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| 3/31/2012 12:00:00 AM

Todo a su tiempo

Muchos matrimonios en crisis buscan ayuda en la psicoterapia. Sin embargo, la mayoría acude tarde, cuando la ruptura es inminente y el tratamiento ya poco puede hacer.

Los conflictos son algo natural en cualquier relación afectiva, especialmente en los matrimonios. La mala comunicación, el egoísmo, los desacuerdos y las constantes peleas van rompiendo los lazos que unieron alguna vez a esas dos personas y se llega a un punto en el que la situación se vuelve insostenible. Por eso, cientos de parejas acuden a psicoterapia para someterse a tratamiento e intentar solucionar sus problemas. Sin embargo, en la mayoría de casos la eficacia de este tratamiento es muy baja.

Según un estudio publicado en 2005, para el que se entrevistaron a varias parejas que asistieron a terapia durante dos años, menos del 25 por ciento de los encuestados afirmó que les había servido. Además, cerca del 30 por ciento señaló que su relación estaba peor que cuando empezaron las sesiones. Se estima que tan solo un tercio de los pacientes que se someten a terapia se sienten felices con su relación después de la misma. Según John Gottman, uno de los psicólogos de pareja más reconocidos del mundo, en los casos exitosos la mejoría empieza a verse luego de que han asistido al menos a seis terapias.

Una terapia de pareja puede no surtir el efecto deseado por varias razones. En primer lugar, las parejas que deciden sentarse en el diván lo hacen luego de haber vivido al menos seis años de infelicidad y esto disminuye la posibilidad de que el tratamiento sea exitoso. También porque en la mayoría de los casos solo uno va a las consultas. Como señala un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Denver, en el 70 por ciento de las veces los hombres son quienes se resisten a participar, mientras que las mujeres son más dadas a buscar este tipo de ayuda porque se sienten más cómodas al hablar de sus sentimientos, afirma Howard Markman, psicólogo y coautor de la investigación.

Dadas estas circunstancias, algunos psicoterapeutas han optado por darle terapia de pareja a uno de los dolientes y, según el trabajo de Markman, este acercamiento puede funcionar. Sin embargo, esta debe ser siempre una segunda opción ya que “trabajar con ambos es más efectivo por la simple razón de que los problemas son creados por los dos”, dijo a SEMANA Brian D. Doss de la Universidad de Miami. La motivación debe ser mutua para sacar provecho de los consejos del psicoterapeuta. “Cuando los dos tengan claro que quieren recuperar su amor, la terapia puede ser exitosa”, le señaló a esta revista la psicóloga clínica Silvia Lema Rodríguez.

Para lograr que la terapia sane esas heridas abiertas es fundamental centrarse en fortalecer los lazos de la relación, en recuperar la confianza, la comunicación y el respeto perdidos y también en que la pareja haga el ejercicio de recordar por qué hubo atracción entre los dos en algún momento. Así, se pueden “crear nuevas conexiones emocionales”, afirma Doss.

Pero, desafortunadamente, lo que sucede con mayor frecuencia es que los esposos se dedican a quejarse del otro durante las sesiones. Esto pasa porque cuando acuden a estos expertos al menos uno de los dos ya ha tomado la decisión de separarse y se limita a justificar esa decisión. En caso de que todavía haya fuego en las cenizas, los expertos dicen que cada quien se debe concentrar en sí mismo, en lo que hizo mal y en cómo enmendar sus errores, y no tanto en acusar al otro.

Lo más importante es que tan pronto haya síntomas de insatisfacción crónicos, tales como volverse esclavos de la rutina o no tener equilibrio entre el tiempo que dedican al trabajo y a su pareja, deben acudir a consulta para que esta pueda servir de algo, ya que, como afirma Thomas Bradbury, profesor de Psicología de la Universidad de California, un problema de pareja se compara con una persona que tiene una pierna fracturada, “mientras menos tiempo se demore en ir al hospital, sanará más pronto”, concluye.
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