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| 8/3/2003 12:00:00 AM

Vigía de los cielos

El Observatorio Astronómico Nacional, que cumple 200 años, fue uno de los pilares de la independencia y la consolidación de Colombia.

La astronomia es una de las ramas de la ciencia que más llama la atención de la gente y también uno de los primeros temas que retó el afán de conocimiento de la humanidad. Es por eso que la celebración de los 200 años de existencia del Observatorio Nacional, que se cumplen el 20 de agosto, ha generado una gran actividad alrededor de esta fecha.

Hoy en día el edificio, joya arquitectónica de Bogotá, hace las veces de museo, biblioteca y sede administrativa. Allí se conservan documentos e instrumentos que hablan de su rico pasado al servicio de la ciencia y de la consolidación de Colombia.

El Observatorio es un legado de la Expedición Botánica, uno de los pilares de la gran cruzada científica que realizó España en la segunda mitad del siglo XVIII con el fin de realizar un inventario sistemático de la geografía y los recursos naturales de sus territorios en América.

En aquel entonces no existían mapas confiables y la astronomía era la principal herramienta de la que disponían los navegantes para orientarse en los océanos. Por ese motivo esta ciencia era de gran importancia para la expansión comercial de las potencias navales y también en la elaboración de una cartografía precisa para hacer más segura la navegación.

Ya en 1783, cuando el rey Carlos III autorizó la Expedición Botánica, ésta contaba con diversos instrumentos de medición astronómica. Sin embargo José Celestino Mutis, director de la Expedición, tardó dos décadas en construir el observatorio porque no tenía una persona capacitada para dirigirlo. En 1802 el barón Alexander von Humboldt le recomendó a Francisco José de Caldas. De inmediato Mutis le otorgó el cargo y en mayo de aquel año se puso la primera piedra de la edificación. Su arquitecto, fray Domingo de Petrés, se inspiró en la primera edificación del Observatorio de Greenwich y de la primera construcción del Observatorio de París.

El edificio está compuesto por una escalera lateral que llega a una terraza y a la cúpula y una cámara octogonal, con siete largas ventanas, cuyo objetivo era seguir el movimiento de los planetas. Estas ventanas, diseñadas para latitudes europeas, no eran de gran utilidad en el ecuador, pues los planetas suelen desplazarse por el cenit. Como señala el astrónomo e historiador Jorge Arias de Greiff en su libro Astronomía en Colombia, se trataba de "una transferencia no adecuada de tecnología", que el propio Caldas objetó.

De todas maneras el hecho de que se construyera este primer observatorio en el Nuevo Mundo fue un acto relacionado con la libertad. "Esto significa un acto de no dependencia, pues, si va a cumplir las funciones de los del otro lado del Atlántico, será el apoyo local para la astronomía y algún día será el origen de las longitudes para la cartografía colombiana", explica Arias de Greiff. Caldas determinó la longitud y latitud exacta del edificio, estudió la meteorología de la ciudad y observó diversos eclipses de Sol y de Luna.

En 1823 el vicepresidente Francisco de Paula Santander lo adscribió al Museo de Ciencias Naturales. Después fue una dependencia del Colegio Militar, que fundó Tomás Cipriano de Mosquera en 1847, y desde 1867 forma parte de la Universidad Nacional de Colombia. A finales del siglo XIX su director, José María González Benito, publicó varias de sus observaciones en la revista de la Sociedad Astronómica de Francia, de la que había sido uno de sus fundadores. En 1892 lo reemplazó el destacado ingeniero y científico Julio Garavito Armero, quien determinó la longitud y latitud de diversos hitos fronterizos y elaboró mapas de los departamentos. También realizó muy importantes observaciones en el campo de la mecánica celeste. En el siglo XX lo sucedieron Jorge Alvarez Lleras y luego Belisario Ruiz Wilches, quien hizo posible un nuevo observatorio astronómico en terrenos de la Ciudad Universitaria, que desde 1952 funciona a pesar de las adversas condiciones que causan la iluminación nocturna de la ciudad y la contaminación del aire.

En los años 80 se frustró la construcción de un nuevo centro de observación celeste en cercanías de la cumbre del nevado del Tolima, pero esto no ha impedido que los profesores adscritos al Observatorio hayan hecho aportes a la astronomía mundial. Como señala Mario Armando Higuera, director del Observatorio, "en astronomía fundamental y observacional y en astronomía galáctica se han publicado trabajos en 'Astrophysical Journal', 'Astronomy and Astrophysics' y 'Publications of Pacific Astronomy Society', entre otras. En cosmología y gravitación, al igual que en historia de la ciencia, se han presentado trabajos en reuniones y revistas internacionales. A través de estas investigaciones el Observatorio ha puesto su grano de arena en la vasta producción que se hace en el mundo y ahora, con nuestro programa de maestría, la producción de trabajos va a ser mayor así como su nivel de impacto".

El Observatorio, además, se ha abierto a la comunidad universitaria a través de cursos de extensión y al público en general en la sede de la Ciudad Universitaria gracias a los 'Viernes de Observación', en los que se dicta una charla sobre la carta celeste seguida de una observación si las condiciones del cielo son buenas.

Varios eventos, casi todos académicos, se llevan a cabo. En la segunda semana de agosto se inaugura la exposición de libros de astronomía en la Biblioteca Luis Angel Arango, donde se presentarán publicaciones raras y curiosas de Caldas y Garavito, entre otras. Mientras tanto, en diversos espacios de la Universidad Nacional, se presenta la exposición de trabajos y archivos históricos. El 20 de agosto se llevarán a cabo dos actos conmemorativos en las instalaciones del edificio histórico y en el auditorio León de Greiff.
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