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| 9/5/2011 12:00:00 AM

Un enorme reloj que marcará la hora durante 10.000 años

En el interior de una remota montaña en el oeste de Texas, en Estados Unidos, está viendo la luz un inusual proyecto: la construcción de un reloj de unos 60 metros de altura que podrá funcionar sin mantenimiento durante diez milenios.

Ideado en 1986 por el ingeniero e inventor Danny Hillis, el conocido como reloj de los 10.000 años no será diferente tan solo por su longevidad y tamaño: el mecanismo contará milenios en vez de en horas, siglos en vez de minutos y años en vez de segundos.
 
La construcción del reloj -financiada en buena parte por el fundador del gigante del comercio en línea Amazon, Jeff Bezos, quien realizó una donación de US$42 millones- durará varios años y está siendo impulsada por la Fundación Long Now.
 
Según los responsables del proyecto, el diseño final del reloj está prácticamente listo y ya se están fabricando en California y Seattle las partes que lo compondrán.
 
"Diez mil años resulta un periodo interesante ya que es básicamente el tiempo en el que ha existido una civilización con tecnología", le comentó en su momento a la BBC Danny Hillis.
 
"Tenemos artefactos con una antigüedad de 10.000 años. Son vasijas y cestas, artefactos muy simples. Pero si han perdurado durante 10.000 años podemos creer que es posible construir un artefacto que perdure durante 10.000 años", aseguró Hillis.
 
Sistema mecánico-binario
 
Ya comenzó en una montaña de la texana Sierra Diablo la perforación de los diferentes túneles del complejo que albergará la maquinaria del reloj, que será instalada en una cámara de unos 150 metros de altura por la que se podrá ascender gracias a una escalera en espiral esculpida en la roca.
 
Para mantener en funcionamiento el reloj se plantearon varias opciones que fueron descartadas por el camino, como utilizar energía nuclear.
 
Todavía deben tomar una decisión al respecto, aunque podrían decantarse por aprovechar los cambios de temperatura que se dan en el desierto entre el día y la noche.
 
En cualquier caso, aunque la maquinaria siempre estará funcionando, para conservar energía el reloj no mostrará la hora presente, sino que serán los visitantes quienes, girando una manivela, marcarán la hora de ese momento. Así que el reloj mostrará la hora que dejó el último visitante que lo ajustó.
 
El conteo exacto de las horas, días, años solares y otras efemérides astronómicas se realizará a través de un sistema mecánico-binario.
 
El reloj tendrá tal precisión que tan solo se desviará un día cada 20.000 años y se autocorregirá automáticamente en base a la posición del sol, según explican sus creadores.
 
Al inicio, los responsables del proyecto delinearon unos principios básicos que debían seguirse en la construcción del reloj.
 
Primero, debe poder ser mantenido por futuras generaciones sin necesidad de otra tecnología que la que se utilizaba en la Edad del Bronce.
 
Además, el reloj debe ser preciso, incluso después de 10.000 años, y no ha de contener piezas valiosas que pudieran atraer la atención de los ladrones.
 
Por otro lado, el funcionamiento de la maquinaria debe ser entendible a simple vista, sin necesidad de desmontarla.
 
Por último, se ha de poder mejorar el reloj con el paso del tiempo.
 
Salas conmemorativas
 
Las campanadas del reloj serán producidas en base a un algoritmo que creará secuencias aleatorias de notas musicales. Al ritmo de una campanada al día durante los próximos 10.000 años, se necesitarán 3,5 millones de combinaciones diferentes si no se quiere repetir ninguna.
 
En el lugar donde se construirá el reloj también se excabarán cinco salas en las que se conmemorarán diferentes aniversarios de la máquina: al año, a los 10 años, a los 100 años, a los 1.000 años y a los 10.000 años.
 
La sala del primer aniversario incluirá una instalación con un planetario y todas las naves espaciales que fueron lanzadas en el siglo XX.
 
El diseño de la sala del 10º aniversario todavía debe decidirse y el de las otras se dejará para futuras generaciones.
 
Los creadores del reloj decidieron que este debía construirse en un terreno remoto y sin valor económico, para evitar el vandalismo y el desarrollo, por lo que se eligió la Sierra Diablo, en el desierto de Texas.
 
La Fundación Long Now posee también una propiedad en Nevada en la que podría construirse un segundo reloj.
 
El primer prototipo del reloj a escala reducida empezó a funcionar el 31 de diciembre de 1999, justo a tiempo para el fin de milenio. Ahora se encuentra expuesto en el Museo de las Ciencias de Londres.

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