Viernes, 20 de enero de 2017

| 1998/09/07 00:00

VIAJE A LAS ESTRELLAS

El turismo en el espacio dejó de ser ciencia ficción. Dos compañías pondrán pasajeros en órbita antes de 2002.

VIAJE A LAS ESTRELLAS

Durante siglos la raza humana ha soñado con viajar al espacio, acercarse a las estrellas y descifrar los misterios del universo. Pero muy pocos hombres han tenido el privilegio de traspasar el cielo azul y observar a kilóme-tros de distancia la maravillosa vista que ofrece la Tierra desde el espacio. Si todo funciona como está planeado, sin embargo, en el otoño de 1999 ese privilegio dejará de ser exclusivo de unos cuantos astronautas con largos años de entrenamiento.
Por esa época la compañía Civilian Astronauts Corps. lanzará al espacio la nave Mayflower, a bordo de la cual viajarán los primeros seis ciudadanos comunes y corrientes que pagaron un tiquete de ida y vuelta con destino a la subórbita de la Tierra. Será el primer vuelo turístico al espacio, una aventura que ha sido tema de libros y películas y que pocos esperaban que se volviera realidad antes de terminar el siglo.
La nave será lanzada de la costa de Galveston, Texas, desde una plataforma marina, y se impulsará en forma vertical a una velocidad de 4.000 kilómetros por hora hasta alcanzar la subórbita de la Tierra, localizada a 100 kilómetros sobre el nivel del mar. Será un vuelo muy similar al que realizó el recién fallecido Alan Shepard hace 37 años a bordo del Freedom 7 durante la misión Mercury.
Al igual que Shepard, los pasajeros apreciarán la espectacular vista que ofrece el espacio a esa altitud: por un lado la curvatura de la Tierra con su halo celeste y, por el otro, el escenario de las miles de estrellas perdidas en la inmensidad del universo. Y, de ñapa, los turistas podrán saber qué es vivir en un ambiente ingrávido dando botes, saltos o simplemente flotando en el interior de la nave.
Como se trata de un viaje espacial el tiquete incluye un exhaustivo entrenamiento. Siete días antes del lanzamiento los pasajeros tendrán que asistir a un instituto espacial, en el cual se prepararán para la gran aventura. Los viajeros tendrán conferencias, filmes, viajes simulados y vivirán en tierra lo que significa estar bajo el efecto de la ingravidez. El pasaje también incluye un moderno traje espacial hecho a la medida, que el pasajero podrá conservar como recuerdo una vez finalice el tour. Después del viaje se realizará una cena especial en la que los pasajeros recibirán las alas de astronautas que los acreditan como viajeros del espacio.

El precio es lo de menos
La aventura fuera de este mundo durará en total 15 minutos y el precio será de 10.000 dólares. Y aunque para muchos esta cifra está fuera de órbita, lo sorprendente es que ya no hay cupo para el viaje inaugural ni para los seis vuelos siguientes. "La respuesta ha sido enorme", dice Christopher Pancheri, director de comunicaciones de Civilian Astronauts Corp. "Cerca de 66 personas ya pagaron su tiquete y hoy tienen su cupo en el Mayflower".
Pero mucho más increíble es que haya quienes estarían dispuestos a pagar el triple por expediciones similares. Zegrahm Space Voyages, una agencia de viajes que se unió a la firma aeroespacial Vela Technology Development, ofrece viajar al espacio por 98.000 dólares y el precio nunca ha sido motivo de discusión entre sus clientes. De acuerdo con Scott Fitzsimmonds, vicepresidente de la compañía, "40 personas han pagado la tarifa completa y ninguna se ha quejado por el costo. La gente piensa que es una oportunidad única en la vida y que vale la pena vivirla a cualquier precio".
El viaje que ofrece Zegrahm tiene como fecha de partida el primero de diciembre de 2001 _prácticamente dos años después del Mayflower_ y se realizará a bordo del Space Cruiser, una nave con capacidad para seis pasajeros y dos pilotos cuyo destino será la subórbita de la Tierra. El mayor precio de este plan se debe en gran parte a que la duración del viaje es mucho mayor, algo así como dos horas y media.

Negocio redondo
Aunque las compañías parecen tener todo listo hay un detalle que falta concretar: la construcción del vehículo. En el caso de Civilian Astronauts Corps., el mayor obstáculo ha sido conseguir la financiación para un proyecto de esta envergadura. En principio los fondos provendrán de la participación de inversionistas de todo el mundo y se espera financiar el proyecto en un año. "El programa llama la atención porque está respaldado por ingenieros de la Nasa y personal muy competente para hacerlo. Además el vehículo no es muy costoso".
Para los directivos de Zegrahm el obstáculo no es la financiación puesto que el proyecto tiene una gran demanda. De acuerdo con un estudio realizado por Yankelovich y otros consultores en Estados Unidos, un tercio de las 1.500 familias encuestadas estarían interesadas en tomar una vacación de dos semanas en el transbordador espacial y un 7,5 por ciento de ellos estarían dispuestos a pagar más de 100.000 dólares por ese viaje. El mismo estudio mostró que el 42 por ciento de los encuestados viajarían en una nave espacial que ofreciera las comodidades de un crucero en el mar.
Según Fitzsimmonds, "no creo que entre los obstáculos esté el dinero. Para nosotros el mayor problema es la seguridad". El ejecutivo explica que el riesgo de accidentes en el space shuttle está calculado en 1 en 100, lo cual es aceptable para misiones oficiales pero no para el público en general. "El nivel de seguridad tiene que ser máximo y antes de lanzar un proyecto de estos es preciso hacer muchas pruebas. Confiamos en tener una licencia de la FAA para 2001", dice.
Pese a que se trata de un proyecto de gran magnitud y responsabilidad hay por lo menos otras 15 empresas que, como la dos anteriores, tienen como objetivo transportar turistas al espacio. Todas ellas participan en una competencia, patrocinada por la Fundación X, que otorgará 10 millones de dólares a la que lo logre primero. Aunque a cualquiera le caería de perlas ese trofeo, los participantes admiten que no les importa cuál sea el ganador pues saben que ese primer viaje abrirá para todos el camino hacia el espacio.

Sin fronteras
El optimismo en este frente es bastante grande. Y hay quienes piensan que ocho años después del primer viaje comercial a la órbita de la Tierra será posible establecer un vuelo para pasajeros sin escalas a la Luna. El proyecto Artemis al menos tiene ese objetivo en mente. La idea es construir una base permanente en la Luna y ofrecerla como destino a científicos, hombres de negocios y turistas. El problema es su costo: 1,5 billones de dólares, según Ian Randall, director de comunicaciones del proyecto.
Como no hay tiempo que perder los miembros de esta fundación pusieron en práctica una estrategia de mercadeo para conseguir el dinero. Van a vender libros, películas, CD, series de televisión y juguetes con el logo de Artemis. Por 25 dólares los interesados pueden hacerse miembros de la fundación y apoyar esta causa. Para bolsillos más amplios existe la posibilidad de hacer donaciones. Y ya se anunció que si una persona ofrece 10.000 millones de dólares se bautizará con su nombre la primera ciudad lunar y se pondrá una estatua suya en un lugar visible del satélite. Si recaudan el dinero necesario Randall piensa que el primer viaje despegaría en 2003.
Si todo marcha bien en menos de cinco años los terrícolas cambiarán sus cruceros por el Caribe, las expediciones por el Himalaya o el descanso en las playas de Bali por un cuarto de hora de viaje a las estrellas.

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