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| 11/11/2011 12:00:00 AM

"Viaje a Marte" contado con acento colombiano

Ha pasado una semana desde que culminó la misión que simuló un viaje a Marte. Uno de los voluntarios, el italo-colombiano Diego Urbina, le ofreció a BBC Mundo una visión íntima de su experiencia.

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BBC
El 4 de noviembre, seis voluntarios que estuvieron viviendo en un contenedor sellado por un año y medio, salieron de su encierro.
 
Su objetivo era llevar a cabo un simulacro de una misión con rumbo a Marte.
 
El proyecto Mars500 (Marte500), que desarrolló un instituto en Moscú, tenía como propósito determinar cómo la mente y el cuerpo humanos enfrentarían un viaje espacial de larga duración.
 
Apenas salieron, Urbina y los demás voluntarios, oriundos de Francia, China y Rusia, fueron puestos en cuarentena para ser sometidos a exámenes médicos.
 
A continuación reproducimos la conversación de BBC Mundo con Diego Urbina.
 
¿Cómo te sentiste al salir? ¿Qué hicieron?
 
Tuvimos varios chequeos médicos. Fue una fiesta para los sentidos porque vimos nuevas personas, comimos platillos diferentes. El almuerzo estimuló mucho nuestro paladar.
 
Sentimos como si hubiésemos comido madera durante un año y medio porque los sabores que sentíamos eran muy diferentes.
 
Fue muy bonito ver el amanecer, la naturaleza, el primer copo de nieve, pasar tiempo con la familia, hablar sobre las cosas que no se podían decir por email.
 
Los pequeños detalles uno los aprecia mucho.

¿Qué fue lo más difícil de ese año y medio?
 
El aislamiento. El ser humano es por naturaleza un ser social. Las cinco personas son excelentes, pero a uno le hace falta la variedad, tener diferentes puntos de vista.
 
Trabajar aislados de todo el mundo fue difícil. Además porque la comunicación con la Tierra era complicada. Fue difícil no poder decir todo lo que uno quería por los canales que había. Hubo retrasos en las comunicaciones de varios minutos. Cuando estábamos más lejos de la Tierra, teníamos un retraso de 20 minutos. No se podía hablar en vivo. La comunicación con el exterior era bastante limitada.

¿Cómo se lograban comunicar con el exterior?
 
Cuando estábamos cerca de la Tierra, teníamos un teléfono a través del cual nos comunicábamos con el centro de control de la misión.
 
A medida de que nos íbamos alejando en el vuelo virtual, ya no se podían tener comunicaciones en vivo. Teníamos que mandar mensajes de video o mensajes de texto, a través del computador.
 
También mandábamos correos electrónicos y fotos para nuestras familias y, de la misma manera, ellos nos respondían.
 
En el caso de Twitter, yo escribía los tweets y el centro de control de la misión los ponía en internet. También recibía los tweets de la gente. Ese intercambio no era en vivo, cada paquete de tweets se demoraba dos días en llegar.

¿Lo volverías a hacer?
 
Si preguntas que si lo haría ahora, seguramente te digo que no. Después tendría que pensarlo. Probablemente no (volvería a participar en) un estudio de aislamiento, pero si tengo la oportunidad de ir al espacio o a Marte, seguro que te digo que sí.

¿Qué fue lo que más extrañaste?
 
La gente, tener los puntos de vista de otras personas. Las cosas que suceden a diario, las cosas aburridas que suceden en la Tierra. Cosas super simples que le añaden variedad a tu día.
 
Un día ahí adentro es super monótono. Pasan semanas y semanas en las que no pasa nada. Sólo trabajamos.
 
También el sedentarismo. No te puedes mover mucho, pues estás en un espacio muy pequeño y sientes que tu cuerpo se debilita un poco. Eso lo puedes compensar exagerando un poco con los ejercicios, lo cual es muy positivo psicológicamente.
 
Estar alejado de la familia, de todas las cosas que uno quiere y con las que ha vivido durante años. Eso es duro.

¿Qué fue lo más emocionante?
 
Cuando llegamos al Marte simulado. Tres de nosotros nos separamos de la nave y simulamos las caminatas en la superficie de Marte.
 
Obviamente sabíamos que no era Marte, que estábamos en la Tierra, pero fue muy emocionante porque llevábamos ocho meses con privación sensorial. No habíamos experimentado nada nuevo y eso cambió nuestra rutina. Fue lo más especial que nos pasó, pues fue en la mitad de la misión.

¿Para esa experiencia se pusieron trajes especiales?
 
Utilizamos un traje espacial de la Agencia Espacial Rusa, muy similar al que se usa en la Estación Espacial Internacional, pero modificado para trabajar en la superficie de un planeta.
 
Pesaba 30 kilos. Ese peso no lo sientes en el espacio, pero cuando estás caminando en la Tierra lo sientes bastante. Es un trabajo bastante arduo.
 
Estábamos muy emocionados y concentrados y ni lo sentimos.
 
Simulamos el trabajo que haría un astronauta si estuviera en Marte: recoger muestras del suelo, buscar anomalías magnéticas.
 
El objetivo era simular el trabajo para que los psicólogos y los técnicos analizaran cómo lo hicimos y, con esa información, proyectar una futura misión.

¿Cómo fue la convivencia con tus compañeros, el tener que verlos todos los días? ¿Hubo discusiones, desacuerdos?
 
Leí varios estudios de aislamiento y literatura sobre las estaciones espaciales. En ellos se demuestra que cuando colocas a personas en un lugar tan pequeño surgen tensiones.
 
Por eso, antes de la simulación pensábamos que iba ser normal que surgiera una pelea muy grande, que pudiera dividir la tripulación. Ya había ocurrido en (otros experimentos en) el pasado.
 
Pero no sucedió nada importante, lo que me sorprendió muy positivamente y me alegró.
 
Tenemos diferencias culturales. Los rusos trabajan de una manera diferente a como trabajamos en Europa o en China.
 
Pero, al final, pese a las fricciones o a pesar de tener algún problema con una persona, para nosotros fue muy natural no pelear, no tomarse las cosas muy en serio, no quedarse resentidos con pequeñas peleas. Después te volvías a encontrar con la persona y te decía una broma.
 
Creo que ese fue un gran componente del éxito que tuvimos en la misión.

Además de la forma de trabajar ¿qué otra diferencia cultural fue notable?
 
Por ejemplo en la comida. Algunos de nosotros somos más apegados a la comida nacional que otros.
 
Para unos fue más difícil comer alimentos rusos, pues no estabas acostumbrado.
 
Nuestro amigo chino tuvo que superar esta dificultad. Estaba acostumbrado a las pastas chinas, los platos con pollo y un poco de picante. Eran ingredientes que no se encontraban mucho en la misión. Trató de hacer nuevas recetas.
 
Nuestro equipaje cultural es muy pesado y es una dificultad que hay que superar.

¿Cocinaste?
 
No cocinábamos mucho. Comíamos productos que ya estaban listos, sólo bastaba meterlos en el microondas o mezclarlos en agua caliente. Pero en ocasiones especiales lo hicimos, por ejemplo, cuando cumplimos un año, toda la tripulación experimentó con lo que teníamos ahí e hicimos una pizza con las plantas que había en el vivero.

¿Te llegaste a deprimir, a sentir triste, a pedir que te dejaran salir?
 
Durante toda la misión hay muchos altibajos. Hay periodos en los que, por alguna coincidencia, te escriben menos tus amigos o tus familiares, y te sientes aislado del mundo.
 
Pero esos períodos, aunque difíciles, no son muy largos. Sabes que vas a salir de ellos, encuentras pequeños trucos para hacerlo, y te recuperas.
 
No se nos pasó por la cabeza salir. Pienso que fue por el espíritu de grupo. Uno no quiere que tus compañeros acaben la misión sin ti. No quieres decepcionarlos a ellos o a las personas que quieren que la humanidad vaya a Marte y saben que este paso es muy importante.
 
Te apegas mucho a la misión. Pese a tener la posibilidad, no era una opción salirse.

¿Bajaste de peso?
 
Perdí un par de kilos, pero fue porque quise.
 
Mucha gente dice que llegamos muy delgados y nos preguntan si es que no comíamos.
 
Algunos querían mantener el peso, otros querían perderlo. Todos logramos el objetivo.

¿Hubo algún libro en particular que te acompañó en esta misión?
 
Tenía muchos libros. Leí siete libros de Gabriel García Márquez que siempre había querido leer.
 
También leí libros sobre aventureros o grupos aislados que afrontaron muchas dificultades, pues enseñaban pequeños trucos que podíamos usar.
 
Además ponían en contexto nuestra aventura, nos dijimos tampoco es tan grave lo que nos puede estar sucediendo.

¿Cuándo llegaremos a Marte?
 
Oficialmente se dice que en 20 o 30 años lo vamos a hacer si se siguen dando las cosas como hasta ahora.
 
Pienso que podríamos ir mucho antes, si dedicáramos los recursos adecuados.
 
Yo creo que, si nos concentramos enteramente a eso, en menos de diez años podríamos ir.
 
Obviamente es muy difícil poner de acuerdo a todos los gobiernos, se necesita mucho dinero, pero pienso que una de las cosas que hemos aprendido en esta misión, Mars500, es la respuesta del público: nos hemos sentido muy apoyados.
 
Hemos sentido que un viaje exploratorio a Marte es algo que muchas personas aprecian y que muchas personas quieren ver.

¿Por qué es importante ir a Marte?
 
En verdad es un gasto muy grande y se necesitan buenas razones para ello.
 
Hay razones científicas perfectamente válidas y pienso que son las más importantes. Para conocer nuestro planeta podríamos aprender bastante de un planeta como Marte, que en el pasado pudo haber sido muy similar al nuestro.
 
Marte experimentó muchos cambios en términos de la física y esos cambios también le pudiesen ocurrir a nuestro planeta.
 
Otra razón es descubrir si realmente hubo o hay vida en Marte. Se trata de una cuestión existencial de toda la humanidad.
 
Para mí la razón más importante es que está en nuestra naturaleza ir a explorar otros lugares. Desde pequeños somos curiosos, buscamos cosas nuevas sin saber qué hay detrás de ellas.
 
Somos una especie que es la única capaz de salir y explorar otros lugares. Por esa capacidad, creo que estamos destinados a hacerlo y es importante que lo hagamos.
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