Lunes, 23 de enero de 2017

| 2005/08/07 00:00

Tú, ¿robot?

Repliee Q1 es la androide más parecida a un ser humano construida hasta el momento: habla, parpadea y se mueve inconscientemente. ¿Cuánto falta para que las máquinas se confundan con los humanos?

La androide tiene un sistema de sensores bajo la piel que le permite captar la presencia de humanos y responder a algunos de sus gestos. No puede caminar, pero del torso para arriba se mueve de forma natural y fluida, gracias a un mecanismo de 42 accionadores hidráulicos.

En su clásico de la ciencia ficción: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas, el escritor Philip K. Dick imagina un planeta Tierra en la era posnuclear, cubierto por una nube de polvo radiactivo y en donde la vida animal prácticamente ha desaparecido. En esta atmósfera apocalíptica, ciertas compañías se dedican a fabricar sofisticados animales mecánicos de increíble parecido a los reales, como pájaros, caballos, ovejas... y 'humanos'. El gran problema con estos androides es que son tan similares a los hombres que resulta casi imposible distinguir unos de otros. Y por alguna razón, muchos quieren asesinar a los humanos.

Aparte la ciencia ficción -y la guerra nuclear-, hace un buen tiempo algunos científicos se han dedicado a fabricar androides que se puedan confundir con los humanos y lleguen incluso a desempeñar trabajos simples y repetitivos, pero que requieran interacción social. Uno de los investigadores más destacados en este campo es el profesor Hiroshi Ishiguro, de la Universidad de Osaka (Japón), quien hace unas semanas presentó en sociedad a Repliee Q1, el robot de mayor semejanza con los hombres construido hasta ahora. Repliee Q1 fue exhibida en la Exposición Mundial Aichi 2005, también en Japón, que durante 185 días reúne cerca de 15 millones de personas de todo el mundo alrededor del mensaje: 'La sabiduría de la naturaleza'.

Curiosamente, no ha sido la sabiduría de la naturaleza lo que más ha llamado la atención de los visitantes, sino el Proyecto Robot, en el cual se muestran más de 100 prototipos de máquinas inteligentes con diversas funciones. Hay, por ejemplo, robots anfibios similares a serpientes o robots aéreos que realizan acrobacias. También hay robots compañeros de baile y robots que batean pelotas de béisbol a más de 160 kilómetros por hora. Y hay robots 'artistas' que dibujan retratos o un singular robot diseñado exclusivamente para poner la mesa con una vajilla de cerámica japonesa.

Pero la reina del Proyecto Robot ha sido sin duda Repliee Q1. La androide está lejos de alcanzar el nivel de sofisticación de otras máquinas inteligentes, y apenas cumple con simples funciones básicas como parpadear, mover las manos y simular los movimientos de la respiración. No puede caminar, pero hace algo que ningún otro robot puede hacer: simula una interacción natural como la que se tiene con otro ser humano.

En experimentos en los que pusieron a interactuar a Repliee Q1 con personas de carne y hueso, Ishiguro y su equipo llegaron a un descubrimiento muy importante: los humanos reconocían conscientemente que su interlocutor era un androide, pero inconscientemente reaccionaban como si estuvieran interactuando con una persona. Por ejemplo, evadían la mirada cuando le decían una mentira al androide o levantaban la vista antes de contestarle una pregunta difícil.

La razón de esto es que Repliee Q1 está diseñada para relacionarse con humanos no sólo verbalmente, sino también mediante signos no verbales como el contacto visual, los gestos faciales y ciertos movimientos corporales leves como los producidos por la respiración. "Mi propósito es entender la interacción humano-máquina a través de mis androides", le dijo a SEMANA en entrevista vía e-mail el profesor Ishiguro.

No en vano es el padre de lo que él mismo denomina "ciencia androide", que busca integrar la robótica con áreas de conocimiento específicamente humanas como la sicología y la ciencia cognitiva. La ciencia androide se basa en el supuesto de que los dos elementos fundamentales para desarrollar robots humanoides son la apariencia y el comportamiento. De ahí que el equipo dedique mucho tiempo a detalles del diseño como la textura de la piel -que está hecha de silicona e imita casi a la perfección a la humana-, la humedad de los ojos o los gestos de las cejas; pero también a particularidades del comportamiento, como los micromovimientos de la cabeza y los hombros. Para desarrollar semejantes sutilezas de la conducta, Ishiguro ha desarrollado dos complejos sistemas: uno de sensores internos distribuidos bajo la piel que le sirven al robot para reaccionar ante algunos gestos de su interlocutor; el otro es un sistema de 42 accionadores hidráulicos que le permiten imitar de manera fluida los movimientos inconscientes (como la respiración) y conscientes (como los de las manos y los brazos) de los humanos.

La pregunta es: ¿llegará el día en que los androides se puedan confundir, en su apariencia como en su comportamiento, con los seres humanos? "En cuanto a la apariencia, la respuesta es sí -afirma el cauteloso profesor-. Pero no en cuanto al comportamiento. Es bastante y requiere muchos desarrollos en inteligencia artificial. Yo no lo espero todavía y lo veo lejano".

No obstante, Ishiguro ha llegado a una hipótesis: si un humano responde inconscientemente a un androide como si fuera otro humano -tal y como lo demostró en el experimento-, lo aceptará como un miembro social e interactuará con él, incluso si conscientemente lo reconoce como robot. De modo que, por qué no, en un futuro relativamente corto los androides descendientes de Repliee Q1 o de Repliee Q2 (su hermana), podrán trabajar como niñeros, recepcionistas o guías turísticos, sin generar problemas de empatía con los humanos.

Eso sí, falta mucho tiempo todavía para que, como en la novela de Philip K. Dick, desaparezca la línea que divide la vida real de la artificial. Por suerte, para el profesor Ishiguro "eso tomará por lo menos 100 años". De modo que las historias de androides asesinos se pueden quedar todavía en la ciencia ficción.

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