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| 6/6/2009 12:00:00 AM

Todo por la plata

Un libro recomienda a las mujeres que si quieren una relación estable, se olviden del matrimonio por amor y piensen más en la billetera.

Decirle a una mujer recién casada que hoy el matrimonio basado en el amor no sirve es ofensivo. Y si además le aseguran que fundamentarlo en la plata es una mejor garantía de que la unión será duradera, puede ser aun más indignante. Pero esa es la tesis del libro Smart Girls Marry Money (Las mujeres inteligentes se casan por dinero), escrito por Daniela Drake y Elizabeth Ford, una médica internista de Los Ángeles y una productora de Hollywood –respectivamente–, ambas en sus cuarentas. Estas profesionales y madres pretenden contarles a sus congéneres más jóvenes algunos mitos perjudiciales para la mujer en la era posfeminista.

A primera vista el libro parece un manual superficial sobre cómo cazar millonarios escrito por Anna Nicole Smith, la conejita de Playboy que atrapó al octogenario Howard Marshall (63 años mayor que ella), uno de los petroleros más ricos del mundo. Muchos críticos consideran que casarse por dinero no es la solución porque el matrimonio es agotador, aun cuando se hace por amor, mucho más cuando no se quiere a la persona. Sin embargo, el libro es un texto divertido en el que Drake y Ford defienden su punto de vista con historias reales, argumentos y estadísticas serias.

Una de esas falsas creencias que quieren erradicar de la mente de las mujeres es que el matrimonio por amor es el ideal. El amor romántico no sólo es un falso camino hacia la estabilidad del matrimonio, sino también para la seguridad económica de las mujeres. Las autoras llegaron a esta conclusión luego de ver los índices dramáticos de divorcios en el mundo. En Estados Unidos, el 50 por ciento de todos los primeros matrimonios y el 75 por ciento de las segundas nupcias, fracasan. La razón es simple: si el amor es la base de las relaciones hoy, las parejas se separan cuando sienten que este sentimiento se agota. “La familia en la actualidad está basada en un sentimiento muy inestable”, sostiene Drake.

De hecho, los estudios científicos actuales han podido constatar que el amor es, de hecho, un coctel de químicos cerebrales que provocan los comportamientos típicos de los enamorados y, lo más importante, que apenas dura 24 meses, el tiempo suficiente para que la pareja logre procrear y cumplir con la misión de perpetuar la especie. Por esta razón las autoras ven con sorpresa que hoy la gente se case llevada de las alas de Cupido. El amor romántico, ese que idealiza y evita cualquier razonamiento objetivo sobre la persona amada, puede desorientar a las mujeres y “hacerlas perseguir al hombre equivocado, a poner en espera sus carreras y a no considerar el panorama general: su bienestar y el de sus hijos si ese hombre la deja”. La siquiatra Juliana Villate coincide en que cuando una mujer se enamora, se olvida de si el hombre es feo, gordo y sin un peso. “Muchas veces hay tanta carencia afectiva, que si encuentran a alguien que les dé un poco de amor, ahí se quedan aunque nada más funcione”.

Pero no siempre fue así. Drake y Ford encontraron que el matrimonio por amor se puso de moda hace relativamente poco, a finales del siglo XIX, y que incluso en aquella época se comentaba que basar una relación duradera en un sentimiento tan volátil, caprichoso y efímero podía ser problemático. Incluso algunos predijeron acertadamente que casarse por este sentimiento aumentaría el índice de divorcios al 50 por ciento. “El amor es, como los franceses decían, una locura temporal que sólo se cura con el coito”, agrega la autora.

Y si es tonto casarse por amor, para ellas lo es mucho más divorciarse cuando este sentimiento se acaba. La propia Drake dice que “si yo hubiera sabido que el amor era un sentimiento pasajero, no me habría ido”, hablando de su primer matrimonio en una entrevista para el London Times. Hoy ella se ha vuelto a casar con un ingeniero colombiano.

La razón principal para no acabar el vínculo es que el divorcio es una alternativa muy costosa para la mujer. En febrero de 2009, Stephen Jenkins, director del Institute for Social and Economic Research, dio a conocer los resultados de un trabajo en el cual se observa cómo, luego de una separación, el ingreso de los hombres aumenta progresivamente hasta un 25 por ciento, mientras el de las mujeres cae en una quinta parte, probablemente porque son quienes más asumen el peso del cuidado de los hijos.

Además encontraron que una de cada cinco mujeres en edad de jubilarse y sin pareja, está en el nivel de pobreza.

También es frecuente que los hombres las dejen a los 40 –cuando los atributos por los cuales las escogieron, belleza y fertilidad, se van desvaneciendo–, para encontrar a alguien más joven con quien empezar una nueva familia. Ante esto, las mujeres no tienen otra opción que volver a la fuerza laboral para ganarse el pan de cada día. Y de vuelta en el mercado laboral, las mujeres se encuentran con muchos obstáculos para alcanzar un buen estatus económico debido a que las condiciones para ellas muchas veces no son justas. “Nosotras ganamos menos dinero que ellos”, sentencia Drake. Además, a las mujeres les queda más difícil reencaucharse y volver a venderse bien –ahora con más años e hijos encima– en el mercado matrimonial. Por eso piensan que cazar fortunas no se debería condenar. “¿Qué es peor: usar la vida de alguien y desecharla a los 40, o compartir los activos financieros con alguien?”, pregunta la autora.

No se trata de igualar dinero a felicidad. Tanto Ford como Drake son conscientes de que las cosas materiales son necesarias pero no definitivas. Lo que dicen es que una mujer inteligente debe contemplar el dinero como una carta importante a la hora de escoger pareja. El razonamiento es que si los hombres las escogen a ellas por otros valores tan superficiales como su físico y luego las dejan, el esposo debería pagar por eso. Es como una especie de seguro de vida ante el riesgo de que las echen a los 40 y que se haría efectivo en caso de que se cumpla esa condición.

También invitan a que basen sus relaciones en fundamentos más sólidos que el amor romántico, pues las parejas que tienen vínculos más duraderos lograron transformar el romance en un sentimiento mucho más resistente “casi siempre basado en aficiones en común, respeto mutuo y compromiso hacia la familia”... y, por supuesto, en los recursos financieros de él.

Y aunque no están interesadas en enfrascarse en una pelea con el feminismo, creen que este movimiento ha llevado a las mujeres a querer tener todo: el amor, la maternidad, el trabajo, el dinero, el matrimonio. No obstante, para ellas ese sueño no ha funcionado. Muchas de las mujeres, luego de obtener diplomas y MBA, se han dado cuenta de que no vale la pena hacer parte de la fuerza laboral y han decidido quedarse en casa convertidas en “mamás que hacen un excelente café ‘latte’ y llevan los pañales en carteras de Dolce y Gabbana”.

La conclusión de las autoras es que lo más acertado que una mujer puede hacer es poner el matrimonio dentro de su panorama financiero desde el principio para asegurarse su futuro económico. Para ello es importante acabar con el sueño del amor de cuento de hadas, que ve mal que una mujer piense en la plata. “Queremos decirles que sean astutas y que traten de evitar un desastre económico por estar aferradas a viejos paradigmas sobre el amor y el matrimonio”, concluye Drake.
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