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| 9/16/2016 5:46:00 PM

“Haberme diagnosticado a tiempo de linfoma fue una bendición”

Cerca de 460.000 personas son diagnosticadas con algún tipo de linfoma cada año. Esta es una enfermedad difícil de descubrir.

El linfoma es uno de los tipos de cáncer de la sangre más comunes. Cerca de 460.000 personas son diagnosticadas con algún tipo de linfoma cada año. Esta es una enfermedad difícil de descubrir porque en muchos casos, cuando se manifiesta, ya está en un estadio avanzado.

Luis Fernando Romero es un economista y administrador de empresas de 60 años que fue diagnosticado con linfoma no Hodgking en el año 2012. Habló con Semana.com sobre su condición, las dificultades que ha tenido al sufrir de un tipo de cáncer poco conocido y el tratamiento que le ha funcionado.

Semana.com: ¿Cómo descubrió que tenía la enfermedad?

Luis Fernando Romero (L.F.R.): El linfoma no Hodgking es un cáncer en el sistema linfático. Ocurre que los ganglios se inflaman y cuando esto pasa hay que sacarlos. Precisamente esa fue la primera manifestación que tuve. Se me formó un ganglio debajo de la axila. Me estaba bañando, sentí ahí una bola y ahí mismo me fui al médico.

Semana.com: ¿No tuvo otras señales?

L.F.R.: No se conoce qué causó la enfermedad y de la misma manera no hay remedio o cura. Yo no sentía nada más. Los médicos me decían que se podía presentar sudoración en las noches, pero hablan de una sudoración que moje las cobijas. Pero yo no sentía nada de eso.

Semana.com: ¿Qué pasó después de que le examinaron el bulto?

L.F.R.: El médico me dijo que había que sacarlo de inmediato. Entonces, me hicieron una biopsia donde diagnosticaron que se trataba de un linfoma folicular no Hodgking en estadio uno. Con ese resultado me fui al Instituto Nacional de Cancerología y, después de una junta de médicos, se determinó que no era necesario hacer tratamiento por el estadio de la enfermedad. No merecía hacer quimio, ni radioterapia. Simplemente era estar en observación.

Semana.com: Pero ese no fue el diagnóstico definitivo...

L.F.R.: Con el tiempo me salió otro ganglio en la ingle y automáticamente me lo sacaron e hicieron biopsia. Nuevamente fue linfoma folicular no Hodgkin estadio dos. Volví otra vez al cancerológico. Hicieron nuevamente la junta médica y me dijeron que siguiera en observación, que no era necesario el tratamiento. Por mi buen estado de salud, no presentaba ningún síntoma.

Semana.com: Entonces ¿usted no sentía la enfermedad?

L.F.R.: Yo estaba bien en ese momento. Pero pasó el tiempo y me salió otro ganglio en la garganta. Nuevamente me lo sacaron y resultó linfoma no Hodgking. Pero con este resultado el hematólogo ya me dijo que tocaba hacer tratamiento definitivamente.

Semana.com: Ya eran tres ganglios...

L.F.R.: Yo quise tener otro concepto y fui a la clínica del oncólogo Pedro Ramos. Allá empezamos el tratamiento que me ha servido. Utiliza un medicamento nuevo, se llama Rituximab. Llevo en ese tratamiento desde 2014 y parece que ha sido exitoso. Me ha ayudado a tener más vida y con calidad.

Semana.com: ¿Por qué lo dice?

L.F.R.: Porque los exámenes de sangre muestran que la enfermedad no avanza, los números son normales. Mi cuerpo sí se está defendiendo pero no hay resultados alarmantes. Al principio me hacían tomografías para ver si había tumores en otra parte del cuerpo, pero a raíz de eso ya no me volvieron a hacer ese tipo de exámenes. El médico me dice que “el tigre está amarrado”, que no me preocupe porque está controlado. Lo que me gustaría que me dijera es que ya no está la enfermedad.

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Semana.com: En este punto, ¿qué más le recomendaron los médicos?

L.F.R.: Que debía tocarme para ver si había un ganglio inflamado. Uno busca el sistema linfático y sabe cuáles son esos sitios donde puede salir un ganglio inflamado. Yo estaba muy pendiente de eso. Incluso fui a un oncólogo especialista en cabeza y cuello, me mandó tomografía de tejidos blandos y la última vez que fui no me vio nada. El medicamento ha surtido efecto. Me dijo que estaba bien, pero me recomendó que de todas maneras siguiera yendo a los controles.

Semana.com: ¿Cuál es el tratamiento que usa?

L.F.R.: Son 12 ciclos de aplicación de un medicamento y voy en el décimo. Yo pensaría que concluida esta etapa el médico hará una evaluación para ver cómo estoy. Yo me siento tranquilo. Ya luego miraremos cuál es el camino a seguir.

Semana.com: ¿Esto no es más como una inmunoterapia?

L.F.R.: Sí. Me aventé a ese tratamiento porque yo no quería la quimio. El médico me dijo que con mi condición era probable que el tratamiento funcionara. El medicamento es fuerte pero no me ha afectado. Hay otras personas a las que le han aplicado el medicamento y han tenido que quitárselo y esperar como un mes para hacerle otra aplicación. Eso va mucho en el tema de las defensas de las personas. Son personas que no comen bien, a deshoras y no se cuidan lo suficiente.

Semana.com: Parece un buen tratamiento...

L.F.R.: Con esta enfermedad muchas personas se mueren porque no les dan los medicamentos. Esta es una situación en la que si tienes que tomar o aplicarte el medicamento es ya, no dentro de tres meses.

Semana.com: ¿Qué otras recomendaciones le hicieron los médicos para su vida cotidiana?

L.F.R.: Me decían que siguiera con mi vida normal y hacen recomendaciones, sobre todo, en cuanto a la alimentación. Por ejemplo, eliminé el dulce porque ese es el plato preferido del cáncer. Suspendí leche y carne. No como mucha harina, ni grasas. Ingiero bastantes frutas como arándanos, cúrcuma, fresa, guanábana, manzanas. Sigo al pie de la letra las recomendaciones en cuanto al tratamiento y a las cosas naturales que me pueden servir.

Semana.com: ¿Y en otros aspectos?

L.F.R.: He sido deportista toda mi vida. Voy todos los días, una hora, al gimnasio. Pienso que esto ha sido fundamental. Yo no tengo ninguna restricción. Soy consciente de que tengo la enfermedad y debo cuidarme. Tratar de comer lo más sano que pueda y seguir con la vida normal.

Semana.com: ¿Qué pensó cuando lo diagnosticaron?

L.F.R.: Toda mi vida he llevado un ritmo de vida saludable. Uno piensa que está lejos de contraer enfermedades de ese tipo, entonces yo me quedé de una pieza. Me preguntaba ¿qué pasó? Me dio muy duro. Pasé unos días terribles, no dormía. Pero mi familia fue un apoyo muy grande porque ellos me decían que debíamos ponerle la cara a esto y mirar qué podíamos hacer y así fue. A partir de ahí dije: “Ya soy consciente de que eso está ahí, vamos a mirar qué hay que hacer y hacerlo porque la vida sigue”. Debemos buscar la manera de salir de esto.

Semana.com: ¿Cómo maneja la enfermedad frente a su entorno?

L.F.R.: Yo trato de no pararle bolas al asunto y olvidarme de que tengo esto. Tal vez por no presentar unos síntomas más agudos lo tomo con más calma y lo hago más llevadero. En la casa tratamos de no hablar del tema porque me ven bien. Más bien, hablamos de lo estrictamente necesario y estamos muy pendientes de las fechas de los controles. Es por eso que la cuestión no ha sido tan traumática a partir del tratamiento.

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Semana.com: ¿Qué más ha cambiado en su vida después del diagnóstico?

L.F.R.: Trato de no trasnochar, me acuesto temprano. Trato de disfrutar más la vida, de hacer cosas que no hacía antes. Yo antes no viajaba, ahora sí me han dado ganas de viajar porque uno no sabe qué pueda pasar de aquí a mañana; que cualquier día esta vaina me va a aparecer en otro lado y eso sí sería delicado.

Semana.com: ¿Eso es lo que más le preocupa?

L.F.R.: Sí. Pues de momento, es un cáncer que no es agresivo, pero está ahí y no han encontrado el medicamento que acabe con la enfermedad. Pero el hecho de que ese cáncer se vaya para otro lado si me preocupa.

Semana.com: ¿Qué ha aprendido de esta experiencia?

L.F.R.: Uno aprende que debe valorar más las cosas. Me ha enseñado a tener respeto por la enfermedad, porque el hecho de que yo esté bien no quiere decir que no haya nada. De todas maneras, siempre pienso que voy a estar bien.  Aunque de pronto esta enfermedad me pueda generar otra cosa, porque los medicamentos que me aplican son fuertes y pueden tener efectos en otros órganos, pienso que esto no me va a matar a mí.

Semana.com: ¿Qué ha sido lo más difícil?

L.F.R.: Aceptarlo. Para mí fue muy difícil. Yo todo me imaginé menos que me fuera a pasar a mí porque he sido una persona sana siempre.

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Semana.com: ¿Tiene alguna recomendación para las personas?

L.F.R.: Las cosas hay que hacerlas en el momento, no se puede esperar. El hecho de que yo esté bien es porque fui al médico a tiempo. Hay que estar pendientes, hacerse controles así uno no tenga nada. Que sean muy juiciosos. Mejorar los hábitos alimenticios, comer mucha fruta, tomar mucha agua. Y ser positivos, echarle ganas al asunto es fundamental. Muchas veces la enfermedad está en la cabeza y uno no se puede quedar ahí pensando en eso, sino en que se va a mejorar, que las cosas van a salir bien.

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