Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/11/14 00:00

Terapia de choque

Ante el fracaso de los mensajes escritos en las cajetillas, la Unión Europea lanza la campaña antitabaco más agresiva de la historia. Esta vez con fotos de las secuelas de fumar.

Terapia de choque

Como parece confirmado en el Viejo Mundo, una imagen espanta más que mil palabras. La Unión Europea acaba de lanzar la campaña antitabaco más agresiva de la historia. Los empaques deberán llevar impresas impactantes imágenes de pulmones y gargantas invadidos de cáncer y toda suerte de tumores y enfermedades derivadas del desagradable hábito.

El nuevo paso se dio por cuanto no fue suficiente la normativa de 2003 que obligó a las compañías fabricantes a imprimir grandes avisos de advertencia en las cajetillas como "Fumar puede matar", "Fumar provoca cáncer mortal de pulmón" y "Fumar puede reducir el flujo sanguíneo y provoca impotencia". "No tuvimos otra alternativa que acudir a las fotografías más horrorosas, porque con los textos de advertencia no conseguimos los resultados que esperábamos y, si bien el tabaquismo en mayores de 50 años ha disminuido, el consumo entre los jóvenes se ha elevado notablemente en los últimos años e incluso algunos chicos caen en las garras del tabaco desde los 10 años", explicó a SEMANA el consultor en salud pública de la Comisión Europea John Bell.

Las cifras del tabaquismo en Europa son dramáticas. El cigarrillo causa 650.000 muertes anuales y la UE se gasta en salud más de 100.000 millones de euros al año en el tratamiento de enfermedades asociadas a esta adicción. Las autoridades de la Unión consideran que este problema es una "epidemia', y lo demuestran con cifras contundentes: el 25 por ciento de todas las muertes por cáncer y el 15 por ciento de todas las muertes en Europa son atribuibles al tabaquismo.

La campaña está integrada por 42 imágenes a todo color que ocupan la mitad de las cajetillas y que van acompañadas de textos de advertencia como "Los fumadores mueren prematuramente" y "Fumar puede provocar una muerte lenta y dolorosa". Según Bell, el objetivo es destruir la falsa "imagen glamourosa" creada por las compañías tabaqueras y mostrar la verdad del cigarrillo: tumores de garganta, dentaduras carcomidas, pulmones corroídos, pacientes entubados, cadáveres en la morgue, operaciones a corazón abierto, niños con respiración asistida y pieles estropeadas y envejecidas.

Esta terapia de choque contrasta con la realidad de Europa, un continente permisivo al cigarrillo y cuya legislación antitabaco es una de las peores del mundo. Hoy, desde Italia hasta Finlandia se permite fumar en los trenes, los restaurantes, las oficinas públicas, los aeropuertos, los bancos y aun en los colegios y los hospitales. El país más 'avanzado' en esta materia es Irlanda, que proscribió en marzo de este año el consumo de tabaco en bares y restaurantes. Suecia informó que expedirá medidas semejantes a principios del próximo año y España anunció con bombos y platillos una ley que prohibirá fumar en los 'centros de trabajo' y que entrará en vigor a finales de 2005.

La Comisión Europea ha exigido a los países socios un endurecimiento de las leyes contra el tabaco. "La industria invierte enormes sumas de dinero en publicidad, nosotros hemos decidido usar sus mismas armas de propaganda para combatir el tabaquismo que provoca una muerte cada minuto en Europa, pero si los Estados socios no contribuyen con legislaciones acordes, estas campañas no servirán de nada", alertó esta semana el comisario de Salud de la UE, David Byrne.

La UE ha acudido a la táctica de encarecer el tabaco como método para reducir el consumo y, de paso, para compensar los grandes gastos en salud de los fumadores. Así, los cigarrillos más baratos de Europa se venden en Portugal y España, donde una cajetilla cuesta 7.000 pesos, y este precio se duplica y se triplica en Francia, Alemania e Inglaterra.

Pero el tabaco caro no ha valido. Lo peor es que la nueva campaña con imágenes espeluznantes podría ver disminuido su impacto pues en el último año se han disparado las ventas de estuches para ocultar estos mensajes agresivos.

La investigadora del Instituto Deusto de Drogodependencias de Bilbao, Teresa Laespada, dijo a SEMANA que la publicidad negativa incorporada a las cajetillas "causa asco, temor e irritación a los fumadores, pero resulta insuficiente para resolver un problema que debe abordarse de manera integral, con educación y con pedagogía social que le otorgue valor a la vida sana".

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