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| 5/5/2012 12:00:00 AM

Vacuna antimatoneo

Un nuevo libro expone un método efectivo para prevenir y detener la intimidación y la agresión en el aula de clase.

El caso de Jhon Alexander Larrahondo, el niño de Itagüí golpeado por sus compañeros a la salida del colegio, puso a todos a hablar del matoneo. Todavía se debate si los golpes incidieron en su deceso o no. Aún así, este tipo de agresiones sigue siendo una realidad en Colombia y no hay que esperar a que suceda otro caso extremo para tomar cartas en el asunto.

Este es grosso modo el espíritu del libro de Enrique Chaux, tal vez uno de los más juiciosos investigadores del tema en Colombia, quien lanzó la semana pasada Educación, convivencia y agresión escolar en el marco de la Feria Internacional del Libro. En el texto, publicado por Taurus y Ediciones Uniandes, Chaux recopila una investigación de diez años. De ahí que la obra sea de gran utilidad. Desde la descripción del fenómeno hasta la manera de intervenir en él, están apoyados en estudios serios que él y otros colegas han hecho en Latinoamérica.

La primera gran revelación es que el fenómeno sí existe en Colombia y debe preocupar a todos. Según un estudio entre 50.000 estudiantes del país, el 29 por ciento de los niños de quinto grado y 15 por ciento de los de noveno han sido intimidados en los últimos dos meses por compañeros de clase. Esto significa que, en un curso de 35 alumnos, alrededor de diez de quinto y cinco de noveno son víctimas de matoneo.

Chaux también demuestra que la violencia trae consigo más violencia. La mayor exposición se observa cuando los niños tienen entre 2 y 3 años. Dice que ellos aprenden de su ambiente: si es pacífico, socializar les sirve para disminuir la agresión; pero si es violento, los puede llevar a aumentarla. "Consistentemente hemos encontrado que quienes están expuestos a violencia comunitaria tienen más creencias que legitiman la agresión". Chaux se refiere, por ejemplo, a que están de acuerdo con afirmaciones como que 'ver peleas entre compañeros es divertido' o 'si no se puede por las buenas, toca por las malas'. Esto indica que si no se atiende el problema oportunamente, se incuba más violencia. De ahí que, como lo dice Antanas Mockus en el prólogo del texto, "reducir la violencia escolar sea la gran oportunidad para formar ciudadanía".

Para muchos, una agresión, un conflicto que desemboca en violencia y la intimidación son la misma cosa. El autor explica que si bien todas son problemáticas en el colegio, cada una debe ser manejada de diferente manera.

La intimidación está asociada a un desequilibrio de poder entre quien arremete y quien es agredido. Esto puede darse, entre otras cosas, porque la víctima tiene pocos amigos, es nuevo en la clase o es percibido como más débil. Muchas veces el agresor lo hace sin que haya ninguna provocación. Con frecuencia, lo único que lo motiva es el deseo de divertirse a costa de la víctima.

"Los conflictos, en cambio, no implican desequilibrio de poder", dice Chaux. Explica que muchas veces estos terminan con la amistad porque los implicados no supieron manejar la situación, pero no porque quisieran divertirse a costa del otro. Además, la intimidación es sistemática y repetitiva, por lo cual también debe diferenciarse de la agresión esporádica. Sin embargo, enfatiza en que hay que intervenir ante cualquier violencia.

El experto ha encontrado que la mediación con una persona neutral puede ayudar a resolver los conflictos, pero esa misma estrategia no sirve para la intimidación porque en ese caso no se puede ser neutral.

El matoneo, especialmente, deja efectos muy fuertes en la víctima como mayor riesgo de pérdida de motivación académica, ansiedad y depresión, incluso hasta el suicidio.

El trabajo de los padres y los colegios es crucial para prevenir el problema. Chaux ha observado que los colegios muchas veces tienen el compromiso de combatir el tema y le dedican tiempo a hablar sobre el respeto, la honestidad y otros valores. En algunos casos hacen concursos sobre el valor del mes en los cuales recalcan la importancia de un atributo como la honestidad o el respeto. Aunque esto denota compromiso, Chaux cree que dichos métodos no son efectivos porque "ellos no aprenden a manejar conflictos con solo decirles que tienen que dialogar, sino que lo deben aprender de la experiencia".

Por lo tanto, se requiere de métodos más vivenciales que teóricos para involucrar esos valores abstractos en la realidad de los niños. Además, porque muchas veces estos valores tienen significados diferentes. Es el caso de la palabra agresión, que se usa para señalar actitudes positivas como defender una idea o abrirse camino con una tarea. En esta circunstancia, la gente dice "hay que ser agresivos en este tema". Chaux señala que el término 'asertividad' se adapta más a la idea de defender con firmeza los derechos que la palabra 'agresividad'. Subrayar esas diferencias es clave en un país que todavía vive en la cultura de la violencia.

Chaux encontró, en las investigaciones y en la experiencia con grupos de estudiantes, ocho competencias ciudadanas que previenen la violencia. Considera que la ciudadanía no es un simple estatus que se adquiere a los 18 años, sino que implica ir más allá, esto es, que cada individuo sea capaz de analizar críticamente el contexto en el que vive para transformarlo por las vías democráticas.

Estas ocho competencias, entre las cuales está la empatía, el manejo de la ira y la asertividad (ver recuadro) se deben enseñar en la acción, con juegos de roles o en situaciones hipotéticas basadas en hechos reales. Por ejemplo, el profesor puede pedirles a sus alumnos que recuerden el evento más reciente en el que sintieron ira y practicar cómo lo manejaría la próxima vez que ocurra.

Esta información ha sido puesta en práctica en un programa conocido como Aulas en Paz en cursos de primaria en 17 ciudades de Colombia y dos en México. La idea es trabajar esas ocho competencias con los estudiantes y sus familias. Además se hacen visitas a aquellas que tienen más problemas de agresión y se realizan actividades extracurriculares en donde se conforman pequeños grupos de cuatro alumnos que son prosociales (queridos con otros niños) y dos con problemas de agresión para que los primeros sean ejemplo de cómo poner en práctica esas competencias cuando se necesiten.

Las evaluaciones han mostrado que el programa es efectivo. En 2006, la primera mostró que en un solo salón de segundo de primaria, de un colegio ubicado en una zona de alta violencia de Bogotá, la agresión disminuyó de manera radical luego de nueve meses. Además de bajar la agresión, se vio un aumento en comportamientos prosociales como ayudar, cooperar y consolar. En otra más amplia, hecha en 2008 en 27 colegios del país ubicados en zonas afectadas por la violencia, también se vio un impacto importante, pues disminuyó la agresión y aumentaron los comportamientos prosociales.

De esta forma, el programa, que ha recibido premios internacionales, podría ser una guía para los colegios sobre cómo prevenir y detener la violencia. Lo más interesante no son tanto las estadísticas como lo que dicen los niños y los maestros luego de la experiencia. Una docente de Valledupar reportó que ha sentido cambios porque antes era muy gritona y "ahora controlo más mis emociones". Y un alumno de Urabá señaló que "no es que seamos niños distintos, seguimos siendo nosotros pero ya la forma de hablar, de decir las cosas que no nos gustan es diferente".
 
Las ocho competencias

Chaux destaca una serie de competencias ciudadanas que han probado ser efectivas para actuar de manera constructiva en sociedad.
 
• Empatía: Capacidad para sentir lo que otros sienten.

• Manejo de la ira: Capacidad de identificar y controlar el temperamento para no hacer daño a otros.

• Toma de perspectiva: Capacidad para imaginar y comprender las posiciones de otros, aunque no se compartan.

• Generación creativa de opciones: Capacidad para imaginar muchas maneras de resolver un problema.

• Consideración de consecuencias: Capacidad para considerar los efectos, a corto y largo plazo, que tiene una acción determinada.

• Pensamiento crítico: Capacidad de hacer una pausa y analizar razones antes de llegar a conclusiones.

• Escucha activa: Capacidad tanto para comprender lo que los demás tratan de decir como para demostrarles que están siendo escuchados.

• Asertividad: Capacidad para expresar las necesidades, intereses, posiciones e ideas de manera enfática sin herir al otro.

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