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| 10/29/2001 12:00:00 AM

Sueños prohibidos

Ocho millones de colombianos sufren de insomnio pero sólo 6 por ciento de ellos consultan a un experto. Qué hacer para no pasar noches en vela.

En las noches, cuando la cabeza toca la almohada, todo el mundo espera caer plácidamente y sin problemas en brazos de Morfeo. Pero en ocasiones esto no sucede. En lugar de entregarse al sueño la persona empieza a moverse de un lado para el otro en la cama e incrementa su actividad cerebral: por la mente pasan imágenes de cómo será la presentación del día siguiente, cómo le va a pedir al jefe el aumento de sueldo, cómo va a resolver las deudas pendientes que tiene, qué le va a decir a su hijo adolescente que acaba de perder el año, en fin… Cuando ve que la cosa va para largo mira en forma masoquista el reloj para darse cuenta de cómo pasan las horas sin poder conciliar el sueño. Entonces la angustia ya se ha apoderado de la persona y es cuando empieza a ordenarle al organismo con insistencia: “Me tengo que dormir, me tengo que dormir”, sin saber que con esto lo único que se logra es el efecto contrario. Muchos pasan una noche así, sin pegar el ojo, cuando los atormenta un hecho muy concreto. Otros presentan insomnio más de una vez al mes mientras que en algunos casos éste puede ser un asunto crónico.

De acuerdo con Edgar Osuna, director de la Clínica del Sueño de la Fundación Santa Fe de Bogotá, se estima que 20 por ciento de la población colombiana sufre de insomnio. El problema es que sólo el 6 por ciento consulta por esta causa. “Ni el paciente ni las familias valoran el problema aun cuando esté afectando en gran medida su calidad de vida”, dice. También creen que podrán recuperar el sueño perdido durante el fin de semana sin saber que lentamente la fatiga se puede ir apoderando de ellos. Otro obstáculo es que los insomnes consultan a los médicos sólo por dolores de cabeza y problemas musculares o agotamiento, dolencias que están relacionadas con la dificultad para dormir, pero nunca mencionan lo trabajoso de conciliar el sueño. Los médicos generales, por su parte, tampoco tienen en cuenta esta variable para hacer un buen diagnóstico. El resultado: el insomnio de la persona se queda sin tratamiento y, aunque en un principio se presenta de manera leve, al no ser tratado logra perpetuarse hasta causar estragos. Muchos accidentes de tránsito se deben a problemas de somnolencia debido a falta de sueño. Incluso accidentes como el derrame de petróleo del Exxon Valdez y el incidente de la planta nuclear de Chernobyl se le atribuyen a funcionarios que tenían trastornos de esta índole.

Los especialistas comparan el sueño como cualquier otra de las actividades fundamentales del organismo. “Antes se pensaba que el sueño era una cuestión sin importancia pero hoy se ha comprobado que mientras una persona duerme el cuerpo recupera proteínas que le sirven para prepararse para el día siguiente”, afirma el médico José Iván Jaramillo. Y es durante el sueño que se segrega la hormona de crecimiento. De ahí que sea tan importante que tanto pequeños como adultos duerman al menos siete horas para poder funcionar correctamente.

El insomnio no sólo es la dificultad para quedarse dormido. También puede ser despertarse muy temprano en la mañana o varias veces durante la noche. Este problema no respeta edad ni sexo, pero quienes más lo padecen son las mujeres y los viejos. Los expertos han encontrado que, más que un mal en sí mismo, el insomnio es un síntoma de un problema físico o emocional. Por ello su tratamiento nunca debe ser solamente tomar pastillas que induzcan el sueño. “Los medicamentos son buenos si se sabe qué está pasando con el paciente. Por eso, si no se realiza una terapia combinada, es probable que la pastilla para dormir no solucione el problema a largo plazo”, dice Osuna.

Como consultan muy poco a sus médicos los pacientes con insomnio son los que más se automedican. Por lo general piden la opinión de algún vecino o del boticario de la esquina y terminan consumiendo antihistamínicos o antidepresivos que, si bien ayudan a conciliar el sueño, no son las drogas más indicadas para estos casos pues pueden tener como consecuencia el embotamiento.

Pero hoy el problema se maneja con nuevas drogas, que si se emplean adecuadamente no tienen tantos efectos secundarios. Es el caso de las benzodiasepinas, que están diseñadas para inducir el sueño durante seis o siete horas.

Estas píldoras para dormir no crean adicción. Los expertos consultados afirmaron que este miedo a consumir tabletas de este tipo se debe al mal uso que se dio a algunos medicamentos en el pasado. “Hasta hace poco no se sabía nada sobre el sueño y se usaba todo tipo de pastillas para esto”, afirma el médico español Eduard Estivil.

El tratamiento médico también requiere un cambio de actitud y de establecer una higiene del sueño (ver recuadro). Por eso antes de ponerse a contar ovejas lo mejor es consultar a un especialista que pueda interpretar el origen de ese síntoma y darle una solución antes de que sea demasiado tarde.
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