Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/03/31 01:36

Universidad neoyorquina retira la distinción entre hombres y mujeres de sus baños

En medio de acaloradas discusiones en Estados Unidos sobre a qué baño deberían entrar las personas tránsgenero, una institución decidió simplificar las cosas y le dio un giro a la polémica.

Los baños se han convertido en un botín de la batalla por los derechos LGBTI. Foto: zerocreatives / Westend61 / Corbis

En Estados Unidos se viven tiempos de inquietud en la comunidad LGBTI. Aunque la aprobación del matrimonio entre parejas del mismo sexo produjo en el “país de la libertad” todo un viraje hacia una cultura de aceptación, parece que la tolerancia aún está lejos de conseguirse.

Prueba de ello es una Ley que aprobó el estado de Carolina del Norte hace una semana, en la cual se obliga a las personas transgénero a usar el baño no de su género presente, sino con el que nacieron. Resulta curioso que justo en el momento histórico en que celebridades como Caitlyn Jenner o Laverne Cox se han convertido en líderes de opinión, la comunidad tránsgenero sea blanco de ataques en los estamentos legislativos.

Los baños se han convertido en un botín de la batalla por los derechos LGBTI. Una acalorada discusión se ha desatado en torno a los derechos de homosexuales y transexuales por todo el país norteamericano. El congreso y la Casa Blanca se han enfrentado con posiciones opuestas. Activistas transgénero han puesto el grito en el cielo. Pero, mientras tanto, una simple iniciativa de una pequeña universidad de Nueva York revuelve la polémica y propone otra cara del debate.

La Universidad privada Cooper Union, hogar de “liberales” estudiantes de artes, ingeniería y ciencias, decidió prescindir de la tradicional separación entre “hombres” y “mujeres” en todos los baños de su campus. Una medida que evoca una usanza nada extraña en países como Francia o Inglaterra, pero que en el continente americano no es vista de la mejor manera.

La rescisión de las designaciones para hombres y mujeres llegó por propia mano de los estudiantes. El año pasado, un grupo motivado por los clamores de sus compañeros transgénero tachó las señales de hombre y mujeres que había en los baños de uno de los edificios de la universidad. La consigna era que los estudiantes tránsgenero se sentían incómodos en cualquiera de los dos baños, ya fuera por insultos o por acoso sexual. Resulta que los tachones nunca fueron borrados y persistieron de esa manera hasta que los administrativos de la universidad pensaron que, de hecho, las señales ya no eran necesarias.

“No puedo cambiar el mundo exterior o cómo se trata a las personas transgéneros. Pero puedo cambiar el ambiente en la Cooper Union para hacer que todos se sientan cómodos dentro de nuestros edificios”, le explicó Bill Mea, el presidente del comité interno de la universidad, al diario The Guardian.

Ahora, en lugar de las señales femeninas y masculinas, los baños de la Cooper Union solo advierten si son espacios con “urinales y sanitarios” o solo “urinales”.

Para los estudiantes, la medida adoptada se trató de una victoria que, entre muchas cosas, reivindicaba la lógica. “Un establecimiento público no debería preguntar si eres hombre o mujer, en este caso sólo debería preguntar si necesitas orinar o necesitas evacuar”, explicó una de las estudiantes que protestó contra los baños separados.

De cualquier manera, aunque la decisión de la Cooper Union ha provocado el aplauso de algunos y ya se comenta que podría inspirar réplicas en otras universidades de ese país, en Washington el debate sigue servido, y parece que va para largo.  

Políticos republicanos no quieren ceder en su cruzada de restringir que las personas transgénero usen el baño que escojan, sino en el que la naturaleza los haya clasificado.  

El sur de los Estados Unidos también ha presenciado la polémica. En Texas, una fuerte campaña de rechazo contra la ley de los baños terminó por lanzar un video que subió los decibeles de la controversia. El clip fomentaba la idea de que los baños mixtos serían inseguros e incitarían a los hombres a violar niñas dentro de los cubículos.

Otros críticos de la medida también se han manifestado aludiendo a que la privacidad se perdería y que instigaría al voyeurismo.

Sin embargo, la comunidad ‘trans’ no se ha dejado amilanar de esos argumentos y continúa exponiendo que vetarle la entrada a los baños que ellos escojan solo es una respuesta de los enemigos del avance LGBTI. “Estas leyes solo existen para fomentar el miedo y para promover la ‘transfobia’. Ellos no hacen que la gente se sienta más segura, pero hacen que algunos de nosotros nos sintamos más inseguros”, comentó el vocero Ivan Coyote al portal Theweek.

Entretanto, la población estadounidense reflexiona sobre qué tanto se puede hablar de inseguridad, qué tanto de igualdad, quién tiene la razón y con quién cree que debería compartir el lavabo. Quien lo creyera, pero algo tan banal como los baños está desatando una de las discusiones más trascendentales en torno a la tolerancia hacia la diversidad sexual.

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