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| 8/5/2017 10:15:00 PM

Insultos que matan

La violencia psicológica es uno de los mecanismos de maltrato menos conocidos, pero según los expertos es la antesala de los golpes y otro tipo de agresiones físicas. Detectarla a tiempo es crucial.

Las parejas pelean, se recriminan, y en ocasiones discuten acaloradamente en medio de insultos. Pero por lo general se trata de casos esporádicos que terminan en perdón y compromisos para mejorar. La violencia psicológica es distinta. “No se trata de un desliz puntual, sino de una forma de relacionarse”, dice la psiquiatra francesa Marie France Hirigoyen, experta en victimología y autora del libro Mujeres maltratadas.

Este tipo de violencia es cotidiana, persistente, sutil y usa como arma las palabras, las miradas y los gestos. La mayoría de las veces pasa casi imperceptible, pero cada insulto y cada humillación dejan huella emocional porque están destinados a negar la manera de ser del otro, a denigrarlo, a someterlo y a minar su autoestima. En Colombia no se conocen las cifras exactas de esa forma de violencia, pero si se tiene en cuenta que está ligada a la violencia física se trataría de un problema de salud pública. Según el informe Forensis 2016 del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, la violencia entre parejas aumentó 7 por ciento, y el 86 por ciento de las víctimas fueron mujeres entre los 15 y 29 años. El caso de una de ellas, la magistrada del Consejo de Estado Stella Conto, puso a medio país a hablar del tema. Según Rosario Romero, experta de la Secretaría de las Mujeres de la Alcaldía de Medellín, la gente tiende a separar el maltrato físico, el maltrato psicológico y el feminicidio, pero “todos están entrelazados: lo físico empieza con lo psicológico porque nunca te dan una patada y se quedan callados”.

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A mediados del siglo XX, el sociólogo Albert Biderman estudió los métodos de tortura utilizados en China contra los prisioneros de guerra. Diane Russell, experta en violencia de género, encontró más tarde que estas prácticas eran muy parecidas a las usadas en la violencia psicológica intrafamiliar y por eso hoy la escala de Biderman sirve para medir este tipo de maltrato. “No es que las mujeres víctimas sean una bobas que se dejan, sino que el agresor usa tácticas muy poderosas que terminan por anularlas. Es un abuso que tiene un patrón sostenido y organizado con el fin de someter al otro”, explica la psiquiatra Isabel Cuadros, directora de la fundación Afecto.

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Entre los mecanismos más usados están denigrar al otro, demostrarle que no vale nada y así destruir su autoestima; humillar o criticar su físico (“eres fea”, “eres gorda”) o acosar con celos exagerados. También se consideran violencia psicológica las amenazas de llevarse a los niños o de quitarle el dinero, por ejemplo. De hecho, la presión económica es “una trampa o chantaje suplementario”, dice Hirigoyen, que impide a la mujer salir de la relación. La intimidación es otra herramienta y consiste en dar portazos o golpear objetos. “Cuando rompe el televisor, el mensaje es que el próximo puede ser ella”, dice Cuadros. Está, además, la indiferencia ante las demandas afectivas. También se asocia a la violencia sexual. “No es una violación como la gente se la imagina. Es soportar una relación sexual supuestamente amorosa cuando se ha vivido el maltrato psicológico durante el día”, acota Romero.

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Aunque este tipo de maltrato no deja heridas visibles, el daño emocional se puede observar en una valoración psiquiátrica. Los síntomas son estrés postraumático, falta de sueño y concentración y, en general, un deterioro de la salud mental. Puede incluso tener secuelas físicas porque “las defensas se bajan y hay más propensión a gripas, dolores de cabeza, indigestiones y hasta cáncer”, dice Romero.

Visibilizar este tema es importante y más en un país donde, según Cuadros, todos están traumatizados por tantos años de guerra. Con ella coincide Romero, quien asegura que en Colombia hay violencia psicológica colectiva porque se tolera la burla y la humillación contra las mujeres. Conocer estas modalidades de violencia es crucial, pues si se logra detener la psicológica será posible acabar con la física y el feminicidio.

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