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| 1/21/2012 12:00:00 AM

Viejos antes de tiempo

A pesar de las nuevas realidades acerca de la edad, un estudio muestra que los menores de 25 años piensan que la juventud termina a los 32 y la ancianidad comienza a los 52.

Casi todos los adultos recuerdan que, cuando tenían 10 años, pensaban que sus papás, que debían tener unos 36, eran un par de viejos. Lo curioso es que ahora que tienen esa edad se sienten en la flor de la vida. La percepción de la edad siempre cambia y un estudio reciente, hecho en Gran Bretaña, confirmó este tipo de vivencia, que es universal. La investigación, desarrollada por el Departamento de Trabajo y Pensiones de ese país entre más de 2.000 personas, dejó en evidencia que los jóvenes entrevistados menores de 25 años señalan a los 32 años como el principio de la 'sejuela'. Así mismo, piensan que la vejez llega a partir de los 52 años. Curioso resulta también que los mayores de 80 creen que la juventud termina a los 52 y la vejez comienza apenas a los 68. Sumando todas las respuestas, el trabajo reveló que, en promedio, la gente cree que se deja de ser joven a los 41 y que la ancianidad empieza a los 59 años.

La primera lectura de la encuesta es que, sin duda, la edad es relativa. "Recuerdo cuando tenía 17 años y pensaba que llegar a 30 era ser viejo y ahora, que cumplí esa edad, creo que no es tan malo como lo veía antes", dice una joven. Otra señala que su abuela de 86 años se refiere a la gente de 50 como 'ustedes los jóvenes'. Esto quiere decir, según el geriatra Carlos Cano, que la vejez es un concepto dinámico y va cambiando en la medida en que la gente, inexorablemente, se acerca a ella.

Pero una segunda mirada al asunto deja ver que estas percepciones de los jóvenes no se compadecen con el momento que vive el mundo, cuando la expectativa de vida ha ido en aumento y cada vez más gente llega a los 80 con buena salud y posibilidades de seguir siendo útil a la sociedad.

Para muchos, esa visión de los jóvenes sobre la juventud y la vejez corresponde más a la realidad de principios del siglo XX, cuando la expectativa de vida en países como Estados Unidos era de 49 años para los hombres y 53 para las mujeres, pero no para hoy cuando es de 75 y 81 respectivamente.

Por eso muchos se indignaron con la noticia. "Tengo 64 años y he corrido tres medias maratones en los últimos diez meses. ¿Cuántos jóvenes podrían hacer esto?", dice uno. Otro señaló: "Es increíble la ignorancia de los jóvenes de hoy". Margarita, de 59 años, agrega que a su edad no se siente vieja para nada: "Pienso seguir trabajando así ¡hasta los 159!".

Para la psicóloga Elisa Dulcey, directora del Centro de Psicología Gerontológica (Cepsiger), es evidente que los jóvenes necesitan entender más sobre el proceso de envejecimiento y saber que ellos también hacen parte del mismo y "algún día llegarán a viejos". También habría que ayudarlos a entender mejor cómo la expectativa de vida ha ido cambiando para evitar que alguien a los 50 sea discriminado por viejo, cuando todavía tiene mucho que aportarle, con su experiencia y conocimiento, a la sociedad.

Más allá de los números, Dulcey enfatiza que el problema es que a la gente no le gusta que le digan 'viejo' porque en sociedades como la colombiana esta etapa se asocia con enfermedad, deterioro y pobreza. "Claro -dice-, ellos perciben las condiciones en las que vive la gran mayoría de los ancianos en el país y por supuesto no les gustaría que más adelante les tocara vivir así: sin seguridad económica, con predominio de auxilios de indigencia, sin derecho a tener voz".

Pero, según Cano, el concepto de vejez como sinónimo de enfermedad está revaluado. "Se calcula que a los 65 años, 95 personas de cada 100 son sanas", dice. Cree que la sociedad necesita conocer mejor el ciclo vital para salir de la confusión que ha generado el aumento de la expectativa. Por ejemplo, entender que hay una categoría 'viejo-joven' -aquellos entre 60 y 65 años-, y los 'viejos-viejos'-de más de 80-, y que cada una de estas etapas tiene características muy diferentes, por lo cual no todos pueden incluirse en el mismo costal. La población que envejece presenta muchos retos, dice el informe, y sin duda, educar a la sociedad frente al tema es uno de ellos. n
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