Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/02/13 00:00

Un gato fue el culpable del peor fracaso de la CIA

El felino tenía un micrófono en su oreja y una antena en su cola, pero algo falló.

El felino podría acercarse lo suficiente a los espías rusos como para grabar sus conversaciones y revelar los planes ultra secretos de los comunistas. Foto: .

Muchos de los artefactos inventados por la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) parecen sacados de una película de Hollywood en que los agentes secretos convierten esferos en armas letales y gomas de mascar en explosivos, pero no todos sus inventos han sido tan exitosos como se cree. Los científicos e investigadores de la CIA también se equivocan y en grande.

Prueba de esto es uno de sus proyectos secretos, del que se conocieron algunos detalles hace una década, pero que acaba de ser totalmente desclasificado para poner en vergüenza a la agencia secreta más poderosa del planeta.

Todo ocurrió en plena Guerra Fría durante los momentos de máxima tensión entre los servicios de inteligencia norteamericanos (CIA) y los rusos (KGB). Con la hegemonía mundial en juego hasta el más mínimo detalle podía inclinar la balanza hacia uno u otro de los bandos. Por eso, ambas potencias no escatimaron un centavo al invertir en tecnología, sobre todo si esta permitía interceptar las comunicaciones del enemigo y obtener información privilegiada.

Ese era precisamente el objetivo de la operación ‘Gatito Acústico’ (Acoustic Kitty), un ambiciosos proyecto de la CIA que pretendía en convertir a un gato en el espía perfecto.

Los científicos estaban convencidos de que nadie se percataría de la presencia de una mascota y que el felino podría acercarse lo suficiente a los espías rusos como para grabar sus conversaciones y revelar los planes ultra secretos de los comunistas.

Durante cinco años experimentaron quirúrgicamente con un gato al que le instalaron un micrófono diminuto en su pabellón auditivo. Sin embargo, para lograr que el felino se convirtiera literalmente en un micrófono andante fue necesario practicarle varias cirugías.

Al final los científicos le implantaron al felino un cable que recorría toda su columna vertebral hasta llegar a la punta de su cola, que hacía las veces de antena, y otro cable que llegaba hasta el pecho, donde le insertaron un transmisor y las baterías.



Una vez lograron que el sofisticado sistema de espionaje funcionara hicieron las primeras pruebas con el gato pero el fracaso fue rotundo. El animal, en vez de acercarse a los espías, se distraía con los árboles y los objetos que se topaba en el camino y ante el menor olor a comida abortaba la misión y se iba a buscar alimento.

Entonces los científicos operaron nuevamente al animal para anular en su cerebro la sensación de hambre. Y en cuanto a su atención dispersa, sometieron a la mascota a un intenso proceso de adiestramiento para que no se distrajera con ningún otro estímulo y se dirigiera directamente hasta el punto indicado por su entrenador y permaneciera rodeándolo por horas hasta grabar toda la conversación entre los espías enemigos.

En total el entrenamiento y las intervenciones médicas del gato tomaron cinco años y costaron cerca de 20 millones de dólares. De hecho durante la década de los sesenta y setenta el presupuesto destinado a proyectos de espionaje y contraespionaje llegó a quintuplicar el dinero destinado a la salud y la educación.

El proyecto ‘gatito acústico’ no fue la excepción y tras semejante despliegue de recursos, el felino finalmente estuvo listo. La CIA supo que dos espías rusos se iban a reunir en un parque cerca de la Embajada de la Unión Soviética y pensaron que era la ocasión perfecta para estrenar su nuevo agente felino y enviarlo para interceptar la conversación.

El dispositivo se puso en marcha y los agentes de la CIA, camuflados en una camioneta al otro lado de la calle, liberaron al gato para que se acercara a los dos hombres y les entregara información privilegiada.

Sin embargo, se les escapó un pequeño detalle. Durante el entrenamiento intensivo del gato, nadie le enseñó a cruzar la calle así que el felino no se fijó y se lanzó de inmediato a la carretera, directo a su objetivo, con la mala suerte de que un taxi pasaba a toda velocidad y lo arrolló.

Todo ocurrió tan rápido que los agentes no pudieron reaccionar y cuando salieron del vehículo se toparon con el cadáver del animal tendido a mitad del camino. Impactados por el rotundo fracaso de la misión, no tuvieron más remedio que recoger el cuerpo y marcharse.

En los documentos desclasificados los agentes explican que “los factores ambientales y de seguridad que concurren en el uso de esta técnica en una situación real, nos obliga a concluir que para nuestros propósitos usar un gato espía no es viable”.

Así, sin si quiera comenzar, terminó el proyecto multimillonario ‘gatito acústico’ que se canceló oficialmente en 1967 y fue archivado en el cajón de la vergüenza de la CIA.

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