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| 12/11/2010 12:00:00 AM

Únicos y felices

Una investigación indica que los niños que crecen sin hermanos son más felices porque no tienen que competir con ellos.

Andrés Felipe Forero asegura que nunca le ha hecho falta un hermano. De niño, cuando quería jugar con alguien, llamaba a uno de sus vecinos o le pedía a su papá que lo llevara al parque a montar en bicicleta o a jugar fútbol. De hecho, su condición de hijo único le permitió durante su infancia gozar de ciertas ventajas que sus primos o algunos de sus amigos con hermanos no tuvieron: nunca compartió su cuarto con nadie, sus padres le daban gusto en lo que pedía y los juguetes que le regalaban eran solo para él. Andrés Felipe hoy tiene 19 años y estudia Diseño Industrial. Aunque no se considera una persona egoísta ni consentida, sí reconoce con satisfacción que al no tener hermanos siempre fue el centro de atención en su casa.

El de Andrés Felipe no es un caso aislado de cómo se sienten muchos niños que crecen sin hermanos. Un estudio reciente en el Reino Unido encontró que la mayoría de hijos únicos eran más felices que quienes crecen en familias con dos o más hijos. Knies Gundi, del Institute for Social and Economic Research, de la Universidad de Essex, encontró que factores como la competencia por la atención de los padres, así como el hecho de compartir los juguetes podrían ser los culpables de que quienes crecen con hermanos sean más infelices. La experta realizó una serie de cuestionarios a 2.500 jóvenes y llegó a la conclusión de que el bullying o matoneo entre los hermanos era otro de los factores que mortificaban el desarrollo de los infantes. De acuerdo con la encuesta, el 29,5 por ciento de los jóvenes se quejaron de haber tenido apodos o que sus hermanos los llamaban con nombres desagradables, y el 17,6 por ciento confesó que les quitaban sus pertenencias. El profesor Dieter Wolke, de la Universidad de Warwick, también analizó las tensiones entre los hermanos y halló que el 54 por ciento de ellos fueron objeto de alguna forma de acoso o maltrato. Y si bien en ocasiones los hermanos son una fuente de apoyo mutuo, Wolke señala que los niños que enfrentan bullying tanto en la casa como en el colegio son más vulnerables a tener problemas de conducta e infelicidad.

Susan Newman, psicóloga de Rutgers University y autora de varios libros sobre el tema, también ha analizado la convivencia en hogares con más de dos hijos y encontró que el 64 por ciento de los hermanos se empujan entre sí, y un 40 por ciento recurren a los golpes y mordiscos. Esto sin contar la agresión verbal que, según Newman, sucede en el 85 por ciento de los hogares con hermanos. De allí que la experta apoye este tipo de estudios en la medida en que contribuyen a romper con el mito de que los hijos únicos no tienen un crecimiento adecuado y que su condición los vuelve solitarios, egoístas, autoritarios y malcriados. "La idea de los hermanos ha sido glorificada, pero cada vez más investigaciones demuestran que esta relación tiene desventajas y efectos negativos", anota Newman.

Según Carolyn White, autora del libro Los siete pecados comunes de la crianza de hijos únicos, los niños sin hermanos no tienen que luchar por la atención de los padres, ni su autoestima se va a deteriorar por un hermano. "Al ser el centro de atención, los hijos únicos tienen todos los recursos disponibles para él y tienden a crecer con mejor formación, pues los padres cultivan sus intereses con clases adicionales", dijo White a SEMANA. Tampoco es cierto que al no tener hermanos el niño vaya a carecer de habilidades para interactuar con los demás. De hecho, varios expertos concuerdan en que los hijos únicos tienden a ser mejores amigos y más leales, porque desde muy pequeños tienen que socializar con otros niños, bien sea en la guardería o en el preescolar. "Tener otro hijo solo para darle al primogénito un compañero con quien jugar en la casa es una razón pobre para traer otra persona al mundo", asegura Newman.

A pesar de esto, los expertos aclaran que este tipo de investigaciones no deben estigmatizar a las familias con varios hijos. Newman señala que la felicidad de un niño con hermanos está condicionada en gran medida por la edad entre ellos, pues las agresiones ocurren por lo general entre los más pequeños o cuando la diferencia de años no es tan grande. Además, enfatiza en que el crecimiento adecuado de un niño depende más del tipo de crianza que del número de hermanos con el que crezca. Por eso considera esencial la forma en que los padres introducen al nuevo hermanito al hogar, para que no se generen envidias, y recomienda que en las familias de más de dos hijos los papás procuren tratarlos de forma igual, para que no haya preferencias entre el uno y el otro.
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