Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/12/18 00:00

¡Tú eres idéntico a ...!

Personas que no tienen ninguna relación familiar y que parecen hermanos gemelos son bastante frecuentes. La explicación científica es muy simple: es cuestión de azar.

"Tertuliano MAximo Afonso se levantó del sillón, se arrodilló delante del televisor, la cara tan pegada a la pantalla como le permitía la visión, 'Soy yo', dijo, y otra vez sintió que se le erizaba el pelo del cuerpo". Así describe José Saramago en su reciente novela, El hombre duplicado, el momento en que el protagonista descubre a su doble perfecto. La escena sucede una noche mientras ve desde su cama una película que había pasado por las carteleras sin pena ni gloria hacía ya unos cinco años. En la trama del libro Afonso queda aterrado al descubrir que el actor que hace de recepcionista en la película es su copia exacta. "Salvo unas leves diferencias, pensó, el bigote sobre todo, el corte de pelo distinto, la cara menos rellena, es igual que yo". Afonso, que es un profesor de historia de casi 40 años, se obsesiona con su doble y emprende una búsqueda para saber de quién se trata y así conocerlo personalmente. El hecho de saber que en la misma ciudad había una persona idéntica le generó una crisis de identidad que Saramago aprovecha para narrar los conflictos internos del ser humano. Observar personajes que tienen un doble idéntico sin que medie entre los dos parentesco alguno sólo resulta posible en la imaginación, pues los únicos ejemplos reales de este fenómeno son los gemelos idénticos y, si la ciencia lo logra, los clones. Pero esta realidad no ha impedido que a lo largo de la historia escritores y literatos, como Dostoievski y Edgar Allan Poe, entre otros, se interesen en el tema desde un punto de vista filosófico. Esa fascinación ha trascendido la literatura y en lo cotidiano casi todo el mundo ha tenido una experiencia con el tema de los dobles de la misma manera que el personaje del premio Nobel. Quién no ha escuchado la frase: ¡Eres igualito a fulanito! O a quién no le ha pasado que, cuando conoce a alguien, de inmediato le encuentra un aire con otra persona del pasado, por decir algo, con su profesor de historia de tercero de bachillerato. Es más, muchos tienen la manía de buscarle parecido a cualquier amigo o vecino con algún famoso. Algunos de estos parecidos son muy tenues y hay que hacer muchas concesiones para lograr la similitud. Pero otros son tan sorprendentes que confunden a todo el mundo. Es el caso de Eduardo Sáenz, quien en un viaje a Nueva York entró a un restaurante y le dieron tratamiento preferencial porque pensaron que se trataba de Gene Hackman. "Yo miré tan sorprendido a la administradora del lugar que ella en seguida se dio cuenta que era una equivocación", cuenta Sáenz. Algo parecido le sucede a Guillermo León Escobar, embajador de Colombia ante la Santa Sede, a quien la gente detiene en las calles de Roma para solicitarle un autógrafo pues lo confunden con Luciano Pavarotti. Algunos aprovechan estos parecidos para sacar partido de la situación. Joseph Manuella, por ejemplo, quien es la copia exacta de Robert de Niro, fue demandado por hacerse pasar por el actor para recibir descuentos en hoteles y restaurantes. Uno de los parecidos más sorprendentes, en opinión de muchos, era el que tenían el fallecido político Alvaro Gómez Hurtado y el actor Humphrey Bogart. Otros le ven parecido a Paula Jaramillo con Shannen Doherty, Brenda Walsh en la serie Beverly Hills 90210; a Gustavo Bell con el príncipe Ernst de Hanover y, recientemente, al economista Luis Carlos Valenzuela con John Corbett, el protagonista de la película La boda griega. La atracción por el tema tal vez reside en el hecho de que muy pocos pueden explicar por qué dos personas, que pueden estar muy cerca o localizadas en dos lugares diferentes del planeta, puedan ser parecidas sin tener lazos de consanguinidad. Para los científicos la respuesta es muy simple: las similitudes físicas entre las personas se dan por azar. Según explica el genetista Juan Yunis, dos personas que pertenecen a una misma raza pueden parecerse sólo porque comparten ese mismo patrón racial. "Si yo soy caucásico debo esperar que en ese grupo haya personas parecidas a mí, dice el experto. Es una coincidencia", añade. Por eso entre las comunidades que se han mantenido aisladas es mucho más probable encontrar este tipo de parecidos que en poblaciones donde ha existido mezcla racial. El ojo del observador influye a la hora de encontrar parecidos, dicen los conocedores. Para muchos occidentales, por ejemplo, los japoneses vienen todos cortados por la misma tijera. Sin embargo entre ellos hay diferencias distintivas que no dan lugar a confusiones. Esto también sucede con los animales. "Si cualquier persona ve dos cachorros doberman le parecerán iguales pero tal vez sus respectivos amos van a encontrar rasgos concretos que los hacen muy diferentes", dice Yunis. Otros explican que el asunto no es más que una ilusión óptica, pues al primer vistazo la similitud puede ser enorme pero al observar detenidamente y comparar al sujeto con su supuesto doble el parecido ya no es tan evidente. "Es muy improbable que a alguien lo confundan con otro en forma indefinida", dice el genetista Alejandro Giraldo. Además el hecho de que la apreciación sea subjetiva puede tener su explicación en que estos parecidos no siempre se dan en el plano físico. Para el cirujano plástico Fernando Pedroza esa relación puede establecerse a partir de los gestos y la manera de expresarse. "Alguien puede tener un aire a Elvis Presley y con sólo añadir ciertos detalles, como comprarse unas enormes gafas de marco blanco, echarse gel y dejarse crecer las patillas, puede lograr que el parecido sea mayor", comenta. En gran medida ese es el éxito de los dobles de personajes famosos. Según Jon Thompson, de la agencia LookalikesUsa (www.lookalike-usa.com), algunos de estos retratos vivientes son exactos pero otros sólo son parecidos y deben "vestir y hablar como el original para lograr el efecto necesario". Esta compañía tiene más de 900 modelos y los contratan para cocteles, inauguraciones, fiestas de empresas, reuniones y lanzamientos. Pero a veces los llaman para otras tareas, como aparecer en anuncios y comerciales. El propio Bill Gates, por ejemplo, contrató a su doble, Steve Sires, para que apareciera en un video institucional de Microsoft. La mayor parte de los asistentes a esos eventos creen que se están codeando con una celebridad. Sin embargo al final se les advierte que se trata de un doble. En otras ocasiones se contratan para que canten o cuenten chistes como "Ozzy Osbourne, Marilyn Monroe, Elvis y Austin Powers, que son en la actualidad los más solicitados". La tarifa por este servicio está entre 250 y 5.000 dólares. El negocio es tan rentable que muchos se ganan la vida personificando a otros. Encontrarles dobles a otras personas puede ser un pasatiempo muy entretenido para el común de la gente, hasta que alguien les dice que conocieron a su propio doble. Cuando lo viven en carne propia la mayoría se sienten incómodos, ya sea porque el doble es un personaje famoso que se presta a burlas o porque se trata de una persona que no goza de mucha popularidad como, por ejemplo, jefes de la guerrilla o narcotraficantes. Pero también genera una mezcla de angustia y curiosidad, como le sucede a Máximo Afonso, el personaje de Saramago, saber que existe un doble que anda por ahí suelto y que en cualquier momento se lo puede encontrar cara a cara.

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