Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/10/24 00:00

Sin ganas

Un estudio encontró que el problema más frecuente entre las parejas es la disminución del deseo sexual . Los expertos recomiendan qué hacer cuando baja la llama de la pasión.

“Muchas mujeres se preguntan: no lo deseo, ¿Será que ya no lo quiero?”

El problema sexual más frecuente en la sociedad es la falta de deseo. Pero se trata de una inapetencia excluyente porque se da sólo en relación con la pareja con la que se convive. Este hallazgo resultó de una encuesta hecha por L'IFOP para la farmacéutica Lilly en Francia. El estudio, en el que intervinieron 1.000 personas, encontró que 53 por ciento de los encuestados señalan la falta de deseo como la mayor dificultad sexual con su pareja, muy por encima de problemas como obtener placer, falta de erección, eyaculación precoz o la simulación del orgasmo. También se reveló que esta falta de deseo por el otro es el secreto mejor guardado de la pareja pues ninguno es capaz de hablarlo por miedo a ser malinterpretado. Para la ginecóloga Sylvain Mimoun, el problema es que la gente piensa que deseo y amor vienen juntos y por lo tanto una disminución en la pasión se asocia con falta de amor. "En consulta uno escucha mucho a las mujeres preguntarse: 'no lo deseo, ¿será que ya no lo quiero'", dice Mimoun.

El tema está lejos de ser exclusivo de los franceses. Para el sexólogo Carlos Pol Bravo es universal y está asociado a la falta de educación sexual de las parejas que todavía viven bajo el esquema de la sexoafectividad. "Alguien puede sentir atracción por otra persona y nunca amarla. Lo ideal es que deseo y amor vengan juntos pero no son lo mismo", dice. Numerosos expertos han descrito la relación entre el tiempo de permanencia de una pareja y el deseo. "Este es muy alto en los primeros tres a cinco años pero luego la pareja se convierte en una sociedad para criar hijos y para construir un patrimonio, por lo cual ya no se enfocan tanto en lo sexual", dice el ginecólogo Andrés Velásquez.

Los científicos han visto que cuando una pareja de carneros se les deja en un mismo potrero, copulan con intensidad en los primeros días pero con el tiempo van perdiendo el interés. Sin embargo, cuando se introduce una nueva hembra, despierta otra vez el deseo en el macho por la recién llegada. Los seres humanos también prefieren la variedad que la monotonía porque esto ayuda a mejorar las probabilidades de reproducirse de manera exitosa "al tener muchas parejas y no solo una", explicó a SEMANA David Barash, coautor del libro El mito de la monogamia. Esto es mucho más claro en los hombres que, como productores de semen, tienen la posibilidad de fertilizar a muchas mujeres aunque ellas también pueden "aumentar su eficiencia reproductiva con múltiples parejas".

La disminución del deseo sexual también se da por factores externos como problemas económicos. La baja libido es más frecuente en las mujeres porque su nivel de testosterona, una hormona responsable del deseo, es menor que en el hombre. A partir de los 40 años la producción de esta disminuye en ellas por lo menos un 30 por ciento mientras que en el hombre esto sucede a los 50.

Esto no quiere decir que el problema no tenga solución. Para Velásquez lo más importante es no fingir y hablar del tema. Barash sostiene que como al ser humano le gusta la variedad hay que engañar al inconsciente para que crea que se está siendo diverso en lo erótico, aun cuando continúe con la misma pareja. "Tengan relaciones de diferentes maneras, en diferentes lugares, con distintos escenarios", recomienda. Para Pol Bravo, no hay perfume mágico porque el deseo se tiene que ir construyendo con el paso de los años y por eso está en desacuerdo con quienes afirman que las parejas inevitablemente pierden su interés por el otro con el tiempo. "Todo lo contrario, puede llegar a ser mucho más intenso". Por eso indica que hay que asegurarse de que esa falta de apetito sexual no se deba a conflictos en el interior de la pareja. Pero si se trata de una unión donde hay amor, es posible convertir al otro en un cómplice de sus fantasías eróticas. "Decirle algo picante, hablar de que esta mujer le parece atractiva y dejar que ella también exprese su gusto por un hombre", señala el experto. "Así se calientan mutuamente y al final el producto lo disfrutan ambos".

Lo cierto es que el tema del bajo deseo pone contra la pared la idea del matrimonio, según Pol Bravo, puesto que es visto por algunos como una institución con reglas y protocolos y "ni el amor ni el sexo se pueden obligar", dice.

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