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| 9/7/1992 12:00:00 AM

"Una miradita..."

Finalmente, la ciencia médica empieza a tomar en serio la salud femenina.

"Una miradita..." "Una miradita..."
LA DISCRIMINAción científica contra la mujer ha sido quizás la más dramática y también la más inadvertida. Durante décadas, en los grandes centros mundiales de investigación médica, la población femenina ha estado relegada al olvido. Hasta hace poco tiempo la inmensa mayoría de las pruebas clínicas importantes eran realizadas casi exclusivamente entre hombres. Pero finalmente los investigadores parecen haberse dado cuenta de que, en cuestión de tratamientos y de drogas, lo que sirve para los hombres puede no ser igualmente efectivo en las mujeres.
En materia de salud, las diferencias entre los dos sexos son considerables. Si bien es cierto que en general toda la población enfrenta riesgos similares, en la mayoría de las enfermedades mortales e incapacitantes que se han investigado en las últimas décadas, los estudios han sido realizados entre hombres o monos. El principal argumento esgrimido por los investigadores para excluir a la mujer de las pruebas a gran escala es que el embarazo y los fluctuantes niveles hormonales son variables que pueden alterar los resultados. Pero es precisamente esta diferencia lo que hace que los estudios realizados en hombres no sean aplicables a las mujeres. Por ejemplo, investigaciones recientes sugieren que las diferencias químicas en el metabolismo de las mujeres crean notables distinciones entre la capacidad del organismo femenino para metabolizar por lo menos el 30 por ciento de las drogas. Las mujeres tienen mas grasa corporal que los hombres, y éstas pueden permanecer en su organismo por mucho más tiempo. lgualmente se ha visto que el cambio en los niveles hormonales ocurrido durante el ciclo menstrual, puede afectar la efectividad de algunos medicamentos. Todas estas diferencias deberían ser tenidas en cuenta al establecer las dosis. Sin embargo, sin una información completa, los científicos no pueden diseñar tratamientos apropiados para la mujer. El ejemplo más claro y dramático de cómo la discriminación científica ha afectado la salud de la mujer es el caso de la enfermedad coronaria. Típicamente se ha visto que las mujeres desarrollan problemas cardíacos 10 años más tarde que los hombres. No obstante, por varias décadas, este retraso fue interpretado por la comunidad científica como que las mujeres tenían menos riesgos de ser afectadas por las afecciones cardíacas. De hecho, la gran mayoría de las estrategias de prevención y tratamiento de problemas coronarios han surgido de las investigaciones realizadas exclusivamente entre pacientes hombres. Y sólo hasta hace relativamente poco tiempo se ha empezado a analizar si enfermedades -tales como las afecciones coronarias, el sida y el cáncer- afectan a la mujer en forma diferente. Igualmente, muchas enfermedades que afligen especialmente a las mujeres, no han sido tan estudiadas por la ciencia en la misma forma que aquellas que afectan primordialmente a los hombres. Problemas como la menopausia, la osteoporosis, la migraña, el mal de Alzheimer, la artritis -que afligen mucho más a las mujeres que a los hombres- sólo hasta hace relativamente poco tiempo han empezado a ser investigadas con seguimientos en mujeres, en busca de nuevos tratamientos o formas de prevención.
Una malentendida igualdad mantuvo durante décadas a la mujer al margen de la investigación. Ahora se sabe que esa equidad debe ser en materia de presupuestos para investigaciones sobre salud femenina. En este momento, por ejemplo, investigadores de numerosas compañias farmacéuticas tienen en su lista de prioridades varios problemas femeninos como una droga para tratar los ""calores"" causados por la menopausia mientras otros dan los primeros pasos en la investigación sobre un novedoso tratamiento para la osteoporosis postmenopáusica, a través de un aerosol nasal. Igualmente, el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos ha iniciado un estudio de 10 años entre 150 mil mujeres menopáusicas que busca determinar cómo la dieta, el ejercicio y la terapia hormonal puede prevenir la enfermedad cardiovascular, el cáncer y la osteoporosis. Asimismo los investigadores europeos han enfocado recientemente sus baterías en el estudio del sida en la mujer -la mayoría de los estudios realizados hasta ahora incluyen solamente hombres- y ya empiezan a determinar, por ejemplo, que las mujeres infectadas con el virus tienen más altas ratas de citologías anormales, y reaccionan en forma diferente a las enfermedades de transmisión sexual.
Los primeros pasos en la investigación y búsqueda de tratamientos para los males femeninos se han dado. Al parecer, lo que no lograron los reclamos feministas lo han conseguido las cifras: el gigantesco mercado potencial que la población femenina ofrece a los fabricantes de drogas. Pero aunque hoy por hoy la mujer encabece la lista de prioridades en la investigación, lo cierto es que tomará años compensar a las mujeres por décadas de negligencia científica. -

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