mujeres manifiestan no tener el más mínimo interés en el sexo. A esto se suma que disminuyó el número de parejas sexuales de los hombres durante su vida, de 12,6 a 11,7.

Se podría culpar a los cambios demográficos, pues en promedio la población mundial está envejeciendo y se sabe que el paso de los años es el principal mata pasiones, debido al proceso natural de descenso en la producción hormonal. También se podría decir que la tendencia a vivir solo ha impactado la frecuencia de las relaciones sexuales. 

Este fenómeno se observa tanto en los países desarrollados como en otros más pobres, como Colombia, donde “hay más solteras, menos casadas y más mujeres separadas”, según Claudia Gómez, demógrafa de Profamilia. 

“Cuando la gente vive con su pareja tiene más sexo”, explica a SEMANA Cath Mercer, investigadora del University College London y una de las directoras del trabajo. “Esto sucede porque tienen más oportunidades de tener este tipo de relaciones en comparación con quienes no viven con su pareja sexual”.

Pero lo curioso es que esta disminución también se observó entre los casados que viven con su pareja. Por eso Mercer y su colega Kaye Wellings, del London Hygiene and Tropical Medicine, coautora del estudio, tuvieron que sacar otras hipótesis para explicar los resultados del trabajo. En términos generales, señalan que el gran obstáculo para una sexualidad regular y satisfactoria es el mundo moderno, con el estrés, las preocupaciones y el ritmo agitado de vida que este conlleva. “Estamos muy ocupados para tener sexo con la frecuencia de antes”, dice Mercer.

Con los nuevos aparatos digitales que permiten trabajar desde cualquier lugar, la línea que marca la diferencia entre el horario de oficina y el descanso se ha vuelto más difusa. Pero más problemático aún es que la cama, que era el santuario para el sexo y el descanso, se ha convertido en una oficina, como señaló SEMANA en la pasada edición, a donde las personas llevan los asuntos pendientes. Por eso, es fácil encontrar a gente despachando desde su lecho a las diez de la noche o a las seis de la mañana.

A esto se suma que hoy los usuarios de tabletas y de teléfonos inteligentes revisan la actividad en sus redes sociales, contestan su e-mail o hacer llamadas a sus familiares desde la cama, gracias a la portabilidad de estos dispositivos. Pero está también la tentación de jugar con aplicaciones altamente adictivas como Angry Birds o Candy Crush. 

Todo esto no solo quita tiempo para los encuentros íntimos sino que son distractores que compiten con el goce sexual. “Son juguetes que también dan placer y envician y se están convirtiendo en sustitutos de otras actividades lúdicas que antes se hacían en la cama”, dice el psicólogo Camilo Mendoza.

No es raro por lo tanto que entre los comentarios de la noticia en internet haya casos como el de Jacques, un inglés que afirma ser víctima de este fenómeno. “Mi vida sexual ha desaparecido gracias al juego Candy Crush. Y no solo eso, sino también todas mis relaciones sociales”.

La invasión digital, según Mercer, no solo interfiere en los escenarios y momentos antes destinados al sexo sino que se ha extendido a otros momentos de esparcimiento en el día, incluida la hora del almuerzo. Esto produce que la comunicación entre la pareja, crucial para que surja espontáneamente el deseo y el erotismo, sea hoy apenas superficial.

La tecnología ha interferido siempre en la vida privada de las personas. Solo hay que recordar que la llegada de la televisión trajo consigo una disminución de la fertilidad. En un reciente estudio hecho por Martin Lewis, un geógrafo de la Universidad de Stanford, sobre la disminución de la tasa de natalidad en el mundo, se observa que ese índice de nacimiento es mucho menor en zonas del planeta como India, donde hay más propietarios de televisores y una mayor exposición a los medios masivos.

Los expertos creen entonces que al tiempo de televisión que semanalmente le dedican las personas, ahora se suman las horas en línea que les consagran a sus teléfonos y tabletas. “Esto deja poco espacio de maniobra”, explica Mendoza. “El cansancio y el estrés hacen que la persona se quede sin energía. Y como para el sexo se necesita mucha, las parejas prefieren dormir y recuperarse que iniciar un encuentro sexual”, agrega.

No todos están de acuerdo con estas hipótesis ni con los resultados del estudio. El psicólogo Diego Castrillón piensa que hoy sucede todo lo contrario pues, según él, las ventas de condones, el número de moteles y la popularidad de las sex shops han aumentado. Incluso señala que los jóvenes tienen más actividad sexual hoy porque gracias a la tecnología pueden engancharse en conversaciones eróticas que llevan a encuentros sexuales. 

El porno, que se ha extendido en la red al punto de preocupar a los gobiernos, hoy está más al alcance de la gente y, según Mendoza, aumenta la actividad sexual porque es el “preludio para el coito o la masturbación”, dice.

Pero según el psiquiatra Norman Doidge, autor del libro The Brain that Changes Itself, el porno puede ser un arma de doble filo pues así como estimula el deseo, cuando se usa en exceso y a largo plazo, puede llevar al efecto contrario.

Para Petra Boyton, una educadora sexual radicada en Gran Bretaña, la exposición al abismo de pornografía que ha traído internet no necesariamente ha llevado a un cambio comportamental. “La gente sigue preocupada con las mismos temas de antes: los hombres con su anatomía y las mujeres con sus relaciones”, le dijo a The Guardian. 

Agrega que tampoco hay evidencia de que Facebook fomente la infidelidad ni de que internet haga más fáciles los encuentros sexuales casuales. En los blogs sobre intimidad sexual, Boyton considera que el contenido que se genera es muy tradicional.

Por lo pronto, Isabel, una mujer afectada por el tema, pues lleva cinco meses sin que su esposo la toque, no solo porque acaba de tener un bebé sino porque la tecnología se ha vuelto la ‘otra’ dentro de la relación, cree que su única salida es pasar menos tiempo en las redes sociales. Quiere recuperar espacios de conversación que propicien los encuentros sexuales. Lo mismo opina Mendoza quien sugiere una campaña con un eslogan sencillo: “Más cama y menos iPad”.
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