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| 10/15/1990 12:00:00 AM

VOLCANES EN ERUPCION

Sexualmente, una mujer en sus cuarenta tiene mucho más en común con sardinos de 20 años que con hombres de su edad.

VOLCANES EN ERUPCION VOLCANES EN ERUPCION

Alguna compensación tenía que tener ese lento e implacable envejecer frente al espejo. Aunque el tema ha sido siempre invitado de honor en las conversaciones entre mujeres y también en las de los hombres, nadie realmente se decidía a creerlo.
Pero, ahora, la ciencia y todas sus investigaciones lo han demostrado: a medida que la mujer se acerca a sus cuarenta, el potencial de su sexualidad aumenta. De hecho la alerta amarilla empieza a los 35, dicen los expertos, momento en que una serie de factores biológicos, sicológicos y sociales hacen que la vida sexual de las mujeres, empiece a despegar. Sus deseos, entonces, corresponden a los de los sardinos de veintipico de años interesados, más que en asuntos emocionales, en el acto físico de hacer el amor.
Pero, si bien esta es una buena noticia para todas las mujeres del mundo que, impotentes, ven languidecer aquello por lo cual lucharon tanto la figura -, para los hombres también hay una noticia: a ellos les pasa exactamente lo contrario. Su compatibilidad, ya no física sino emocional, es con mujeres veinte años menores que ellos que están buscando la estabilidad que los cuarentones empiezan a trabajar en esa edad. Tal y como sucede, ellos, que a sus veintes desplegaron todo el vigor de su recién activada virilidad, apuntándole más a las estadísticas de levantes femeninos que a la búsqueda de su media naranja, cuando llegan a los cuarenta sienten el cansancio del camino recorrido. A esa edad, los otrora galanes infrenables dispuestos a conquistar el espacio femenino, quieren cosquillitas en la nuca, desayuno en la cama, unas pantuflas cómodas, tres niños bien crecidos y una mujer que los consienta. Así las cosas, la máxima compatibilidad sexual de hombres y mujeres es inversamente proporcional a la edad de cada uno. Las sardinas de 20 sueñan con un galán que les dé estabilidad y eso es precisamente lo que quieren los cuarentones. Y al contrario.
Las señoras que se acercan a los cuarenta sienten el arribo del placer sexual motivado más por razones físicas que emocionales, que es exactamente en lo que andan los de 20. De esta manera, la ecuación de entendimiento sexual sería entonces 20-40, en cualquier orden.
Esto es lo que, tras varios años de investigaciones, han descubierto los científicos. La primera causa de esta falta de sincronización sexual es biológica. Según el doctor Frank Greenway, director del departamento de endocrinología de la Universidad de California, las investigaciones han demostrado que la testosterona -hormona que juega un papel decisivo en la aparición del deseo sexual-, es cómplice de las cuarentonas en el aumento de su apetito sexual. Mientras que en el hombre los niveles de esta hormona declinan con los años, en las damas permanece constante, de manera que ellas tienen un radio más amplio para aprovechar ese poderoso motivador sexual. Sumado a eso, la otra causa que se confabula en favor de ellas y contra ellos, tiene que ver con sutilezas sicológicas. El doctor Joey Sprague, sociólogo de la Universidad de Kansas, explica que a los cuarenta años, ella se ha liberado de una serie de tensiones que necesariamente influían en su vida sexual. El temor al embarazo, la crianza de los hijos y la búsqueda de estabilidad económica, dejan paso a las fantasías, ya no de un príncipe azul, sino de un buen compañero de cama. Además, con la madurez, continúa Sprague, "un gran número de las inhibiciones que interfirieron en su vida sexual, desaparecen y el sexo empieza a asumirse más como una fuente de placer que de cualquier otra cosa." Por esas razones, "muchas mujeres que no conocieron un orgasmo durante sus veintes y sus primeros treinta, a partir de los 35 empiezan a entender por qué sus mamás decían que la vida empezaba a los cuarenta." Para los hombres, sin embargo, el proceso es exactamente el contrario. Al mismo tiempo que descubren la calvicie y la barriga, se dan cuenta de que quieren un hogar. La fogocidad de los años mozos puede mantenerse, pero el objetivo ya no es "el sexo por el sexo", sino la conquista de una compañera con quien llegar a la vejez. Su cuadro emocional cambia llevándose consigo sus desbordamientos sexuales.
Sin embargo lo que ha causado alguna conmoción no son tanto las características de los procesos que sufre cada uno, sino la absoluta contradicción cronológica de los mismos . En una investigación realizada en los Estados Unidos, el 61% de las mujeres en edades entre 21 y 35 dijeron tener sexo como una forma de expresar amor y el 62% entre 37 y 57 aludieron motivos físicos más que emocionales. Los hombres llenaron las mismas estadísticas pero cruzadas. El 69% de los que estaban entre sus veinte y sus treinta, afirmó tener interés en el sexo sólo por razones físicas, mientras que el 50% de los mayores de 40 años aseguraron que emociones como el amor y la ternura eran las que los motivaban.
Este renacer sexual de las cuarentonas corresponde además, según los médicos a las estadísticas de relaciones extramatrimoniales, de mujeres solteras y de las separadas que se han negado a volver a casarse.
Pero como nada es perfecto, las cuarentonas enfrentan también la generalizada tendencia médica hoy en día de extirpar los ovarios o la matriz como medida preventiva de procesos cancerosos en mujeres de edad adulta. Al extirpar los ovarios, sin embargo, el apetito sexual prácticamente desaparece, ya que son ellos los que producen casi la mitad de la testosterona, motor del deseo sexual. Y aunque las terapias y drogas compensatorias han avanzado mucho en las últimas décadas, algunas pacientes se lamentan de que "lo que Dios dio no lo reemplaza el hombre".
Y lo que Dios les dió a las cuarentonas, según esta teoría sexual, es una cosa por otra. Su cuerpo ya no es tan bello pero goza más.
Seguramente existirá algún objetivo divino para mantener el equilibrio natural del mundo, o razones científicas sobre la conservación de la especie que expliquen este choque de compatibilidades sexuales según la edad. Pero lo cierto es que no es sino echarle una mirada a la historia de la humanidad o para no ir tan lejos a la historia del vecindario para corroborar lo mucho de verdad que hay en ella.
Esto, claro, no quiere decir que todas las cuarentonas deben abandonar a sus "vejetes" para caer en brazos de jóvenes adolescentes. Los viejitos tienen sus ventajas y los disfrutes cotidianos que brinda una relación que ha alcanzado la madurez con los años, resulta tan satisfactoria como cualquier embate de la líbido. Además, todo tiene sus riesgos. Si su marido está entre los cuarenta y los cincuenta y usted siente que se está extinguiendo el volcán, no puede olvidar que hay una superproducción de veintiañeras que buscan la estabilidad emocional que quieren los cuarentones.
Al fin de cuentas todo parece concluir que lo mejor que puede hacer, una pareja de cuarentones, que según esta teoría tiende a interesarse sexualmente por personas de la siguiente generación, es quedarse "en tablas" y tratar de acomodar las sutilezas biológicas y sicológicas al disfrute de su relación. Si él quiere el calor de hogar y ella el fuego de la pasión, la cama ha sido siempre en la historia un instrumento susceptible de mantener caliente.

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