Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/03/06 00:00

A todo volumen

La música en la guerra y en el deporte puede ser clave para ganar la batalla o triunfar en la competencia. Los expertos explican el impacto de los sonidos en estas actividades.

La música convierte A algunos soldados en monstruos y los hace cometer actos inhumanos

En medio de las imágenes de la guerra en Irak, un detalle resulta particularmente curioso. Debajo del casco, y junto con sus implementos militares, los soldados norteamericanos van al combate conectados a sus iPods. El hecho de que se encaminen a un momento de vida o muerte mientras oyen heavy metal a todo volumen ha vuelto a poner sobre el tapete los efectos de la música en el ánimo de los combatientes, en particular, y en quienes realizan actividades cotidianas, en general.

Jonathan Pieslak, un teórico de la música del City College de Nueva York, encontró que la mayoría de los soldados utilizan sus reproductores para inspirarse antes de los combates, ya que la música los prepara sicológicamente para tener una mentalidad ofensiva y estar alertas durante las misiones. La tesis es resultado de una investigación que comenzó en 2004, para la que entrevistó a varios soldados estadounidenses de la primera generación de combatientes con reproductores portátiles, como iPods o mp3, sobre la música que ellos escuchaban durante su permanencia en Irak. Los resultados de este trabajo fueron publicados en el libro Sound targets: american soldiers and music in the Iraq War.

"Escuchar música te vuelve agresivo cuando necesitas estarlo. Sabes que vas a salir y te van a disparar. No importa si no pasa nada, es sólo estar preparado para una eventualidad", dijo el sargento primero C.J. Grisham, en una de las entrevistas. Otro soldado dijo que escuchaba a Slayer, una agrupación de metal, porque el sonido le recordaba el de un arma. El poder de la música era tal que algunos dijeron que ciertos temas los convertían en monstruos, y que los llevaban a cometer actos inhumanos.

Usar la música en la guerra no es una práctica nueva. Desde la antigüedad, los ejércitos utilizaban tambores y cuernos en el campo de batalla para guiar y motivar a las tropas. Al menos desde el siglo XVIII, la banda acompañaba al ejército en plena batalla, y los soldados nazis eran alentados antes de la lucha con música de Richard Wagner en los altoparlantes. La sicóloga Juanita Eslava, del Instituto Colombiano de Neurociencias, explica que la música tiene un efecto dinamizador en el organismo, es decir, que los sonidos le imprimen una energía al cuerpo y puede incitar a las personas a realizar una acción determinada.

Pero no todos los soldados entrevistados por Pieslak tenían una relación belicosa con la música. El sargento Colby Buzzell, por ejemplo, dijo que en varias ocasiones escuchaba a The Cure mientras limpiaba su fusil, o el sargento Ronald Botelho, para quien el jazz era la melodía precisa a la hora de dormir. Desde la musicoterapia se habla de música relajante y estimulante. La primera -explica el sicólogo Álvaro Ramírez- motiva la acción y se caracteriza por pulsos fuertes, ritmos rápidos y por la intensidad de los sonidos. La segunda tiene un tiempo más lento, los instrumentos son más melódicos y no tiene cambios abruptos.

Pieslak aclara que no todos los gustos musicales fueron iguales y que éstos dependían de la edad, la etnia y el origen de cada soldado. Esto se debe, según la musicoterapeuta María del Pilar Rodríguez, a que más allá del género lo que importa es que la canción tenga un vínculo estrecho con la persona que la oye. "No existe una fórmula que garantice que una canción va a tener el mismo efecto en dos individuos. Se trata de un gusto individual que está influenciado por la cultura y el contexto en el que se crió la persona", dice Rodríguez.

Aún así, el autor sí encontró algunas generalidades como que el heavy metal era el género más común en los soldados blancos, mientras que entre los negros era el rap. "El metal tiene un impacto directo a través del poder del sonido, mientras que en el 'rap' las letras parecen ser más influyentes", dijo Pieslak a SEMANA. También advirtió que una de las canciones más escuchadas era Bodies, del grupo de metal Drowning Pool, en la que se repite constantemente el estribillo "let the bodies hit the floor" (dejemos que los cuerpos choquen contra el suelo). Al respecto, una investigación de la Universidad de Iowa, que involucró a 500 estudiantes, examinó los efectos de algunas canciones con letras violentas en el comportamiento de las personas. Los investigadores encontraron que la exposición repetida a letras violentas contribuía al desarrollo de una personalidad agresiva y generaba un ambiente social más hostil aun sin que hubiera amenaza alguna.

En el deporte
Al igual que en los soldados, la música también ayuda a los deportistas a concentrarse en una meta, para así obtener mejores resultados. Por eso no es raro ver cada vez más deportistas de alto rendimiento con reproductores durante las competencias, como en los recientes Juegos Olímpicos de Vancouver, donde la mayoría de los participantes se deslizaban por la nieve con los audífonos puestos. O hace dos años, en los Juegos Olímpicos de Beijing, cuando se dijo que el secreto del éxito del nadador Michael Phelps estaba en la lista de reproducción que escuchaba y que sólo interrumpía segundos antes de entrar al agua (ver recuadro). El médico endocrinólogo Miguel Suárez explica que la música estimula partes del cerebro que generan una secreción de hormonas, y éstas a su vez "regulan distintos procesos fisiológicos como la actividad cardiaca, la función respiratoria y el aparato nervioso".

Varios estudios han demostrado que escuchar una canción durante el ejercicio físico puede traerle beneficios a una persona en términos de resistencia y rendimiento. En una investigación realizada por científicos de la Brunel University, en Londres, le pidieron a un grupo de 30 personas que corrieran en una cinta deslizadora mientras escuchaban una selección de canciones entre las que se incluyeron temas de Queen, Red Hot Chile Peppers y Madonna. El objetivo era que los participantes corrieran al ritmo de la música. Los resultados mostraron que cada individuo tuvo un aumento hasta del 15 por ciento de resistencia y que su estado de ánimo mejoró, por lo cual la experiencia del ejercicio fue mucho más positiva y placentera.

La investigación fue coordinada por el sicólogo experto en deporte, Costas Karageorghis, quien en experimentos pasados también demostró que los atletas que corrían mientras escuchaban música 'sincrónica', es decir, aquella en la que el ritmo se ajusta con los movimientos de su cuerpo, podían soportar cinco veces más esfuerzo que quienes no escuchaban nada. "El tono adecuado puede ayudar a cualquier persona a correr más rápido o a levantar pesas más pesadas", dijo Karageorghis al periódico inglés Times.

La discusión sobre qué tan ético puede ser el uso de la música en estas actividades apenas comienza. Algunas agrupaciones ya se han quejado porque sus canciones se utilicen en actividades que ellos critican. Sin embargo, como dice la sicóloga Eslava, "nadie puede decirle a una persona qué escuchar y qué no". En cuanto al deporte, aún no hay una regulación que prohíba el uso de reproductores, salvo en las maratones de Nueva York. Lo único cierto por ahora es que la música, más que entretener y deleitar, hoy juega un papel clave para potenciar la mente y el cuerpo con el fin de conseguir mejores resultados, tanto en la guerra como en la paz.

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