Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/10/23 00:00

Solas con la enfermedad

Algunos hombres dejan a sus mujeres cuando les da cáncer de seno. Pacientes y expertos hablan de las razones de esta actitud y de sus consecuencias, en un momento en que ellas más necesitan apoyo.

Muchos se separan por problemas en la vida sexual, sobre todo las parejas jóvenes.

El 29 de noviembre de 2003 a Viviana Sarmiento le diagnosticaron cáncer de mama. A pesar de que tenía 27 años y ella creía que un cáncer a su edad no era posible, los médicos encontraron un tumor de ocho centímetros de diámetro, que ya se había propagado por los ganglios del brazo. Ese día estaba en el consultorio con Juan Carlos, su novio de cuatro meses, quien escuchó la noticia y no pronunció una sola palabra. "A partir de ese momento supe que todo cambió en nuestra relación -cuenta ella-. No me volvió a poner un dedo encima, ni siquiera para cogerme la mano". A la semana siguiente, comenzó la quimioterapia, se le cayó el pelo y aumentó de peso. Viviana se dio cuenta de que su novio empezó a salir con otras mujeres y en cuestión de días el noviazgo terminó.

Abrumada por la ruptura, Viviana tuvo que sobrellevar su enfermedad en compañía de sus padres. El tratamiento duró dos años y medio, le removieron el seno, pero por fortuna se lo pudieron reconstruir. Viviana retornó a su trabajo, consiguió una nueva pareja y unos meses después se casó. Todo parecía haber vuelto a la normalidad. Pero con el tiempo, las cosas volvieron a empeorar. Como una de las secuelas de la operación, uno de los senos quedó más pequeño que el otro. Su esposo empezó a alejarse de ella, a evitar tocarla y, según cuenta, las relaciones íntimas se fueron al traste. Aunque durante el noviazgo su marido no había tenido problema con su enfermedad, después de dos años y medio de relación él le pidió que se separaran porque "quería estar con una mujer con senos de verdad". Desde entonces, no ha habido un hombre que no la rechace cuando se entera de su situación.

La discriminación y el abandono del que ha sido víctima Viviana reflejan una realidad que viven muchas mujeres a quienes el cáncer de seno les ha derrumbado su vida afectiva. Viviana, por ejemplo, hace parte de un grupo de apoyo de la Clínica del Seno conformado por 20 señoras, de las cuales cinco han terminado sus matrimonios por esta enfermedad. Aunque no existen cifras oficiales del número de divorcios que ocurren por esta causa, los especialistas reconocen que se trata de un fenómeno más común de lo que parece. "He visto muchas de mis pacientes venir al consultorio y afrontar el tratamiento solas porque no cuentan con el apoyo de sus esposos", cuenta José Robledo, cirujano de mama de la Clínica del Country. No obstante, aclara que a veces la separación no ocurre por el cáncer en sí, sino porque el matrimonio ya tenía dificultades y la enfermedad fue un detonante. A pesar de esto, el tema merece especial atención pues cada año se reportan en el país más de 5.000 casos nuevos de cáncer de seno, y cerca de 2.200 mujeres mueren por este padecimiento.

A diferencia de los otros tipos de cáncer, el de seno tiene la particularidad de que sus consecuencias están a la vista y se producen en una zona del cuerpo vital para la mujer. "Los senos son el símbolo de la feminidad, de la maternidad, y no va a ser lo mismo ni para ella ni para su pareja ver este órgano después de una operación", dice Catherine Supelano, psicooncóloga de la Asociación de Apoyo a Mujeres con Enfermedades del Seno (Ámese). Según el oncólogo Ramiro Sánchez, director de la Clínica del Seno, a pesar de que la tecnología hoy permite hacer reconstrucciones casi perfectas o evitar la amputación, tanto las mujeres como los hombres siguen asociando el cáncer de mama con mutilación. "Esto afecta mucho la autoestima de las señoras, que sienten menoscabada su condición de mujer y su belleza", señala Sánchez.

El caso de Raquel García, de 58 años, es un ejemplo de lo anterior. Ella sobrevivió a este tipo de cáncer en dos oportunidades. En 1999, cuando le descubrieron el tumor, la intervención no produjo un cambio considerable. Pero en 2005, el cáncer volvió a aparecer y esta vez fue necesario hacer una mastectomía. "Aunque los médicos me hicieron la reconstrucción, duré cinco años sin mirarme al espejo, -cuenta Raquel-. No permitía que mi esposo me viera ni que me tocara". La relación empezó a fallar en lo físico y en lo afectivo, hasta que un día él se fue vivir con otra mujer y puso fin a 25 años de relación.

Los expertos reconocen que afrontar este padecimiento no es fácil para ninguno de los dos, pues además de golpear la autoestima de la mujer, trae inconvenientes en la sexualidad. Según Supelano, durante el tratamiento las mujeres experimentan no solo cambios en su apariencia por la pérdida de pelo y aumento de peso, sino también disminución de la libido, resequedad vaginal y dolor. "Esto desencadena abstinencias prolongadas de casi dos años que provocan un desajuste en la rutina de la actividad sexual", agrega Robledo.

El rechazo puede ser peor cuando no se reconstruye el seno, como le pasó a Herminda Quintero, diagnosticada a los 36 años, quien tuvo que recurrir a una prótesis mamaria. "Como no podía satisfacer a mi marido, una noche llegó y me dijo: 'Hoy estuve con una mujer de verdad, usted ya no me sirve, no es más que una mutilada'", recuerda, entre lágrimas. Según Sánchez, esta actitud tiene un componente de machismo, presente en la cultura del país y particularmente en la manera como la gente concibe los roles de cada sexo. De esta forma se piensa que "las mujeres tienen un instinto más maternal y el hombre se rige por un instinto más sexual, -dice-. Esto no quiere decir que un hombre no pueda adoptar una actitud maternal y de cuidado hacia ella", añade.

Según Ro-bledo, el abandono por razones sexuales es más común cuando el cáncer golpea a mujeres jóvenes, pues la relación está en una etapa en la que la actividad sexual es mayor. "En los casos de señoras de más de 60 años, el matrimonio ya no está tan centrado en lo sensual, sino que se basa más en la amistad, y el vínculo puede ser más firme", anota el experto. En otros casos, explica Robledo, el hombre abandona el hogar por la dependencia que tiene a su mujer. "Algunos maridos entran en depresión, se derrumban y asumen una actitud infantil en la que demandan atención de su esposa. Al no obtenerla, se marchan a buscarla en otra pareja".

Esta actitud no parece ser un rasgo único en este país. Un estudio publicado el año pasado en la revista Cancer, en el que participaron 515 matrimonios en Estados Unidos, encontró que los hombres son más proclives a dejar a sus mujeres cuando están enfermas, mientras que ellas permanecen cuando es el caso contrario, es decir, cuando el hombre es el aquejado. Marc Chamberlain, neurólogo de la Universidad de Washington y líder de la investigación, dijo a SEMANA que las razones para este comportamiento eran el miedo, la incapacidad para comprometerse y la necesidad de procrear con un cónyuge saludable. "Las mujeres, por el contrario, tienen un instinto maternal que las impulsa a cuidar a su familia", complementa Sánchez.

Independientemente del motivo de la separación, el abandono tiene consecuencias serias. Herminda y Raquel, por ejemplo, han tenido que ir al psiquiatra y tomar medicamentos para mitigar la depresión. Un análisis de Indiana University School of Medicine, que evaluó las tasas de supervivencia de 3,79 millones de pacientes con cáncer entre 1973 y 2004, encontró que el 57,5 por ciento de quienes estaban casados vivían 10 años después del diagnóstico, mientras que de los separados solo el 36,8 por ciento sobrevivían una década.

Por todo esto, Sánchez recomienda que a la hora de un diagnóstico de esta naturaleza es necesario que tanto la paciente como la familia inicien un tratamiento para saber cómo enfrentar la enfermedad y crear una red de apoyo "para sobrellevar procedimientos largos y complicados". Supelano comparte esta posición y menciona la necesidad de educar a los esposos para que entiendan que si bien la enfermedad es complicada, no significa que la mujer quede inhabilitada. "Muchas veces el marido no toca a su pareja por miedo a hacerle daño o porque cree que no se pueden volver a tener relaciones", señala la experta.

Aunque siempre será mejor tener una pareja a su lado, Sánchez manda un mensaje claro: "Si un hombre únicamente las quiere por un par de senos, no merece estar con ellas".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.