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| 7/12/2014 5:00:00 PM

Testamento digital

Cada vez más las personas están pensando en cómo organizar su vida virtual después de la muerte real.

Facebook tiene más de 1.200 millones de usuarios y se estima que una de cada seis personas en el mundo tiene activa al menos una cuenta en esta red social. Pero así como día a día se abren más perfiles, en promedio mueren 10.000 usuarios cada hora. Desde 2004 han fallecido aproximadamente 30 millones de ellos.

En la medida en que aumentan las redes sociales y con ello la identidad virtual de las personas en internet los usuarios se interesan cada vez más en lo que sucedería con sus cuentas en caso de fallecer o en qué hacer con las de sus familiares difuntos. Según el Pew Research Center en promedio un cibernauta tiene 25 cuentas en internet, desde la del email hasta las de sus bancos en línea. La mayoría desconoce qué va a pasar con ese patrimonio digital, que incluye fotos, música, libros, películas, documentos, información de sus tarjetas de crédito y hasta dinero en el caso de ciertas tiendas online como iTunes, donde es posible redimir plata por medio de tarjetas. La respuesta es que si bien ciertas cuentas, como las bancarias pueden ser controladas por los sucesores, en muchas otras el patrimonio digital queda en el limbo.

En Facebook la transición es sencilla. Un familiar o un amigo pueden informar del fallecimiento de su ser querido y solicitar que se elimine la cuenta o que se cambie el perfil por uno conmemorativo desde el cual sus amigos pueden rendirle homenaje. Google ha creado una medida en la que el usuario decide qué hacer con su cuenta en caso de muerte.

Pero en servicios como iTunes, Netflix o Amazon, donde la gente hace compras con su tarjeta de crédito, la situación es mucho más complicada pues no son muy claros los derechos de los sucesores sobre los productos que compraron sus familiares fallecidos. La música o los libros comprados están asociados directamente a la cuenta del usuario y no está permitido transferir o ceder a terceros la suscripción ni sus ventajas como miembro. Si los familiares cercanos no tienen la clave del difunto no podrán acceder ni aprovechar el contenido por el que este pagó. “Esas bibliotecas digitales pueden desaparecer si no hay una política clara y flexible que le permita a los herederos disfrutar de este material. La jurisdicción varía de país a país pero en algún momento deberá ser legislado”, señala Pablo Arrieta, experto en tecnologías de la información.

Ante esto algunos han tomado medidas caseras como archivar en memorias y discos externos las canciones y películas adquiridas por internet. Pues tal y como están las cosas si se dejan en la nube nadie puede acceder a ellos a menos que los deudos del fallecido tengan en su poder nombres de cuentas y sus contraseñas. Si las tienen es posible mantener la identidad virtual del fallecido solo para tener acceso a este patrimonio. Pero los abogados, al menos en Estados Unidos, están recomendando confiar a una persona el listado con las cuentas y sus correspondientes contraseñas.

Hay aplicaciones como oneSafe, eWallet o iPassword donde se pueden guardar estas contraseñas en forma encriptada. Lo interesante de estos programas es que permiten designar a una persona como heredero de dicha información.

También hay algunos sitios web como www.planneddeparture.com o www.thedigitalbeyond.com donde las personas pueden encontrar recomendaciones para delegar su patrimonio digital. Además se recomienda familiarizarse con los términos y condiciones de cada sitio web y con base en esto tomar las medidas pertinentes para no perder información valiosa.

A muchos no les importa lo que pase con las cosas que dejan en este mundo. Sin embargo, otros piensan que el patrimonio digital no solo tiene valor financiero sino también sentimental para la familia: una carta, una fotografía, el video de un cumpleaños. Por supuesto, también habrá información que quiera destruir. Para ambas cosas lo importante es saber qué quiere hacer con sus activos digitales antes de partir al más allá.
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