Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1996/11/04 00:00

SOLO PARA LINDAS Y SOLTERAS

Según las Naciones Unidas, el estado civil y la apariencia frustran las aspiraciones laborales de las mujeres.

SOLO PARA LINDAS Y SOLTERAS

La verdadera proeza de la astronauta Shanon Lucid no fueron los seis meses que vivió en la estación espacial rusa Mir sino haber tenido la oportunidad de dirigir la misión siendo una mujer de 53 años y con tres hijos. Tres décadas después de la llamada liberación femenina, para el mercado laboral hombres y mujeres no son iguales. Y esta discriminación es mayor si quien busca trabajo tiene la peculiaridad de ser mujer, casada y, por si fuera poco, fea.
Según un informe presentado ante la ONU por la comisión de seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, permanecer soltera es una de las claves para lograr el éxito profesional. Eso porque a estas alturas del siglo XX, ante los empleadores, las mujeres casadas parecen encontrar cierta resistencia en sus solicitudes de empleo. Y la desventaja frente al hombre no es su falta de preparación: "Más del 70 por ciento de las mujeres casadas que trabajan tiempo completo realizan además las tareas domésticas, lo que permite al hombre invertir más tiempo y energías en los empleos remunerados", dice el informe.
Pero además de la desventaja marcada por el género, la apariencia también incide. Un estudio sobre el impacto del aspecto físico de la mujer en el salario, publicado por American Economy Review, señala que las mujeres feas ganan un 9 por ciento menos que las consideradas bonitas.
El estudio -que despertó la solidaridad del secretario general de la ONU, Boutros Boutros-Ghali- señala que el menor nivel de remuneración percibido por las mujeres es una tendencia mundial, tal como lo demuestran las estadísticas oficiales de países con diferentes grados de desarrollo. Por ejemplo, en Estados Unidos las mujeres ganan sólo el 68 por ciento del sueldo percibido por los hombres con igual nivel de instrucción. La desigualdad en las oportunidades de empleo pasó las fronteras de la retórica feminista para ser considerada por las Naciones Unidas como un obstáculo para el desarrollo económico y una violación a los derechos humanos.

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