Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/06/20 00:00

Un regalo para papá

Por qué festejar un día del padre, además de que en plena crisis económica es un buen paliativo para las ferreterías, los almacenes de corbatas y los estancos... Por Gabriel Bustamante.

Un regalo para papá

No nos digamos pendejadas, el personaje central de toda familia es la mamá: la jefa del hogar, el ama de la casa, la que sólo hay una y como ella ninguna. La del amor incondicional, la que lo entrega todo, la que soporta la maternidad en su vientre y sufre con el parto, la que amamanta a sus hijos, los levanta y llora un mar de lágrimas cuando los ve partir hacia los brazos de esa segunda mamá que los acabará de criar llamada esposa.

En cambio el padre, es un ser casi anónimo en esta desigual relación donde lo que impera es el madre-centrismo. Y tal vez por esto, por el intento fallido de compensar un poco, es que nos tuvimos que inventar un día del padre, que si no es por la propaganda del Éxito, donde promocionan la caja de herramientas o la cera para brillar el carro en oferta especial por el día de papá, se nos olvidaría que este domingo hay que celebrar o recordar al viejo.

Pero, ¿por qué festejar un día del padre? Además de que en plena crisis económica el día del padre es un buen paliativo para las ferreterías, los almacenes de corbatas o los estancos, el origen de la celebración nos da pistas sobre su verdad histórica. Cuentan que en el año 1910, la estadounidense Sonora Smart decidió celebrar el día del padre el 19 de junio, fecha del cumpleaños de su padre Henry Smart, veterano de guerra que al morir su esposa en el parto de su sexto hijo, tuvo que alimentar, cambiar pañales, darles correa, levantar y brindarles amor y protección a su media docena de hijos, mejor dicho se volvió una madre. Posteriormente, y en plena segunda crisis cíclica del capitalismo, el presidente Richard Nixon, famoso como el nuestro por las chuzadas al partido de oposición y la creación de cortinas de humo, sancionó la ley que instauró para los gringos el tercer domingo de junio (en pleno pago de la prima) como el “Father´s Day”.

En Colombia, que somos expertos en copiar todo lo de los gringos, por sendo decreto presidencial instauramos también el tercer domingo de junio como el día del padre, teniendo como única excepción otro decreto posterior que dispuso que de presentarse una segunda vuelta presidencial el día del padre se correría para el último domingo de junio, con el fin de que la etílica fecha no ponga en peligro la jornada electoral y no terminen perdiéndose los tamales y el guaro invertido por los políticos para fortalecer la democracia.

Este domingo día del padre, es el momento de realizar una reivindicación de la figura paterna, un homenaje verdadero ajeno a regalos lejanos al amor filial como las cajas de pañuelos, el Parker plateado o el CD pirata de Javier Solís, valga hacer una excepción en nuestras machistas vidas y demostrémosle a nuestro progenitor que podemos quererlo igual que a una madre y en medio de un fuerte abrazo estampémosle un beso profundo en la inmensidad de su calva, llevémosle envuelto en papel regalo una olla pitadora y coronémoslo por un día como rey del hogar.

Ahora si alguna feminista quiere pegarse a esta cruzada y hacer un sacrifico por su ignorado padre, deje por un instante su convicción de género y sus impulsos anticapitalistas y corra a ARDU a comprarle la última revista Soho, un buen habano y una botella de Ginebra.

Feliz día papá.

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