Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2002/10/20 00:00

Sobreviente de los Andes

Ornitólogos colombianos encontraron en la Cordillera Central una especie de loro que se creía extinta desde 1911.

Los milagros son escasos, y más en el mundo natural, pero a veces ocurren. Después de un año de recorrer los páramos de Quindío y Tolima un grupo de ornitólogos logró encontrar al loro coroniazul, una especie que, se creía, estaba extinta desde 1911, el año en el que fue reportada por última vez. Los expedicionarios lograron tomar fotos del ave, que es endémica de esta zona de la Cordillera Central (es decir, este es el único lugar del mundo en el que está establecida). Y aunque gracias al inesperado hallazgo ya se sabe que no está extinta, de todas maneras está en muy grave peligro de extinción. Sólo queda una población de 14 loros y los científicos están haciendo todo lo posible para salvarla.

Para lograr su objetivo, que en principio parecía una misión imposible, este grupo de naturalistas, integrado por estudiantes de la Universidad de Caldas, del Tolima, Nacional, Javeriana y Los Andes, estableció un específico plan de trabajo. Escogían localidades estratégicas que ningún ornitólogo había visitado o en donde habían estado en muy pocas ocasiones. Trazaron el área en el mapa y establecieron los límites de la zona que debían recorrer. Una vez llegaban al lugar hablaban con los pobladores para que los recibieran y no pusieran problema, luego se distribuían y empezaban a caminar por el páramo, cada uno por un lugar distinto, con un mapa y una brújula.

El loro coroniazul habita en una zona de bosques de niebla muy delicados y amenazados por los colonos, que cada vez talan más el terreno para extender las áreas dedicadas a la ganadería y en busca de madera para sus cocinas de leña. Por ese motivo los investigadores, que son conscientes de que las políticas de conservación sin la participación de la comunidad no son viables, adelantan una campaña educativa con los pobladores de estos frágiles ecosistemas andinos para salvar la especie. Ellos se han puesto de acuerdo con los habitantes sobre puntos en común para conservar el lugar, llegando incluso a cercar una parte del bosque para evitar que el ganado entre y lo destruya. "No se trata de decir tenemos que conservar a esta especie y decirle a la gente que debe irse a sembrar a otra parte, es una concertación con los habitantes del lugar. Nosotros tenemos que hacer un balance entre las necesidades de la población y las necesidades del loro", dijo a SEMANA Jorge Velásquez, coordinador del proyecto.

En la actualidad uno de los integrantes del grupo está en la zona, de la que no se ha revelado su ubicación exacta para evitar que lleguen grupos de curiosos que puedan afectar el delicado entorno en donde sobreviven estos pocos loros. El biólogo que se quedó en el lugar está estudiando cuestiones generales del comportamiento de las aves, como por ejemplo sus hábitos alimenticios, en qué épocas anidan y cuántas crías nacen. Estos datos permitirán establecer cuál es el futuro de la población y qué estrategias se deben seguir para conservarla. Hasta ahora han logrado establecer que se alimentan de una planta parasitaria llamada muérdago y ocasionalmente de guayabos de páramo.

Con este hallazgo los integrantes de este proyecto muestran la importancia de las expediciones científicas que, a pesar de las dificultades presupuestales y de orden público, se adelantan en diversas regiones del país con fines similares y cuyo objetivo final, además de ampliar el conocimiento acerca de la riquísima base natural de Colombia, es el de alentar a las autoridades y la sociedad en general para que aprecien y defiendan los ecosistemas colombianos, muchos de ellos en grave peligro de desaparecer.

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