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| 12/1/2012 12:00:00 AM

Sí se puede

Estas son algunas historias de pacientes que le ganaron la batalla al cáncer y lo convirtieron en una oportunidad para transformar sus vidas.

Por el amor de un hijo
 
Aunque suene paradójico, Mónica Saavedra dice que el cáncer de seno le salvó la vida. No solo la obligó a renunciar al cigarrillo, la rumba y un ritmo de trabajo frenético, sino que le ayudó a dejar de lado la amargura. “Antes era muy negativa y mal geniada. Cuando me lo detectaron en 2010, atravesaba por un divorcio y yo creo que el cáncer se alimentó de todo ese dolor. No en vano dicen que es una enfermedad del alma”. Después de que la operaron soportó 26 sesiones de quimio y 19 de radioterapia. Según ella, la clave para no dejarse vencer fue el amor de su hijo Gerónimo de 4 años. Por más débil que se sintiera, él la animaba a levantarse para ir a jugar al parque y ella aceptó ser su cómplice de travesuras al dejarlo pintar su cabeza calva con crayones. “La vida me dio otra oportunidad y esta vez gané yo”.
 
Calma ante todo
 
Juan Diego Bedoya sobrevivió al cáncer testicular en dos oportunidades. La primera vez se lo detectaron en 2005 y el año pasado le descubrieron otro tumor. Entró al quirófano de nuevo y, aunque no ha tenido que volverse a hacer quimioterapia, debe estar muy pendiente de los controles médicos. “La noticia fue dura al principio, pero yo la tomé con mucha tranquilidad porque lo peor que puedes hacer es echarte a la pena”, señala. Siguió con su rutina y, bajo la supervisión de su doctor, asumió la enfermedad como si se tratara de una gripa. Sus seres queridos y amigos siempre estuvieron a su lado y, por eso, cree que su experiencia se resume en la canción Amor y control de Rubén Blades, una oda a la familia cuando es inevitable afrontar la desgracia.

Nunca es tarde
 
La primera vez que Imelda Quiroga notó un nódulo extraño en su cuello consultó al médico. Según el diagnóstico solo era grasa encapsulada y por eso dejó de preocuparse. Siete años más tarde, durante un viaje por Europa, empezó a sentirse ahogada cada vez que pasaba bocado. Alarmada, recurrió a un especialista, pero en esa ocasión el pronóstico fue poco alentador: tenía cáncer papilar con metástasis en los ganglios. Aunque ya estaba bastante avanzado, se operó de inmediato y a los pocos días se sometió a una sesión con yodo radioactivo que la mantuvo alejada de su familia por más de diez días. Hoy dice que pasó la página, aunque mantiene controles cada seis meses. El trabajo ya no domina su vida y, por eso, aprendió a hacer cosas que siempre había querido, pero por tiempo no había podido, como pintar.
 
Una prueba de Dios
 
A pesar de que Esperanza González siempre había sido muy rigurosa con sus citologías, a principios de este año le detectaron cáncer de útero. “Sentí mucho miedo, pero me dije: ‘Voy a superar esto porque es una prueba que Dios me puso en el camino’”. Y así fue. En abril se sometió a una histerectomía y, aunque la recuperación fue dolorosa, se negó a quedarse postrada en la cama. Hoy, esta empresaria nacida en El Cocuy se encuentra recuperada y, según dice, una de las lecciones más importantes que le dejó la enfermedad es no vivir pendiente de las cosas superficiales. “Ahora mi familia está mucho más unida y por primera vez nos vamos a reunir todos en mi casa en diciembre”.

Un regalo de navidad
 
Cuando a Mario Bernal le diagnosticaron cáncer de próstata en diciembre pasado sabía que debía actuar inmediatamente. Su padre había muerto de lo mismo hacia 12 años y, por lo tanto, el riesgo de repetir la historia también era alto. Después de varias consultas y exámenes, optó por hacerse una cirugía laparoscópica. Hoy ya está curado y eso se lo atribuye no solo a la buena actitud con la que asumió la enfermedad, sino sobre todo al amor incondicional de su esposa Clara y sus dos hijas, María Margarita y Ana María. Después de esa experiencia su ritmo de vida es otro y por fin está dedicado a cuidar su ganado y sus cultivos de uchuva. “Si la navidad pasada fue triste, esta va a ser muy feliz”, concluye.


 
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