Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2006/08/05 00:00

Tres son compañía

Cada vez más parejas duermen con sus hijos. Nuevos estudios señalan que esta práctica les traerá beneficios sicológicos cuando sean adultos.

Tres son compañía

A la mayoría de quienes son padres hoy escuchó a los pediatras decir: "El bebé tiene que aprender a dormir solo y mientras más rápido, mejor". El argumento que apoyaba esta afirmación sonaba lógico. Los niños que dormían en la cama de los papás desarrollaban malos hábitos de sueño y serios problemas de dependencia cuando grandes. Además, la relación de pareja se podría afectar, pues otro personaje metido entre las cobijas convertía la cama en algo muy alejado a un lecho de amor. El famoso doctor Spock, que guió a toda una generación de padres en el tema de la crianza, fue uno de los que apoyaron esta idea. "Es una regla importante no llevar al niño a la cama de los padres por ninguna razón", escribió el experto en su libro Dr. Spock's Baby and Child care. Más tarde, Richard Ferber, director del Centro de Desórdenes del Sueño Pediátricos del Children's Hospital de Boston, tomó sus banderas en esta cruzada. Su actitud era tan estricta, que fue llamado por algunos Sleep nazi (nazi del sueño). "Dormir sólo es parte importante del aprendizaje del niño para ser capaz de separarse de sus padres y verse como un individuo independiente", escribió en 1986, en su libro Solve your Child's Sleep Problems. "Si el niño se mete entre usted y su pareja, se sentirá demasiado poderoso y responsable de una separación entre los dos".

Este año, sin embargo, Ferber cambió de posición y en la última edición del texto -que apareció recientemente en Estados Unidos- cambió la frase anterior por una menos contundente: "Mientras el niño esté durmiendo bien, no hay evidencia de que una de estas formas (dormir solo o con los padres) sea mejor para él en términos sicológicos". Aun más, en una entrevista para la revista Newsweek dijo que se arrepentía de haber escrito lo contrario hace 20 años.

Lo que hizo cambiar la manera de pensar de Ferber es la evidencia científica que se ha construido alrededor del tema en los últimos años. Ninguno de los estudios realizados recientemente ha arrojado resultados que apoyen la idea de que a los niños les va mejor durmiendo solos. Por el contrario, una y otra vez confirman que tienen más riesgo de desarrollar dependencia e inseguridad cuando los obligan a dormir en solitario.

Y es que el hábito de separar a madres e hijos es relativamente nuevo en los países de Occidente. Antes de 1700, lo normal era que los niños durmieran en compañía de su mamá durante los dos primeros años de vida, pues eran considerados como extensiones de ellas. Dejarlos dormir en un sitio alejados y en silencio se veía -y aún se ve hoy en algunas culturas- como algo aberrante. Los científicos de este lado del planeta están ahora entendiendo por qué.

Entre las ventajas que se han encontrado está que la cercanía a los padres se traduce en mayor confianza y seguridad cuando son grandes. Un estudio hecho entre familias de clase media en Gran Bretaña mostró que los niños que no dormían con sus padres eran menos felices y se mostraban más temerosos. En otro trabajo, hecho por Lewis y Janda con niños que durmieron hasta los 5 años con sus padres, se encontró que tenían mejor autoestima, menos sentimientos de culpa y ansiedad. Los niños que durmieron hasta los 11 años también mostraron mayor autoestima.

Los expertos están convencidos de que los bebés no vienen diseñados biológica ni sicológicamente para dormir en aislamiento total. "Ellos son todavía de la 'edad de piedra', y vienen programados por la madre naturaleza para buscar compañía, confort y seguridad en la noche y en el día", dijo a SEMANA Jan Hunt, autora del libro The Natural Child.

Y ningún sitio mejor para encontrar ese confort que la madre. El pediatra James McKenna, líder en este tipo de investigación, sostiene que los niños responden en forma positiva a las señales físicas y sicológicas sensoriales como sonidos, movimientos, contacto y olor, cuando se sienten acompañados. "Debemos presumir que el ruido social externo les da una sensación de seguridad",dice McKenna. Por ello les recomienda a los padres que, si optan por un cuarto aparte para el recién nacido, dejen la puerta abierta y usen el walkie-talkie, pero al contrario: colocando el micrófono donde están los adultos y el receptor en el cuarto del bebé, para que él pueda escuchar de cerca a su familia.

Esta práctica también ayuda a hacer más fácil la crianza. Numerosos trabajos han encontrado que la cama familiar es beneficiosa tanto para las madres como para los bebés, pues esa cercanía les permite a ellas dormir mejor que cuando lo hacen en lechos separados, y a los pequeños tener acceso a la leche materna con mayor frecuencia. "Los bebés lloran mucho menos en un ambiente de colecho", afirma McKenna, y se cree que esa energía ahorrada se utiliza para el crecimiento.

Por otro lado, los padres también se benefician. "Hay muchos que sólo ven a su recién nacido por la noche y encuentran que el vínculo afectivo se da en ese espacio y a esa hora", afirma Marco Aurelio Venegas, médico experto en sueño.

Una preocupación válida es la posibilidad de que el niño sufra algún accidente mientras duerme con un adulto. Incluso muchos detractores de este hábito insisten en que los casos de síndrome de muerte en la cuna han aumentado desde cuandose incrementó el colecho en Estados Unidos. McKenna sostiene que, si bien "no existe el ambiente libre de riesgos", cuando se toman ciertas precauciones, tanto la madre como el niño sienten la proximidad y evitan situaciones que podrían ser peligrosas. "Los estudios antropológicos y de desarrollo sugieren que las madres y los niños están diseñados para responder a la presencia del otro",dice el experto, en su sitio web. No obstante, los expertos indican que la proximidad del bebé en la cama de la madre le permite responder a cambios en el estado del bebé y actuar más rápido en caso de peligro.

La sola idea tiende a generar rechazo. El médico pediatra Carlos Torres les habla a los padres de las ventajas y los inconvenientes de ambas opciones y asegura que luego de escucharlo, más del 75 por ciento de sus pacientes dice 'que duerman solos'. "A mí personalmente no me gusta y creo que cada familia debe resolver ese problema de acuerdo con sus circunstancias y respetar cualquier decisión".

El gran interrogante es hasta cuándo un hijo debe compartir cama con sus padres. Jan Hunt dice que esa decisión se le debe dejar al niño. "Él saldrá de la cama cuando esté listo, sin necesidad de coerción, ni siquiera de sugerencias", sostiene. Para Tom Lewis, siquiatra y coautor del libro A general Theory of Love, lo importante es acompañarlo en todos los procesos de independencia, pues esta surge naturalmente, no tanto de frustrar y desestimular la dependencia, sino de saciarla. Dice Lewis: "los niños se apoyan fuertemente en los padres, para estar seguros. Y cuando han tenido suficiente dependencia, siguen adelante: a sus propias camas, casas y vidas".

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