Domingo, 22 de enero de 2017

| 2007/11/24 00:00

Un entrenamiento vital

Está de moda tener un 'coach' para saber cómo jugar mejor en el trabajo y en la vida.

Un entrenamiento vital

Javier Mora es un arquitecto bumangués que hasta hace algunos años leía y enseñaba a leer el tarot. Tenía un don especial. En un 99 por ciento de los casos, lo que veía en la baraja sucedía. A pesar de su talento, esta actividad no le daba felicidad pues no todo lo que le comunicaban las cartas eran cosas buenas. "No sabía si hablar o callarme las desgracias de la gente. No le veía sentido a nada", dice. Su vida personal era un caos. Su segundo matrimonio estaba a punto de fracasar y tenía problemas con toda su familia. Pero las cosas empezaron a cambiar cuando oyó hablar del coaching. Con unas sesiones, su entrenador le enseñó a conocerse y a encontrar en él una fuerza interior que le sirvió para reinventarse. "Abandoné el tarot, quemé todas mis cartas y cambié mi vida", recuerda. Hoy está dedicado a la arquitectura y a ayudar a quienes quieran encontrar esa fuente de motivación interna que los lleve a conseguir sus metas.

El vuelco en la vida de Javier es lo que generalmente sucede con las personas que se someten a un proceso de coaching, la última tendencia entre ejecutivos, padres, profesionales y hasta amas de casa que quieren mejorar sus vidas.

Muchas veces se buscan cambios sutiles pero se termina con giros de 180 grados como el de Javier. Un ejecutivo, por ejemplo, logró vencer el miedo que le generaba hablar en frente de la junta directiva de su compañía. Pero otro, gracias al coaching, decidió matricularse en la facultad de arquitectura luego de haber sido un líder en el sector financiero durante muchos años. Y todo porque en el proceso descubrió que ese había sido un sueño frustrado al que quería darle rienda suelta.

Eso es básicamente lo que pretende el coaching: ayudar a que una persona realice cambios. Según Carlos Pardo, la palabra coach le cae como anillo al dedo a este proceso de intervención pues significa carruaje, un vehículo con el que se logra llevar a alguien de un lado a otro. El coaching busca movilizar a alguien a una meta o resultado. No importa cuán largo sea el viaje, lo importante es saber a dónde se quiere llegar.

Para entender mejor de qué se trata, conviene mirar cómo se aplica en los deportes, una de las disciplinas que primero lo adoptó. El coach o entrenador es el individuo que debe sacar lo mejor de cada jugador para que un equipo triunfe. Su propósito es trabajar en la motivación y en el conocimiento personal para que el deportista deje aflorar todas sus habilidades en el momento en que sale al campo de juego. En los otros campos donde se aplica el coaching hoy, sucede algo similar. El coach, a través de preguntas inteligentes, algunas veces difíciles, conduce a su cliente, el coachee, a encontrar sus propias respuestas. A veces se recurre a la neurolingüística, otras a la acción o a la conversación. Por lo general el proceso dura de cuatro a seis meses en los cuales se ofrecen 14 sesiones en promedio. Estas se pueden realizar en la oficina del coach, un parque o incluso por teléfono. El foco del trabajo lo establece el coachee pero en el proceso se pueden dar muchas sorpresas. Unos comienzan con ganas de buscar empleo en otra empresa y encuentran en el camino que no hay necesidad de irse, sino de reubicarse en otro cargo.

El éxito de un proceso de coaching se mide de la misma manera que en el fútbol, por resultados. Pero es posible que no se logren las metas debido a que no hay empatía con el coach o éste no se encuentra bien preparado, en cuyo caso lo mejor es despedirlo. "Pero también es posible que el entrenado se resista a cambiar", dice Carlos Pardo, del instituto internacional de liderazgo, debido, explica, a que no está interesado en rendir lo máximo pues no quiere enfrentarse a sí mismo ni retarse. Esto es más común de lo que se cree porque el proceso implica una mirada en el interior que muchas veces puede dejar al descubierto miedos, traumas, juicios o incluso llegar a mover los cimientos de la persona, algo para lo cual no todos están preparados.

Y por ello, porque implica mirarse adentro, el coaching puede parecer muy similar a una terapia sicológica o un sicoanálisis. Pero no lo es. Pardo explica que a estas disciplinas les interesa el pasado. "Nosotros, en cambio, nos centramos en el hoy para buscar resultados en el futuro". No obstante, si durante las sesiones de coaching se detecta un problema que amerita terapia, los coaches deben remitirlo a un especialista. Como algunos de los entrenadores son sicólogos, es posible que asuman estos casos directamente.

Así mismo la relación que entablan el coach y su cliente es distinta a la que establece un paciente con su terapeuta. En este tipo de trabajo, el coach es simplemente un facilitador, y por lo tanto su relación con el cliente es de igual a igual. "La idea es que cada cual encuentre su esencia sin que el 'coach' prescriba qué debe ser ni cómo se logra", dice el coach Chris Schreuders. Para Laura Jiménez, quien también es coach profesional, el coachee no es visto como alguien a quien le falta algo sino como una persona muy recursiva, que cuenta con todas las herramientas para llegar a donde quiere. Ese modelo de relación ayuda a que no se genere dependencia. Por eso el mejor momento de un proceso para Schreuders, es cuando escucha a su cliente decir: "Gracias Chris, ya lo puedo hacer yo solo".

Esta disciplina no es nueva en el mundo, pero en Colombia sólo ha cobrado un auge enorme en los últimos cuatro años. Hoy en el país se ofrece coaching prácticamente para todo: para la vida, para la educación, para ser padres, para incrementar la productividad, para la espiritualidad, para cambiar de puesto o para buscarlo, para la inducción de los empleados en un nuevo trabajo.

Para la entrenadora Teresita Cardona, el auge se debe a que la gente está cansada de vivir "con máscaras, agobiados por la soledad, controlados por el consumismo", afirma. El coaching, según ella, ayuda a liberarse de todas esas caretas que la gente va colocándose durante la vida. Al quitar ese disfraz es posible llegar a la esencia de lo que cada quien es. Por eso ella divide el proceso en varias etapas. La primera es descubrir el ser humano, luego viene la liberación, después la transformación y por último la construcción de un nuevo individuo. "Es un proceso profundo que permite a la persona salir con un nuevo vestido, dice. El 'coach' lo único que hace es prestar los ojos para ver algo que la gente no está viendo de sí misma", agrega.

Entre los clientes de Isabel Londoño, una experta en coaching de educación, se encuentran hombres y mujeres entre 25 y 35 años que quieren estudiar un posgrado en el exterior. Ella decidió ofrecer este servicio cuando se dio cuenta de que los consejeros de educación establecían una relación de poder con sus estudiantes en la cual había un experto que sabía y un estudiante que no. Con ese esquema, la consultoría tenía un impacto limitado y el estudiante terminaba sin saber lo que realmente quería. "Con el 'coaching' uno es un facilitador de los procesos pero es la persona la que encuentra sus respuestas", dice. Además, la decisión de ir a estudiar fuera del país es muy compleja pues las opciones son infinitas y aparte de que es una gran inversión, se debe pensar en muchas variables, como ciudad, país, idioma, universidad. "Es asustador porque el proceso de búsqueda los somete a una cantidad de pruebas personales para las que no están preparados", dice Londoño.

En el coaching para padres lo que se busca es entrenarlos para que sean coaches de sus hijos. Según Carlos Pardo es importante que los padres sepan cómo motivar a sus hijos, cómo comunicarse mejor y cómo ayudarlos a trabajar más en el desarrollo personal. "Hay estudios que muestran cómo los cambios de actitud, creencias, convicciones en las personas son las que determinan que cumplan sus metas", dice Pardo.

Tijn Touber, un periodista que mira estos procesos con cautela, advierte que lo mejor es no esperar milagros pues el coach no va a lograr nada si no se tiene conciencia de que para encontrar la iluminación y la claridad es necesario mirar hacia el interior. Después de todo, es el individuo y no el entrenador, el que tendrá que salir a la cancha a mostrar lo mejor de sí.

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