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| 12/26/2011 12:00:00 AM

Viaje al fin del mundo

Cada vez son más los operadores de turismo que promocionan la Patagonia como un destino exótico a bordo de cruceros que parecen hoteles flotantes cinco estrellas.

Aunque Tierra de Fuego, en el extremo meridional de Suramérica, siempre ha sido una región agreste y remota, sus montañas e inmensos glaciares siguen maravillando a miles de personas en el mundo. Desde que hace 500 años Fernando de Magallanes conquistó sus inhóspitos paisajes, turistas en busca de aventura y destinos fuera de lo común están dispuestos a repetir la hazaña del explorador portugués.
 
Hoy, por supuesto, la ruta diseñada por Aerolíneas LAN para conocer la Patagonia chileno-argentina es mucho más sencilla que la de Magallanes. Después de tomar un vuelo desde Bogotá hasta Buenos Aires y de allí a Ushuaia, una de las opciones que más acogida ha tenido entre los extranjeros durante los últimos años es hacerlo a bordo de Cruceros Australis, una compañía que cuenta con una flota de dos naves y ofrece tours entre octubre y finales de abril, cuando el frío ya no es tan intenso. Stella Australis, su barco más nuevo, tiene capacidad para 210 pasajeros, mientras que el Vía Australis, el más antiguo, puede albergar 136 huéspedes.
 
“Es una experiencia perfecta para aquellas personas que quieren conocer lugares remotos y descansar sin que nada ni nadie los moleste”, explica Mauricio Rodríguez, jefe de expedición del Stella Australis. Esa es una característica que lo diferencia de los cruceros masivos, pues en estos barcos los tripulantes reciben una atención más personalizada y no tienen distracciones como internet, celulares o televisión. En lugar de eso, cada camarote tiene un inmenso ventanal que permite contemplar a toda hora los majestuosos paisajes del Sur.
 
El recorrido se puede hacer de dos formas distintas: saliendo desde Ushuaia, Argentina, y atracando en Punta Arenas, Chile, o viceversa. Los viajeros que eligen el primero pueden llegar con unos días de anterioridad a Ushuaia para disfrutar de una gran variedad de planes, como conocer el Parque Nacional Tierra de Fuego en el famoso Tren del fin del mundo o visitar los centros invernales que no tienen nada que envidiarle a los europeos.
 
Una vez el barco zarpa del puerto de Ushuaia, los pasajeros pueden acceder en botes zodiac a los lugares más míticos del Sur. Los desembarcos incluyen Cabo de Hornos, el punto más austral del mundo, considerado la puerta de entrada a la Antártida (queda a solo 800 kilómetros de ahí); el Parque Nacional Alberto de Agostini, donde se encuentra el glaciar Águila; y la Isla Magdalena, en el estrecho de Magallanes, hábitat de 70.000 parejas de pingüinos. Como en este tipo de recorridos lo importante son las actividades en el exterior, antes de cada visita la tripulación prepara charlas introductorias sobre el sitio que se disponen a conocer. El idioma no es problema, ya que el personal habla siete idiomas.
 
El 90 por ciento de los viajeros son europeos y estadounidenses jubilados, pero cada vez más latinoamericanos se animan a considerar Tierra de Fuego como una alternativa para pasar las vacaciones. La edad promedio también ha venido cambiando y hoy oscila entre los 60 y 55 años. “Es un viaje único y por eso hay gente que lo repite”, señala Rodríguez. De hecho, este plan turístico ha tenido tan buena acogida que el año pasado la edición especial de Viajeros de la revista National Geographic lo escogió como uno de los 50 tours imperdibles.
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