Lunes, 16 de enero de 2017

| 2001/07/16 00:00

Uno a la vez

Aunque la bigamia dejará de ser un delito no se convertirá en una actividad lícita. Nadie podrá casarse si tiene un matrimonio civil vigente.

Uno a la vez

La semana pasada cientos de mujeres pusieron el grito en el cielo cuando los medios de comunicación anunciaron con alarma que el próximo mes la bigamia dejaba de ser un delito. De inmediato muchas colombianas

se imaginaron que sus esposos iban a salir corriendo a montar su propio harén al mejor estilo de los cuentos de Las mil y una noches sin que la justicia se opusiera .

Los grupos feministas y religiosos no tardaron en levantar su voz de protesta y vaticinaron que gracias a la despenalización de la bigamia Colombia se convertiría en la nueva Gomorra.

El escándalo alcanzó tales proporciones que el propio Fiscal General de la Nación tuvo que intervenir para tratar de calmar los ánimos y asegurarles a las acongojadas esposas que el Estado no estaba atacando los pilares de la familia. Según Alfonso Gómez Méndez, la gente ha malinterpretado la disposición pues se está confundiendo la justicia penal con la civil. En ningún momento la bigamia ha sido declarada como una actividad lícita, al contrario, sigue siendo causal de divorcio y puede ser sancionada sólo que, de ahora en adelante, no será competencia de la justicia penal.

La decisión de retirar este delito del nuevo Código Penal obedece a su inoperabilidad pues desde 1936 se registraron apenas tres casos de doble unión marital. Para que un caso de bigamia fuera procesado era necesario que el primero o el segundo cónyuge demandara a su pareja por bigamia. De esta manera, si ninguna de las partes directamente afectadas manifestaba su inconformidad, no había manera de perseguir el delito.

El último caso conocido fue el que protagonizó Andrés Guzmán, hermano del ex alcalde de Cali Mauricio Guzmán, quien hace un par de semanas fue condenado a dos años de prisión por haberse casado dos veces en 1996. La primera boda la realizó en Estados Unidos con una mujer paraguaya y la segunda se llevó a cabo aquí con una colombiana.

Hasta 1992 la bigamia era frecuente debido a que en esa época la legislación colombiana no contemplaba el divorcio civil para las personas que habían contraído matrimonio católico. Las parejas que por cualquier razón querían poner fin a su relación marital debían conformarse con la separación de cuerpos, figura que autorizaba suspender la obligación de cohabitación pero que mantenía vigente la obligación de fidelidad.

Al no poder disolver los efectos civiles del matrimonio católico muchas personas separadas optaron por contraer matrimonio en el extranjero, en donde la legislación opera de manera distinta. “Esas uniones gozaban del favor del derecho y se presumían válidas. Existía un vicio de nulidad pero se sabía que la persona incurría en él por falta de figuras jurídicas que le permitieran definir su situación. Prueba de ello es que a partir de 1992, cuando entró en vigor la ley de divorcio, los efectos civiles del matrimonio religioso cesaron y muchas personas disolvieron legalmente sus uniones anteriores antes de contraer nuevas nupcias por lo civil”, señala el abogado de familia Alvaro Pinilla.

Los que temen que la despenalización de la bigamia aliente a los cónyuges infieles a ’organizarse’ legalmente con sus amantes pueden estar tranquilos ya que uno de los requisitos para volver a contraer matrimonio civil es presentar la disolución de la unión anterior. En el caso del matrimonio católico una nueva boda sería casi imposible dado que el vínculo religioso sólo termina con la muerte de uno de los cónyuges o por nulidad. Incluso si el casado quisiera mantener una unión marital de hecho con otra persona la segunda pareja no se beneficiaría de los efectos patrimoniales puesto que éstos entran en vigor siempre y cuando los compañeros convivan dos años de manera permanente y singular, es decir, que hayan liquidado su relación anterior por lo menos con un año de diferencia.

Si bien el alboroto pudo ser un tanto desproporcionado desde el punto de vista jurídico, el tema trajo a colación el eterno problema de la fidelidad en los matrimonios colombianos ya que no es un misterio que muchos hombres mantienen dos y hasta tres hogares paralelos a su familia legítima. (Ver recuadro)

El debate seguirá por varios días y vale la pena preguntarse cuál es la idea de familia que tienen los colombianos. En el papel se puede penalizar un delito pero de qué sirve esto si en la vida cotidiana hay tantas personas que no están libres de pecado para tirar la primera piedra.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.