Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/05/12 00:00

Una vida dedicada al cerebro

Roberto Amador, uno de los médicos que más conoce el trabajo de Rodolfo Llinás en Colombia, escribe acerca del libro que el científico lanza esta semana.

Una vida dedicada al cerebro

El libro del profesor Rodolfo Llinás además de sintetizar el conocimiento universal de las neurociencias, recoge también su propia experiencia contribuyendo al entendimiento de las moléculas y la comprensión de un proceso tan importante para el ser humano como es el conocerse así mismo: "De la neurona al mito del yo". Si bien el cerebro ha sido considerado como una caja negra y su comprensión relegada a los estudiosos, el conocimiento científico actual vertido dentro del marco conceptual de esta obra facilita su abordaje sin tener experiencia previa. Es obvio que se encontrará allí con vocabulario nuevo, pero no se de pie atrás, piense que la velocidad actual del conocimiento así lo exige, y además encontrará una explicación sencilla con suficientes ejemplos, aprovechando diferentes contextos. Nos cuenta como el cerebro es un sistema que se activa por si mismo, capaz de emular o imitar la realidad mediante imágenes, en presencia o no de información del ambiente externo como en nuestros "sueños". El cerebro no computa en el sentido de algoritmos, algo característico de las computadoras digitales. Para que un computador pudiese soportar las propiedades computacionales equivalentes al cerebro, la masa requerida sería cercana a la de la tierra y la energía cercana a la del sol. Las imágenes no son objetos o pinturas dentro de nuestro cerebro, son representaciones codificadas en las redes neurales. El cerebro esta compuesto de millones de células, las neuronas, su unidad funcional. Cada una se comunica con otras mediante un código temporal y espacial de tipo eléctrico y químico a través de neurotransmisores y neuromoduladores. Cuando se perciben o codifican diferentes aspectos de una misma señal, por ejemplo la revista que tiene en sus manos, diferentes grupos neuronales distribuidos espacialmente en nuestro cerebro se activan entre si, es la denominada coherencia oscilatoria neuronal. A esto debe agregarse su unión en el tiempo, función encargada al tálamo, una estructura central en nuestro cerebro que como un director de orquesta integra a sus músicos para formar un constructo funcional, el cual oscila con frecuencias de 40 ciclos. Es la transformación de la información sensorial proveniente del mundo externo en una contraparte motora. Este es el proceso que está ocurriendo mientras intentamos ojear la revista, se forman las imágenes de la textura de sus páginas, la actividad motora para manipularla o incluso los movimientos oculares para la lectura. En esta representación se incluyen sus atributos: "el que", su contexto "el donde" y la acción correspondiente para leer "el como". Por otro lado, la externalización de cualquiera de estas imágenes, por ejemplo al comunicarle a otro, lo aprendido al leer este artículo, solo se puede hacer a través del movimiento ya sea dibujando, hablando o gesticulando. Si este director de orquesta falla se deshace el proceso del pensamiento, o si estamos dormidos va a dar paso a nuestros "sueños" los cuales son imágenes sin control y mal estructuradas como en las alucinaciones. El entender es un proceso de selección natural. Es adquirido por ensayo y error a través de la imitación, el intento de replicar la conducta motora expresada por el otro. Antes que el lenguaje fuera lo suficientemente estructurado para ser comunicable, su fundamento estaba en el pensamiento abstracto o sea la capacidad de generar imágenes premotoras para abstraer las propiedades sobresalientes de las cosas. El yo es la centralización de la predicción, y ésta no solo facilita la exactitud sino la conservación de energía y tiempo. ¡Piense en el cobro de una pena máxima en fútbol! El portero necesita predecir y para esto, el sistema nervioso debe comparar las propiedades referidas sensorialmente del mundo externo con una representación sensoriomotora interna de estas propiedades. Deberá tomar toda la información del mundo externo disponible a sus sentidos y llegar a una correcta respuesta: tapar el gol. En la vida real esto se convierte en un azar. La bola va más rápido que el procesamiento cerebral, nos falló la predicción. Otro ejemplo, el escultor predice la fuerza y posición del golpe de martillo y el cincel. En palabras de Miguel Ángel Buonarroti: "el mejor artista no tiene forma que no esté ya embebida dentro del mármol. Esta forma es solo alcanzada por la mano del artista obedeciendo su intelecto". La actividad básica de nuestros huesos, articulaciones y músculos como unidad, ya esta inscrita en la geometría cerebral al nacer, así como su plasticidad o capacidad de adaptación al mundo externo. Con la imitación y la práctica se van conformando estrategias que un artista puede llegar a ejecutar con cierta estética. El éxito en esta actividad es facilitada por un mecanismo innato de predicción. Este mecanismo además, tiene la característica de ser modificable dentro de cierto rango pero a costo de la perdida de otras funciones. Un ejemplo sería, como el entrenamiento de algunos atletas de alto rendimiento, al tratar de ser competitivos en varios tipos de deporte, pueden llevarlos a la pérdida de las habilidades de nivel avanzado en el deporte original. Lo mismo ocurre al aprender otros idiomas en edad avanzada, "loro viejo no aprende a hablar". Quedaremos hablando con cierto acento. Se puede decir que estamos limitados filogenéticamente para el rango de adaptabilidad de una función particular. Esto se aplica a todo lo que hacemos o aprendemos. Pero estas limitaciones son valiosas en nuestro consenso para relacionarnos con el mundo externo. No somos un paquete de reflejos. El estado mental es el producto del proceso evolutivo cerebral de más de 700 millones de años, en todas las criaturas desde las más primitivas a las más evolucionadas. Esto le ha permitido evolucionar para operar predictivamente y generar imágenes. ¿Que se espera del cerebro? El cerebro va más allá de cualquier red del ciberespacio. Esta puede ser muy rápida pero no tan rápida para soportar conciencia como lo hace el cerebro. Comunica pero no piensa, puede llevar a que la opinión pública sea verdaderamente pública con sus ventajas y desventajas. Antes el público era pasivo ahora interactúa. Será difícil separar el yo de las creencias y sentimientos de otros. El pensamiento se irá homogeneizando al igual que la sociedad. Nos acercaremos a la cultura universal de similitud no solo en lo externo sino en el carácter y valores de la sociedad. Añoraremos la riqueza de variedades de culturas, creencias y puntos de vista. Se perderá el deseo de la interacción con el mundo externo. Todo esto podría llegar a ser peor que las guerras, el hambre o las drogas. Demos a nuestros hijos la oportunidad de desarrollarse en el ciberespacio sin quitarle el espacio al mundo de la ternura y la sensibilidad como el arte, y el tiempo de hablar en familia. No todo es malo, el ciberespacio promueve la evolución de nuestro pensamiento, como la fotografía hace 100 años. Comparen su generación con la de sus hijos y nietos. No olvidemos que toda realidad para nosotros es virtual, somos maquinas soñadoras por naturaleza. Aprendamos a querer nuestro cerebro.

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