Lunes, 22 de septiembre de 2014

| 2013/01/12 00:00

Ya no eres el mismo

Aunque muchos no lo esperan, las personas modifican sus gustos y valores en cuestión de una década. Un estudio explica que por eso se arrepienten de las decisiones que tomaron en el pasado.

Ya no eres el mismo Foto: Javier de la Torre/Semana

A diario las personas toman decisiones que afectarán a fon-do el futuro de sus vidas y  muchas veces, al cabo del tiempo, resultan equivocadas. Los casos abundan: la mujer de 30 años que vive mortificada con el tatuaje que se hizo en el cuello cuando tenía 15; el hombre que se casó con la mujer de sus sueños a los 25, pero 10 años después, quiere divorciarse; el paciente con infarto que echaría el tiempo atrás para optar por comer menos grasa y hacer más ejercicio.


La frustración de hoy ante las decisiones pasadas, según un nuevo estudio, se debe a que  quienes las tomaron lo hicieron con la falsa idea de creer saber quiénes eran y que nunca cambiarían.  Pero la gente cambia, no solo superficialmente sino en temas relacionados con la personalidad, los valores y los gustos.  Por qué sucede esto es uno de los interrogantes más importantes en el área de la psicobiología y fue el punto de partida para una investigación de Dan Gilbert, psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, reconocido por sus investigaciones sobre la felicidad. 

El resultado del trabajo, que incluyó cinco estudios diferentes, revela que las personas reconocen el cambio en el pasado.  De hecho, cuando echan un vistazo sobre sí mismos 20 años atrás, en ciertas circunstancias se encuentran a un ser extraño con el que hoy casi no tienen nada en común. Sin embargo, tienen muchas dificultades para entender que cambiarán en el futuro.  Gilbert, junto a sus colegas Jordi Quoidbach y Tim Wilson, reclutó a mas de 19.000 personas entre los 18 y los 68 años y les pidió recordar cómo habían cambiado sus personalidades en la década anterior y cuánto lo harían en la siguiente. Y en efecto, “aún a los 68 años, la gente acepta que ya no son los mismos que cuando tenían 58,  pero creen que a los 78 serán iguales a hoy”, dijo Gilbert a el portal de la revista Science. 

Los expertos denominaron este fenómeno la ‘ilusión del fin de la historia’, en referencia a la expresión acuñada en 1992 por Francis Fukuyama, debido a que los seres humanos tienden a creer que son una obra culminada, como pensó el analista norteamericano ante la caída del comunismo.   “La gente ve el momento actual de sus vidas como la cúspide de lo que finalmente van a ser por el resto de sus días”, anotaron los investigadores en su trabajo, publicado en la más reciente edición de la revista Science.

La razón no se sabe a ciencia cierta, pero los expertos no fueron tímidos a la hora de lanzar hipótesis. Para Quoidbach “creer que hemos llegado a la cúspide de nuestra propia evolución nos hace sentir tranquilos”, dijo al diario The New York Times. Quoidbach explica que es mucho mas satisfactorio decir “ojalá hubiera sabido antes lo que sé ahora” que  darse cuenta de lo fugaces que son los deseos, sueños, valores y preferencias de cada momento. “Eso nos llevaría a dudar de cada decisión, lo cual generaría mucha ansiedad”. Además,  la gente cree conocerse bien y la idea del cambio afectaría esa noción. 

Dan McAdams, psicólogo de la Universidad Northwestern, quien ha trabajado con relatos personales en los que los individuos cuentan sus historias y tratan de construir su futuro, señala que ha visto que la gente tiene una historia muy clara del pasado, pero se queda corta al pronosticar el futuro. “Puede ser una falla en la imaginación personal”, dice.

Shane Frederick, psicólogo de la Universidad de Yale, quien ha hecho estudios similares, señala que la gente sí puede anticipar los cambios, pero ante la dificultad para concretar ese futuro incierto prefiere predecir la situación actual.

Sus hallazgos revelan que la gente predice que cambiará menos, pero según él, esto puede deberse, más que a una ilusión, como lo señalan Gilbert y sus colegas, a una negativa racional a predecir lo desconocido. Como dice Frederick, citando al  matemá-tico John Von Neumann: “No hay sentido en ser precisos cuando no se sabe de lo que se está hablando”.

En las demás investigaciones los expertos indagaron qué tanto se equivocan las personas al visualizar a futuro cambios en sus valores ante temas como el éxito o el dinero y sus preferencias personales, como su mejor amigo o su cantante preferido. De igual forma encontraron que en esta materia la gente no logra predecir sus gustos dentro de una década ni si los amigos de hoy serán los de mañana.

Esta ilusión resulta costosa para las finanzas. En el último estudio, los investigadores les preguntaron a los participantes cuánto pagarían en 2022 para ver a su banda favorita actualmente. A otros se les pidió que dijeran cuánto pagarían por ver en vivo hoy a su banda preferida hace diez años. Se encontró que los primeros pagarían 61 por ciento más para ver a su grupo musical en una década. La ilusión radica en creer que la banda favorita de hoy seguirá siendo la misma dentro de diez años. “En pocas palabras, los participantes pagaron más de lo debido por la oportunidad futura de gozar de una preferencia actual”, dicen los expertos.

Antes de este trabajo Gilbert ya había comprobado ampliamente que la gente se equivoca también en sus pronósticos emocionales y casi nunca acierta sobre cómo se sentirá ante una situación futura, buena o mala. Así como la gente se da cuenta de que un evento positivo los hace felices temporalmente, una situación incómoda o trágica resulta ser menos difícil de lo anticipado. A esto se le conoce como pronóstico hedonista. “La gente que sufre un trauma o una tragedia real se recupera más pronto de lo esperado y vuelve a su nivel de felicidad original. Lo malo es que las cosas buenas que nos suceden tampoco nos hacen sentir muy bien por mucho tiempo”, señala el experto.

La gran pregunta pendiente es si es posible tomar decisiones que no sean refutadas por el yo futuro. Gilbert piensa que sí es posible. “No se trata de imaginarse a sí mismo en el futuro sino de ver a otros en el futuro que usted está imaginando”. Se sabe que la gente predice mejor cómo reaccionará en una situación cuando observa cómo han reaccionado otros en circunstancias similares.   Porque predecir, como quedó demostrado, no es el fuerte de los seres humanos. Ya lo había dicho el beisbolista estadounidense Yogi Berra, quien en una salida al estilo Pambelé dijo: “Es muy difícil hacer predicciones, sobre todo cuando se trata del futuro”.                                                          

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