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| 10/6/2012 12:00:00 AM

¡Tacaños!

Se confunden entre los austeros, ahorradores y hasta los ambientalistas. Son juzgados por su falta de generosidad aunque a veces son la burla de todos por su excesivo apego al dinero. Aprenda a detectarlos.

“Cuando no se tiene dinero, siempre se piensa en él. Cuando el dinero se tiene, sólo se piensa en él”, declaró alguna vez John Paul Getty, uno de los hombres más ricos del mundo en el siglo XX. Aunque el magnate era considerado un genio para manejar sus finanzas, y en 1976, al momento de su muerte, tenía acumulados 2.000 millones de dólares, se cree que su gran fortuna no fue solo resultado de esa capacidad para los negocios sino de su avaricia. El hombre nacido en Minnesota y fundador de la Getty Oil Company tenía fama de ser un tacaño en el estricto sentido de la palabra. Tanto así que cuando uno de sus nietos fue secuestrado en Italia y no quiso pagar el rescate que exigían los delincuentes, solo accedió a hacerlo después de ver una oreja ensangrentada del joven que le llegó por correo. No solo eso, con la oreja en mano, trató de minimizar la pérdida y regateó lo que mas pudo para bajar el precio del rescate.

El caso de Getty es uno de los más sonados, pero hay otros de celebridades que deben su fama no solo a su exitosa carrera sino también a su poca generosidad. Andrew Carnegie, Paul McCartney, Tiger Woods, Madonna y Sean Penn, por citar algunos, hacen parte de ese grupo. Los ejemplos abundan también en la vida cotidiana. Muchos han tenido que lidiar con un hermano, familiar o amigo que, para evitar pagar por un almuerzo en un restaurante, se van al baño cuando llega la cuenta.

La personalidad del tacaño es compleja, por eso a veces suele confundirse con la del ahorrador o la del austero. El mayor interés de una persona avara es acumular y atesorar, pero nunca gastar. Por eso desconfían de todo, hasta de su propia familia, y lo que más les duele e irrita es tener que restarle cifras a su presupuesto. “Son personas que centran su bienestar y seguridad en la capacidad de tener. Si empiezan a gastar, disminuye su caudal, su poder y su autoestima. Por eso no lo hacen, porque valen por lo que tienen”, dijo a SEMANA Jorge Forero, presidente del Instituto para el Desarrollo de la Salud Emocional en Colombia.

Los ahorradores, en cambio, tienen metas claras, compartidas e inversiones seguras y miden sus gastos de acuerdo a ese proyecto. Son los individuos que llenan poco a poco la alcancía o abren una cuenta bancaria con el fin de reservar un capital para luego invertirlo en una casa, un carro o unas vacaciones. Lo mismo sucede con las personas austeras, que “no ahorran, pero economizan. No les gusta comprar cosas suntuosas porque no vale la pena gastar en algo que puede conseguirse a un precio razonable”, afirma Forero. Y aunque esta actitud puede ser también propia de los tacaños, los austeros son “personas más equilibradas”, añade el psiquiatra.

Con frecuencia los avaros se camuflan entre los ambientalistas y no compran un tiquete de avión ni se montan en un carro para “no contribuir con el calentamiento global”, pero en realidad lo que no quieren es meterse la mano al dril. Eso al parecer sucede con el actor Leonardo Di Caprio, quien evita usar su jet privado por supuestas razones ecológicas. Sin embargo, su amigo Mark Wahlberg, dice que detrás de estas nobles intenciones se esconde un avaro, pues Leo no tiene reparo en montarse en el avión de él con el pretexto de que al viajar juntos emiten menos gases efectos invernadero.

Quienes cuidan en exceso la plata corren el riesgo de deteriorar su calidad de vida pues se privan de pequeños placeres que les darían algo más de felicidad. Incluso, en casos extremos puede ponerlos en peligro de muerte. Jairo López recuerda a un vecino en Buenos Aires, Argentina, que para economizar en energía no prendía la calefacción en las temporadas invernales. Esto le causó una neumonía que lo llevó a la muerte. “Lo curioso es que encontraron en su casa una caja fuerte con una gran fortuna”.

En estos casos extremos la tacañería puede ser patológica. Según Forero, este comportamiento está acompañado de trastornos de ansiedad, pues pueden obsesionarse con ahorrar para no sentirse vulnerables. Si bien el problema puede tener raíces genéticas, la influencia del entorno al crecer es importante. El dinero es un medio de supervivencia necesario y es natural querer acumularlo, pero la manera de gastarlo depende de lo aprendido de los padres, el colegio y los amigos. En síntesis, es un hábito que puede convertirse en una manía.

Algunos expertos señalan que aficionarse al dinero en exceso proviene de un conflicto psicológico y emocional. Psicólogos, psiquiatras e incluso economistas citan la teoría del psicoanálisis formulada por Sigmund Freud y afirman que las personas que no logran superar la fase anal, cuando tienen entre 2 y 3 años de edad y deben aprender a controlar esfínteres, desarrollan una personalidad avara, lo cual implica que no solo son tacaños con la plata sino con sus afectos y sus pertenencias. “Quieren retener todo y les cuesta dar. Se vuelven muy metódicos y organizados, y su manejo del dinero es el mejor ejemplo. Cuando les llega una cuenta de cobro, se angustian. No se divierten por pensar en cuánto van a gastar”, dijo a SEMANA el psicólogo Álvaro Enríquez.

Para Stephanie Newman, psicóloga y psicoanalista clínica, coeditora del libro Money Talks: in Therapy Society and Life, las actitudes frente a la plata “están relacionadas con lo que piensan del control, el poder y el amor”, dijo a SEMANA. Según la autora dicho comportamiento puede estar relacionado con una herida o carencia del pasado. Son personas muy estrictas a quienes les cuesta trabajo desprenderse de cualquier posesión y en sus relaciones sentimentales pueden usar a las personas a su antojo.

Aunque muchos creen que los millonarios son los más tacaños, el nivel de ingresos no está directamente relacionado con esta manía. Sin embargo, algunos estudios señalan que mientras más gane alguien, “se vuelve menos generoso, solidario y compasivo con los demás porque la prioridad son sus propios intereses”, afirma Paul Piff, psicólogo de la Universidad de California en Berkeley y experto en cómo el dinero afecta el comportamiento. De hecho, en un artículo reciente de la portada del New York Magazine se explica que tener mucha plata hace a la gente menos empática, honesta y compasiva. Además, los vuelve egoístas e insensibles hacia los demás. Quizás, por eso, en los casos de celebridades como McCartney, Madonna o Woods que tienen una inmensa fortuna, llama la atención que no den buenas propinas o que hagan fiestas en las que los invitados deben pagar lo que consumen.

La tacañería puede tratarse con psicoterapia, aunque se requiere de varias y largas sesiones para que el paciente cambie su conducta, algo difícil si se tiene en cuenta que estos personajes se creen dueños de la razón y tienen un esquema mental rígido y difícil de ablandar. Lo más importante es hacerlos ver que no deben anteponer la reserva de dinero por encima de los demás y de otros aspectos de la vida, porque a la tumba nadie se lleva un centavo.
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