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| 1/16/1995 12:00:00 AM

TERRORISMO ELECTRONICO

No sólo los piratas han hecho su aparición en el mundo de la informática. Ahora también hay raponeros, asaltantes y terroristas.

DOS PERIODIStas de Nueva York, Michael Slatalla y Josh Quinter, terminaron de escribir hace unos meses un libro de ciencia ficción que relata la rivalidad entre dos pandillas de maleantes de computadores. Días después de que fragmentos de su obra fueran publicados en Wired, una revista especializada, cosas raras comenzaron a ocurrir en la casa de los autores y en la sede de la revista.
El 25 de noviembre, día de Acción de Gracias, Quinter había intentado infructuosamente entrar a Internet, la gigantesca red de comunicación por computador que tiene millones de suscriptores en el mundo. Aunque no le prestó mucha atención a la dificultad, poco después supo que los personajes de su libro lo estaban atacando: el arrendador de su casa lo llamó a decirle que había recibido en su computador un mensaje obsceno de su parte.
Quinter descubrió entonces que su teléfono había sido programado para que las llamadas pasaran a otro teléfono y la casilla de correo de Internet había sido saturada con 3.000 mensajes subversivos de una organización autodenominada Frente de Liberación de Internet. El mensaje era un manifiesto, dirigido contra los 'cerdos capitalistas' que, entre otras cosas, decía: "Sólo una advertencia, América corporativa: hemos robado su código, acabamos de saquear sus informaciones de millones de dólares... ".
Detrás de semejante incursión electrónica había una ingeniosa y complicada operación que ha puesto en evidencia la fragilidad de un sistema concebido para que científicos, intelectuales y gente de todo el mundo compartan conocimientos y experiencias.
En algún lugar de Estados Unidos, alguien que logró entrar a través de un control remoto a los computadores de IBM, Sprint y al servicio de Internet, conocido como 'The Pipeline' (la tubería), se apoderó de los comandos y puso en marcha un programa que lanza decenas de mensajes (E-mail) por segundo.
El ataque del grupo subversivo ha sido tomado en serio en Estados Unidos pues no existe en el mundo, aparte de CNN, una red de información personal más grande que Internet, con la ventaja de que a través de este sistema la comunicación es personal y llega sin comerciales, ni censura. De ahí que ya esté en funcionamiento un sistema de emergencia, con la misión de hacer un seguimiento a las quejas de operadores encargados de la seguridad y confidencialidad de la comunicación por computador. Según los funcionarios, no pasa un día sin que se produzca un asalto electrónico, de menor o mayor cuantía. En los primeros nueve meses de este año se reportaron 1.517 incidentes, casi el 75 por ciento más que el año pasado.
Estos asaltos electrónicos van desde el robo de pasaportes de acceso hasta intento de hurto de expedientes militares secretos. Hace dos semanas la infiltración en la red de intercomunicación de General Electric obligó a la compañía a sacar toda su información mientras el sistema de seguridad era reforzado. Y hace unos meses dos abogados enfurecieron a cientos de miles de usuarios de Internet enviándoles mensajes en los que ofrecían sus servicios.
Pero el principal objetivo de los asaltantes electrónicos son las casetas de seguridad, a las que llevan a través de secretos pasajes para enterarse de informaciones que valen millones de dólares. Si bien existen centinelas electrónicos que están atentos a un sistema de alarmas que se activa cuando algún intruso está merodeando la red, los mecanismos de seguridad parecen ser vulnerables a la ingeniosidad de los asaltantes.
Y lo que le ocurrió a Josh Quinter, el periodista que fue atacado por los personajes de su obra el Día de Acción de Gracias, puede ser motivo de otra obra, pero real.
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