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| 3/1/2008 12:00:00 AM

Sin descanso posible

Las nuevas tecnologías han acabado con las vacaciones, pues hay quienes nunca pierden el contacto con su oficina. Los expertos explican cómo desconectarse.

Los colombianos ya sabían que el lema de su Presidente es trabajar, trabajar y trabajar. Pero la semana pasada pudieron constatar además que su tenacidad no disminuye ni siquiera cuando está enfermo. A pesar de que la gripa que lo aquejó en días pasados le impidió desplazarse a atender muchos de sus compromisos, el mandatario siguió al frente de su cargo. Y lo hizo con la ayuda de la tecnología, pues por medio de teleconferencias se comunicó desde su lecho de enfermo.

El Presidente no es el único. En un mundo donde las responsabilidades laborales caben en un minicomputador y la oficina se ha vuelto portátil gracias a Internet, los dispositivos móviles como el Blackberry y el celular, muchos empleados difícilmente logran desconectarse de su oficio cuando salen a vacaciones, para no mencionar cuando se enferman. La tecnología actual está creada para facilitar el desempeño de muchas tareas, pero en algunos casos, también está reforzando el comportamiento de quienes no quieren o no saben establecer los límites entre el trabajo y el descanso.

Esther Zapata, gerente de una empresa de seguros, lo ha vivido en carne propia. Hace un año se fue a Nueva York con su familia y todas las mañanas, antes de salir a recorrer las calles de Manhattan, se tenía que conectar con su oficina para ver cómo andaban los negocios. Lo mismo sucedía a partir de las 10 de la noche, al regresar a su hotel, cuando se dedicaba a leer y contestar correos con órdenes para sus empleados, lo que la mantenía ocupada hasta la media noche. El tecleo permanente generaba quejas de sus acompañantes de viaje que criticaban su actitud. "Yo sentía que lo tenía que hacer. Me daba desconfianza e inseguridad no saber lo que pasaba allá. La última semana de vacaciones ya estaba desesperada por regresar", dice.

Antes, era posible viajar y desconectarse de las angustias del trabajo porque el teléfono se quedaba en la casa y era casi imposible ubicar a alguien fuera del país. Quisieran o no, al tomar vacaciones todos se desprendían de la oficina. Hoy la mayoría lleva consigo sus celulares y pueden ser ubicados en cualquier lugar, hasta en Cafarnaún. El problema no es la tecnología. Los aparatos no son ni buenos ni malos, según Chris Schreuders, coach y consultor internacional, aunque admite que tienden a volver a la gente omnipresente, pues hoy cualquiera puede leer los emails en la playa o tener una teleconferencia desde cualquier lugar. Lo que sucede es que en esta sociedad móvil, la presencia de los aparatos electrónicos le ha puesto a cada persona la difícil tarea de decidir sus propios límites entre trabajo y ocio.

Y establecer esa frontera es mucho más difícil para cierto tipo de empleados con características obsesivas, así como para jefes insistentes que llaman a cualquier hora a preguntar cómo va el informe o el pedido. Tan traumático resulta alejarse del puesto, que muchos de ellos no toman ni siquiera vacaciones. Según Diana Serna, directora de recursos humanos de una compañía editorial, hay trabajadores que acumulan hasta cuatro períodos de descanso. En Colombia, donde hay una cultura patriarcal muy fuerte, por lo general los que no salen a vacaciones corresponden al perfil de ejecutivos en cargos directivos, que no saben delegar y se sienten indispensables. También están los empleados que piensan que si se van, alguien les va a correr la butaca. Esta última creencia se ha fortalecido por los nuevos tipos de contratos laborales que hoy establecen las empresas en donde hay menos compromiso por parte del empleador. "Al profesional le da miedo salir a vacaciones y negocia quedarse", dice Iván Castrillón, asesor de riesgos profesionales de Colpatria.

Tan grave como no salir a vacaciones es el caso de quienes salen y no logran gozar del tiempo libre. Algunos se aparecen en la oficina, o llaman para ver cómo van las cosas porque "han convertido el trabajo en el epicentro de sus vidas", dice Castrillón. De acuerdo con Chris Schreuders, coach y consultor internacional, algunos ejecutivos en vacaciones sienten estrés, dolor de cabeza, falta de apetito o poca concentración, aun cuando se encuentren recorriendo el Museo d'Orsay en París o admirando las ruinas mayas en Chichen Itzá.

La sicóloga Mariana Samper considera que este tipo de personas no es muy adaptable al cambio y ha aprendido ciertas creencias que su sistema nervioso autónomo se encarga de reproducir. Por ejemplo, si algo sale mal, culpan al hecho de no haber estado allí. Y aunque son conscientes de ello, no logran cambiar su comportamiento puesto que éste tiene un componente biológico aprendido que se manifiesta en exceso de autocontrol. "Salen de vacaciones y no disfrutan... uno los lleva a un restaurante para que se relajen, pero no lo logran y salen disparados en cuanto pueden para seguir al frente de sus tareas",dice Samper.

Para la sicóloga Clara Reyes, lo que se está viendo es un enfoque mal entendido del uso de la tecnología, pues la gente cree que debe estar disponible en un plan 24 por 7, es decir, todo el día y toda la semana. Este plan les debe funcionar en la salud y en la enfermedad, en vacaciones o en trabajo. La experta ha tratado casos de personas que durante los cinco primeros días de descanso no son capaces de enfrentarse al ocio. Incluso, antes de viajar advierten a sus jefes y subalternos que, de pasar cualquier cosa, los llamen. "Ellos mismos dan la pauta para que no los dejen descansar".

El ritmo maratónico de trabajo-trabajo y descanso-trabajo sólo lleva a generar mayor ansiedad y en esas condiciones "la persona pierde la capacidad de priorizar", dice Samper, y por esto ni siquiera se dan la oportunidad de cuidarse una enfermedad. Recuerda a un corredor de Bolsa con hipertensión al que sólo le preocupa cerrar sus negocios. Y si bien la principal víctima es quien no descansa, pues su organismo se agota, también sufren sus familiares que deben llevar su vida sin su presencia. Las vacaciones en estos casos también son frustrantes porque salen a flote roces con los hijos y la pareja debido a que durante el año hubo muy poco contacto con ellos. "Las vacaciones producen una reestructuración familiar, dijo al diario Clarín la sicóloga argentina María Vieira. Al no existir la rutina, cambian los horarios y pueden surgir conflictos porque los deseos de uno se pueden interponer con lo que quiere hacer el otro".

Tomar vacaciones cuando las maletas van cargadas con asuntos del trabajo y problemas no es descanso para nadie. Los expertos piensan que una persona con estas características debe cambiar sus creencias: que nadie lo hace igual a mí, que si delego, le respiro en la nuca para constatar que lo está haciendo bien o que las cosas sólo se pueden hacer de una manera. "Hay que lograr que la persona tome conciencia y rompa paradigmas", formula la sicóloga y coach Cristina Jacobsen. Las empresas también debe dejar de reforzar el clima laboral en el que se premia a los que trabajan jornadas de 10 y más horas y estimular en cambio un ambiente en el que los empleados puedan soltar el lápiz a las 5 ó 6 de la tarde. Pero tal vez lo más importante es poner un límite entre ocio y trabajo que implique saber cuándo apagar y encender el celular o el computador.
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